Presupuesto de Obama: ¿educación dijo?

El correo electrónico que Obama le mandó a la columnista de MDZ en el que le informó sobre su discurso al Congreso y el rol de la Educación en ese mensaje. La Argentina en el ránking educativo. "Los distintos valores que los distintos países le dan a su educación conforman lo que en estadística se denomina una variable", dice en su columna.

En Estados Unidos, las noticias de la semana pasada tuvieron como eje la presentación del presupuesto de Barack Obama. El martes el Presidente dirigió su primer discurso como tal al Congreso, en una sesión conjunta de ambas cámaras. Yo lo escuché en directo por la tele, después de ganar una brava lucha doméstica contra los dibujos animados y los deportes. Del discurso, en mi opinión muy bueno, lo que más me llamó la atención fue que, en medio de las terribles circunstancias económicas que son el tema vigente y urgente de todos, Obama se tomó sus buenos párrafos para hablar de los desafíos a largo plazo contemplados en el presupuesto:

“En los próximos días, voy a presentar un presupuesto al Congreso. Tan a menudo hemos visto estos documentos como simples números en una página o listas de programas. Yo veo este documento de manera diferente. Lo veo como una visión para Estados Unidos, como un plano para nuestro futuro. Mi presupuesto no intenta solucionar todos los problemas o tratar todos los asuntos. Refleja la descarnada realidad de lo que hemos heredado: un déficit de un trillón de dólares, una crisis financiera y una costosa recesión. Dadas estas realidades, todos en esta cámara, Demócratas y Republicanos, tendrán que sacrificar algunas respetables prioridades para las que no hay dólares. Y eso me incluye a mí. Pero esto no significa que podamos ignorar nuestros desafíos a largo plazo. [...] Por eso es que, aún cuando recorta programas que no necesitamos, el presupuesto que presento invertirá en tres áreas que son absolutamente críticas para nuestro futuro económico: energía, salud y educación [...].”

¿Desafíos a largo plazo? ¿Inversión? ¿Energía, salud y educación? ¿Educación dijo? ¿Escuché bien? ¿En un presupuesto que va a tener que lidiar con una de las peores crisis económicas, una de envergadura mundial? Mmmm..., interesante, muy interesante este Barack. A ver qué dice sobre educación, para mí un tema querido, luego de haber discutido energía y salud:

“El tercer desafío que tenemos que encarar es la urgente necesidad de expandir la promesa de la educación en Estados Unidos. En una economía global en la que la habilidad más valiosa que uno puede vender es su conocimiento, una buena educación no es más un camino hacia la oportunidad: es un pre-requisito. Ahora mismo, tres cuartos de las ocupaciones que más rápido crecen requieren más que un diploma de enseñanza secundaria. Y aún así, sólo un poco más de la mitad de nuestros ciudadanos tiene ese nivel de educación. Tenemos una de las tasas más altas de deserción de la escuela secundaria de las naciones industrializadas. Y la mitad de los estudiantes que empiezan la universidad nunca la terminan. Ésta es una receta para la decadencia económica, porque sabemos que los países que nos ganan en enseñanza hoy, nos ganarán en competencia mañana. Es por eso que será la meta de esta administración asegurar que cada niño tenga acceso a una educación completa y competitiva, desde el día en que nace hasta el día en que comienza su carrera.

Ya hemos hecho una inversión histórica en educación a través del plan de recuperación económica. Hemos expandido dramáticamente la educación infantil temprana y continuaremos mejorando su calidad, porque sabemos que el aprendizaje más formativo acontece en esos primeros años de vida. Hemos hecho que la universidad sea accesible para cerca de siete millones más de estudiantes. Y hemos proporcionado los recursos necesarios para prevenir dolorosos recortes y despidos de maestros que retrasarían el progreso de nuestros niños. Pero sabemos que nuestras escuelas no necesitan solamente más recursos. Necesitan más reforma. Por eso este presupuesto crea nuevos incentivos para el desenvolvimiento de los maestros, trayectorias para el avance y premios para el éxito [...].

Es nuestra responsabilidad como legisladores y educadores hacer que este sistema funcione. Pero es la responsabilidad de cada ciudadano participar en él. Y por eso esta noche, le pido a cada estadounidense que se comprometa a por lo menos un año o más de educación o de entrenamiento para su profesión. Puede ser en un colegio comunitario o en una universidad de cuatro años, o en entrenamiento vocacional o en aprendizaje de algo. Pero sea el entrenamiento que sea, cada estadounidense va a necesitar conseguir más que un diploma de secundaria. Y desertar de la escuela secundaria no es más una opción. [Desertar] No es solamente abandonarte a ti mismo, sino abandonar a tu país, y este país necesita y valora los talentos de cada estadounidense. Por eso es que vamos a proporcionar el apoyo necesario para que completes la universidad y vamos a lograr una nueva meta: para el 2020, Estados Unidos otra vez tendrá la proporción de graduados universitarios más alta del mundo. Yo sé que el precio de la instrucción es más alto que nunca, y por eso es que si deseas trabajar como voluntario  en tu barrio o devolver a tu comunidad [N.del T.: voluntarios son los ciudadanos que donan horas de trabajo gratis para la comunidad] o servir a tu país, vamos a asegurarnos de que puedas afrontar una educación superior [...].

Estas políticas educativas abrirán las puertas de la oportunidad para nuestros niños. Pero nosotros debemos asegurarnos de que ellos las traspasen. Al final, no hay programa o política que pueda sustituir a una madre o padre que va a las reuniones con la maestra, o que ayuda con las tareas después de la cena, o que apaga la televisión, guarda los videojuegos y lee a sus hijos. Les hablo no sólo como Presidente, sino como padre cuando digo que la responsabilidad por la educación de nuestros niños debe empezar en el hogar”.

¡Guaaaaaaaau!, como dicen acá. Con estos tiempos tan duros que corren, con todas estas necesidades monetarias que dan calambre, con tantos millones, billones y trillones que se pelean las industrias financieras y automotrices, las aseguradoras, los Estados en bancarrota, la gente sin casa y sin trabajo, dedicar todo este pedazotote de discurso y los dólares que cada oración representa ¡a la educación!, a un área del presupuesto que generalmente es vista por los gobiernos como gasto y no como inversión, como recortable y no como incrementable, como una especie de caja chica de donde siempre se saca con la buena intención de reponer cuando sobre, pero a sabiendas de que para eso no sobrará nunca y confiando erróneamente en que la falta no se notará demasiado o por lo menos, no se notará en el corto plazo de “este mandato”... Eso, el martes.

En una nota que escribí en noviembre hablé de las características especiales de la campaña presidencial de Obama, identificando como una de las más notables el uso de Internet para una comunicación “personalizada” por correo electrónico con los ciudadanos. Esa comunicación se ha mantenido y mejorado luego de las elecciones. Cada cosa importante que pasa, Obama la comunica, y la comunica a todos, y la comunica bien. Yo, aunque no soy ni aspiro a ser ciudadana estadounidense, deseé que Obama ganara, mandé un par de mails a la dirección de la campaña y contesté algunas encuestas, por lo cual recibo normalmente estos correos electrónicos. El miércoles pasado, me llegó uno que decía así:

“Fabiana: Anoche me dirigí por primera vez a una sesión conjunta del Congreso. Para encarar los serios desafíos económicos que enfrenta nuestra nación, reclamé una nueva era de responsabilidad y cooperación. Tenemos que mirar más allá de cálculos políticos de corto plazo y hacer inversiones vitales en salud, energía y educación que van a hacer a Estados Unidos más fuerte y más próspero en el futuro”. Y seguía un link que decía: “Mira algunos tramos de mi discurso y compártelos con tus amigos ahora”.

No me hizo falta meterme al enlace, porque como les dije, ya había visto el discurso en la tele la noche anterior. Pero sí me dieron ganas de compartir con mis amigos algunos de sus tramos, específicamente los referidos a educación, porque me parecieron pertinentes y casi conmovedores por lo poco usuales que resultan en un discurso político de presupuesto y no de campaña. Ahora bien, mis amigos, casi todos, están en Mendoza, Argentina y en Lima, Perú. La selección, traducción y transcripción del texto es tarea fácil. Ya la hice. Pero ¿cómo poner esta parte del discurso de un Presidente de Estados Unidos en la perspectiva de nuestros países? ¿Cómo tomar un asunto de otros y hacerlo nuestro? ¿Cómo pasar de lo particular de un país a lo general de la humanidad y otra vez a lo particular de otros países? ¿Cómo saber dónde estamos parados nosotros en lo que respecta a este problema que con tanta razón y en medio de semejante crisis, preocupa a este hombre?

Pensé primero en una larga y emotiva disquisición mía sobre el lugar que debería ocupar la educación en cualquier sociedad que quisiera siquiera atreverse a pensar en un futuro... No, no se preocupen, descarté mi ponencia: la educación es un tema difícil y tendría que escribir páginas y páginas para transmitir una situación compleja y manejar mucha más información de la que manejo y saber mucho más de lo que sé. Lo ideal sería tener a mano algunos datos que dieran cuenta concreta del lugar que realmente ocupa la educación en las sociedades de Estados Unidos, Argentina y Perú... ¿Datos? ¿Dije datos? Me acordé del librito ése que tenía: ahí debía haber algunos datos sobre la educación en los tres países.

El único motivo por el cual se me pudo llegar a ocurrir la idea de sacar algo de un libro como el que menciono, hecho de puros datos, es que hace algunos años, cuando vivía en Lima, siguiendo el consejo de Barack Obama que todavía no había escuchado, decidí estudiar un poco más y me matriculé en varios cursos. El primer día de clase entré y me senté muy oronda en un curso de estadística. La estadística, como recordarán algunos y se desayunarán otros, es la parte de la matemática que se ocupa de la recolección, ordenamiento e interpretación de datos. Claro que el curso no se llamaba exactamente “estadística”, o yo jamás me hubiera anotado en él. Tenía un largo y pomposo título que incluía las infaltables frases “siglo XXI” y “mundo globalizado”, a cuya pesada omnipresencia dirigí inmediatamente mi angurrienta vocación crítica: “¿no podrá alguien pensar en un título de actualidad que no incluya ‘siglo XXI’ y ‘mundo globalizado’?, ¿nos quedarán casi cien años de esta tortura?”, me pregunté a mí misma mientras hacía como que leía los contenidos de los cursos en que me estaba inscribiendo. Y claro, mientras me dedicaba a comprobar una vez más este particular fenómeno contemporáneo de titulación, las palabrejas “análisis” y “cuantitativo”, hábilmente camufladas en el largo título por los coordinadores académicos, pasaron ante mis anteojos sin ningún drama.

La cosa es que vine a caer en la cuenta de mi peligroso descuido semántico cuando ya orondamente instalada en el aula universitaria el primer día de clase, el gran profesor que tuve (aunque yo todavía no sabía que era un gran profesor) dijo, como si tal cosa, que lo que necesitábamos para seguir su materia era “papel cuadriculado y una calculadora científica”. ¡Pucha que me sobresalté! Cuando el tipo dijo “papel cuadriculado y una calculadora científica” mandó una descarga de miles de voltios a mi herrumbrada atención estudiantil. Yo había usado bastante la calculadora para trabajar, pero no había necesitado nunca una que fuera científica, y en cuanto a papel cuadriculado, no me lo pedían desde que cursé matemática financiera en quinto año de la secundaria. “Papel cuadriculado” y “calculadora científica” se izaron en un segundo como amenazadoras banderas rojas que me avisaban que ese mar era de la ciencia y que estaba picadísimo para los que se hubieran dedicado mayormente a las humanidades, como yo. Rápidamente consideré mis infinitas posibilidades y las reduje a dos: arrugar como un gusano y arrastrarme fuera del predio universitario en el primer recreo, o hacer de tripas corazón y bancarme el cursito como si fuera de supervivencia. Con mucho esfuerzo, chapoteando en el oleaje furioso de la estadística con un poco elegante pero muy digno estilo perro, terminé el semestre. Y aprendí un montón, lo cual no quiere decir que ahora sepa mucho sino que entonces no sabía nada.

Pero bueno, me fui por las ramas. Cuento todo esto porque si no hubiera sido por ese curso involuntario en que me metí, jamás se me hubiera ocurrido echarle siquiera una mirada a este librito del que les estaba hablando, que lo único que contiene son observaciones estadísticas, es decir, puntuaciones o valores expresados en números. El librito al que me refiero se llama Pocket World in Figures. 2009 Edition (Mundo de Bolsillo en Cifras. Edición 2009) y lo publica todos los años la revista inglesa The Economist (El Economista). Avisa de movida en sus primeras páginas, que la investigación para la edición del 2009 se hizo en 2008 utilizando las últimas fuentes disponibles que presentaban datos en una base internacionalmente comparable.

Tiene una primera parte de “Rankings Mundiales”, en la que se da la ubicación de los distintos países con respecto a ciertos factores. En esta parte nos enteramos por ejemplo de que entre los países con más alto enrolamiento en educación terciaria (eso incluye universitaria), Estados Unidos ocupa el puesto 6 y Argentina el puesto 23 (Perú no figura entre los primeros 25 que cita el libro en esta parte); que entre los países que más gastan en educación, Lesoto ocupa el puesto 1, con un gasto de 13.0% de su producto bruto interno y Cuba el puesto 2, con un gasto de 9.1% de su producto bruto interno (ni Estados Unidos, ni Argentina, ni Perú figuran entre los 8 primeros ni entre los 8 últimos que cita el libro en esta parte); que entre los países con mejor performance estudiantil, los primeros puestos los ocupan Corea del Sur en lectura y Finlandia en ciencia y matemática (ni Estados Unidos, ni Argentina, ni Perú figuran entre los primeros 12 que cita el libro en esta parte).

Parece que para lo que me interesa compartir con mis amigos, va a ser más útil la segunda parte del libro, titulada “Perfiles de los países”, donde el ordenamiento de la información es país por país. ¡Uy, sí, acá está!: Estados Unidos gasta en educación el 5.3% de su producto bruto interno, Argentina gasta en educación el 3.8% de su producto bruto interno, y Perú gasta en educación el 2.5% de su producto bruto interno (los datos de educación son del período 2000-2006, según el último dato obtenido en los distintos países). Estos tres datos –aunque los recursos no sean todo como advierte Obama- representan sucintamente y en números, objetivamente diría yo si creyera en la objetividad, el valor que cada país le da a su educación: de lo que el país produce, ése es el porcentaje que dedica a educación, ése es el porcentaje que para cada cual “vale la pena” gastar, perdón, invertir en educación.

Los distintos valores que los distintos países le dan a su educación conforman lo que en estadística se denomina una variable. Yo aprendí que las variables pueden relacionarse entre sí, esto es, influir unas en otras. Más de una vez –la última el martes mientras escuchaba el discurso de Obama- me he preguntado si la variable “gasto en educación” o mejor dicho “inversión en educación”, no influirá en otras variables que afectan terriblemente la vida de los ciudadanos, que los desesperan, que los hacen salir a la calle a reclamar y con razón, como la variable “inseguridad”, por dar el primer ejemplo que se me viene a la cabeza. ¿No será che que a más educación menos inseguridad? Habría que pelar calculadora científica y papel cuadriculado y ver... Total no se pierde nada.

Para Obama por lo menos -según lo que yo entendí de su discurso- la educación se relaciona críticamente con el futuro económico de su país.