Desconsuelo ciudadano

Bien. Iremos a votar para las legislativas el 28 de junio.

Los hechos y, sobre todo, los ciudadanos dirán si fue acertada la decisión gubernamental (“de necesidad y urgencia”) de adelantar la fecha prevista para las elecciones de este año.

Lo que a muchos nos preocupa son dos cosas.

1- Todo el entramado de dimes y diretes, de arreglos y desarreglos, de alianzas y rompimientos, de aprietes visibles y encubiertos, de dinero coparticipado y de regalitos a provincias, gobernadores y legisladores, que ha venido marcando la vida política argentina desde hace un año.

No que quienes gobiernan no deban gobernar; no que el disenso y la oposición no deban existir, ¡el cielo nos ampare!

Sino por el modo de gobernar y de disentir. Una cosa es el debate de ideas y posicionamientos, respetando al que opina distinto, y otra muy distinta son los intereses subalternos (o no tanto) que embarran la cancha ciudadana.

Ante lo que podemos ver y escuchar, ¿será verdad que a todos los que hacen política partidaria y a todos los ciudadanos de a pie nos ocupa y nos preocupa el presente y el futuro de nuestra vida nacional? ¿Será cierto que quienes están ocupando responsabilidades ejecutivas y legislativas lo hacen con mucho sacrificio y altruismo (¿vocación?) en aras del bien de todos? Quienes ocupan cargos de responsabilidad institucional, ¿son nuestros mandatarios y nosotros somos los mandantes? ¿Será que el fondo de la cuestión económica argentina es la distribución justa y equitativa del ingreso, o será que quienes tienen más quieren más todavía?

2- El día después. Sea que gane o pierda el kirchnerismo, el panorama es bastante sombrío. Digo rápidamente que no estará, ni debe estarlo, en juego la gobernabilidad del país; los elegidos por el mandato popular deben llegar, como corresponde, al final institucional de sus mandatos.

Es sombrío el panorama económico: ¿mayor inflación?, ¿devaluación?, ¿tarifazo? La pérdida de puestos de trabajo está asegurada, al igual que el aumento del número de pobres y de la pobreza.

En lo político: ¿continuaremos mirándonos y amenazándonos como perros y gatos? La historia pasada y reciente, ¿no nos ha enseñado que cuando nos peleamos entre nosotros nos devoran los de afuera? (los de afuera, aunque vivan en nuestra tierra).

En lo social. Afortunadamente voces autorizadas están poniendo sobre el tapete una realidad que muchos venimos denunciando desde antiguo: la crisis en la seguridad, el aumento de la drogadicción y la disolución social tienen un denominador común: la pobreza y la exclusión. Sigue siendo verdad el hecho de que no hay peor sordo que el que no quiere oír. ¿O será que la inseguridad y la pobreza son un buen negocio para algunos?

Pero, alégrese. Tengo buenas noticias.

Hasta el 29 de junio terminarán de desaparecer de la agenda pública los casos de Skanska, de las valijas venezolanas, de los fondos de Santa Cruz (que ya desaparecieron), de las 8 toneladas de efedrina que salieron por el puerto de Rosario sin que nadie lo advirtiera, de las valijas voladoras llenas de cocaína con destino a España y de otras minucias más.

Claro, por un tiempo estaremos anoticiados de la epidemia de dengue que se posa sobre las provincias pobres, al igual como ocurrió con el cólera. Hasta que una nueva epidemia o aluvión ayude a descubrir a algunos que existe la “pobreza estructural”.

Mientras tanto, las Bolsas (los que embolsan el dinero) y las entidades financieras continuarán corriendo en la bicicleteada para ver quien produce más dinero trucho.