He visto hoy con sorpresa que alguien tituló “Kirchnerismo y dictadura” a una noticia sobre una buena recepción que habrían dado grupos jaquistas –en su momento- a Mario Benjamín Menéndez, de vergonzosa y recordada actuación en la guerra de Malvinas.
Resulta llamativo el titular, justo el día del aniversario del infausto golpe del 24 de marzo de 1976. ¿Habrá quienes hacen cálculos electorales con una temática tan dramática como la de derechos humanos? Habrá que colegir que sí.
Adscribir al kirchnerismo complicidad con la dictadura raya en el grotesco. Se trata del gobierno que reabrió los juicios a los represores ilegales, cuando ya éstos habían sido enviados al desván por las leyes de obediencia debida y punto final, y por el indulto menemista. Pasó el gobierno de la Alianza –mayoritariamente radical- y no tocó el asunto. Pasó el duhaldismo, y no le importó en absoluto el tema. La ocupación del predio de la ESMA al comienzo del gobierno de Néstor Kirchner y la quita de la foto de Videla del panteón de los jefes del Ejército, marcaron una clara ruptura con ese prolongado silencio.
Es de saber que los Kirchner estuvieron presos –ambos, aunque separados - a comienzos de 1976 detenidos por fuerzas de seguridad en Santa Cruz; y no estuvieron detenidos por estar en la política oficial como Menem, sino por haber sido militantes estudiantiles.
Lo cierto es que gracias a este retomar la larga e irrenunciable lucha de los organismos de derechos humanos –responsables primeros de los logros en esta tarea de justicia-, el gobierno de Néstor y luego el de Cristina, han sido reconocidos por Madres y Abuelas de Plaza de Mayo de una manera clara y contundente.
Es curioso que una oposición que se llena la boca con la palabra “institucionalidad” no mencione este tema. O se cuelgue oportunistamente de él. Recordamos lo que fue el gobierno de De la Rùa, dejando 35 muertos en Plaza de Mayo; seguramente esa es la noción que un importante sector de la UCR se hace de los derechos humanos. Carrió dijo en campaña (octubre de 2007) que había que “acabarla con los juicios a militares”. De la derecha machista y de De Narváez, mejor ni hablar.
Por otro lado, la política de derechos humanos en Argentina la dicta el gobierno nacional, no el jaquismo. Buena prueba fue la presencia de represores en el gobierno de Jaque rechazada desde el gobierno nacional, el cual tuvo un rol importante en su destitución, en consonancia con la lucha que desde organismos de derechos humanos hicimos aquí en Mendoza.
En fin: una oposición que elogia las acciones ilegales de De Angeli cortando rutas y tomando bancos, quien mientras vocifera que “no queremos un país como el de Chávez o Fidel”, tiene poca autoridad para decir nada sobre derechos humanos en la dictadura, y menos para enjuiciar las limitaciones que al respecto se pudieran señalar en la política oficial. Esa(s) oposicion(es), que son las únicas que efectivamente disputan el poder –las de izquierda son numéricamente residuales- representan posturas de derecha, que en muchos casos alimentaron los apoyos a la feroz dictadura de 1976. No en vano, la Sociedad Rural jugó un papel muy central y activo en ese vergonzoso apoyo.