Comúnmente suele decirse que la moral representa el conjunto de las normas establecidas o propuestas por los hombres e instituciones, o por una sociedad en una época histórica determinada. Pues bien, hoy asistimos al ejercicio cotidiano de lo que se denomina “doble moral”. ¿Qué significa esto?. Que supuestamente los miembros de una comunidad aceptan ciertas normas pero luego no las ponen en práctica y condenan brutalmente a otros si éstos dejan de respetarlas. En otras palabras, creo en tal o cual norma pero no la ejecuto en mis actos y a su vez juzgo a otros por hacer lo mismo que yo hago. Es sabido, que una norma es una regla u ordenación del comportamiento humano dictado por algún tipo de autoridad competente, con un criterio de valor y cuyo incumplimiento trae aparejado una sanción. Generalmente, toda norma impone deberes y otorga derechos. Para ser más concreta daré ejemplos de doble moral desde los más elementales a los que tienen una fuerte impronta pública.
Hay hombres casados, padres de familia, buenos cristianos que asisten a misa los domingos y que cometen una infidelidad, se los condena como mujeriegos… seductores incorregibles hasta en algunas circunstancias se festeja su conquista….Resabios de una cultura machista. En cambio, si la vecina de enfrente engaña a su marido es tratada como una cualquiera a la que hay que hacerle pagar culpas por mucho tiempo. Para todo buen cristiano hay una norma básica que debería de ser aceptada por él “no desearas a la mujer de tu prójimo”… la re-invertimos… para una devota cristiana “no desearas al hombre de tu prójima”….Lo concreto es que tanto cristianos/as como los que no lo son cometen actos de infidelidad en la sociedad contemporánea y ya nadie se escandaliza por ello, es más las infidelidades que deberían ser actos de la vida privada se exponen impunemente en programas de televisión al mejor estilo Rial, y por supuesto se inicia el desfiladero de defensores y detractores.
No obstante, quiero explayarme en esta nota sobre casos donde la doble moral adquiere dimensiones preocupantes porque se viola sistemáticamente el principio de justicia conocido como “imparcialidad”. Ser imparcial implica que las mismas normas son aplicadas a todas las personas sin promover favoritismo o privilegio.
Específicamente a que situaciones hago referencia? A la práctica de la pedofilia por parte de curas o párrocos que integran la Iglesia Católica. Todos recordamos el rimbombante caso del Padre Julio Cesar Grassi que conducía la Fundación Felices los Niños en nuestro país. Sin embargo, estos aberrantes hechos se multiplican en diferentes lugares del mundo. El domingo 8 de febrero un reconocido periodista de Buenos Aires denunció en un medio de comunicación gráfico el caso del sacerdote de la Sociedad San Pío X, contra quien se presentaron cargos de abuso sexual cometidos con estudiantes adolescentes. El sacerdote objeto del escándalo, Carlos Urrutigoity, continúa siendo miembro de la Iglesia Católica, aunque su condenada práctica haya representado una situación de tensión al interior de la diócesis paraguaya de Ciudad del Este. Ahora bien, la institución mencionada por el tipo de culto que promueve no debería defender en cualquier sitio del planeta por sobre todas las cosas el derecho de los niños y adolescentes a tener una vida integra y digna.
Si hay sacerdotes que contraen relaciones sexuales con menores o bien participan de otras situaciones degradantes como el sexo oral, la masturbación, el exhibiocinismo a través de escenas pornográficas no tendrían que ser denunciados públicamente por sus pares, principalmente, por aquellos que ocupan los mayores cargos de la jerarquía eclesiástica?. Lamento recordarles lectores que no es lo que suele ocurrir. A veces curas y párrocos se pronuncian en los medios masivos de comunicación manifestando su sincera preocupación por las vejaciones sexuales que cometen sus colegas de oficio hacia los menores. Pero, a la par, los superiores de la Iglesia Católica más bien se guardan al silencio encubriendo y protegiendo a estos seres lúgubres y perversos que en muchos casos no tienen justicia y ni condena. Y el terrible dilema de la doble moral descrita es que el abuso a menores deja huellas psicológicas y físicas que a veces no pueden ser revertidas en el resto de su vida. Creo que llegó la hora ciudadanos de que seamos nosotros mismos los que declaremos ante la opinión pública la “parcialidad” que la Iglesia Católica emprende entre los miembros de su propia comunidad.
La doble moral atraviesa a la Iglesia Católica
"Hay hombres casados, padres de familia, buenos cristianos que asisten a misa los domingos y que cometen una infidelidad, se los condena como mujeriegos%u2026 seductores incorregibles hasta en algunas circunstancias se festeja su conquista".Resabios de una cultura machista".