Los milagros no se logran sin esfuerzo

El domingo 8 de febrero en viaje a Chile con mi familia, surgió un inconveniente que no permitía mi paso por la Aduana de Pino Hachado, ya que por razones de falta de información  y transmisión de datos, a pesar de haber transcurrido 20 años, nunca llegó desde la Dirección Nacional de Migraciones a las Aduanas Fronterizas controladas por Gendarmería Nacional, una orden judicial que indicaba el levantamiento de la medida que liberaba ese impedimento.

Inaudito, pero cierto.

A pesar de tener el escrito correspondiente, no lo llevaba conmigo, pues además de haber salido varias veces del país sin ningún inconveniente, habían vencido todos los plazos legales
correspondientes, por lo que nunca pensé que podía necesitarlo.

Siempre que viajé, lo hice por ese mismo organismo sin inconveniente alguno, y sin siquiera imaginar que la falta de comunicación entre Migraciones y Gendarmería (a pesar de la tecnología existente en cualquier país semidesarrollado del mundo), fuese prácticamente nula.
Analizar primero el drama del impedimento y en segundo lugar, el periplo a realizar para evitar volvernos a nuestro lugar de origen a 1.200 kilómetros de distancia era casi una misión imposible, ya que el puesto de Gendarmería cuenta con sólo un teléfono público para comunicarse con el país e internet para comunicación interna.

Gracias a Dios y a pesar de haber sido domingo, contamos con la excelente predisposición del personal de turno. Deseo destacar de manera preponderante las actuaciones del segundo comandante Adrian Cámera y del alférez Eduardo Augusto Jorge, ya que a pesar de las infinitas
limitaciones con que cuentan, lograron después de seis arduas horas obtener la copia del documento oficial al que hice referencia, (transmitido a través de 4 ó 5 puestos de Gendarmería desde General Alvear, mi ciudad de origen), pudiendo de esa manera subsanar el  inconveniente.

También deseo resaltar que una fuerza que siempre se destaca por su constante trabajo y abnegación, donde es característica de su personal no formar contubernios que tapen las malas acciones de algunos de sus integrantes.

Son un orgullo nacional; los argentinos nos sentimos protegidos cuando intervienen y merecen contar con la más alta consideración de nuestros gobernantes; por lo que deberían ser dotados
de tecnología de información, que sin lugar a dudas repercutirá directamente en beneficio de todos los habitantes de este hermoso país. Los milagros no se logran sin esfuerzo. Hagámoslo posible.