Repudio al centralismo porteño

El Tratado de Maipú, rubricado por las presidentes de Chile, Michelle  Bachelet y de Argentina, Cristina Fernández, complementario del Tratado de Paz y Amistad firmado en 1984  ha sido ampliamente reconocido por todos los gobiernos del Cono Sur por su relevancia para la integración regional.

En el mismo encuentro se firmaron una serie de protocolos relativos a la integración física de nuestros países y a la libre circulación de las personas entre ambas naciones  a través de la instrumentación de una Tarjeta Vecinal Fronteriza que permitirá agilizar los trámites de frontera.

Entre los proyectos de integración física es de una gran relevancia para Mendoza el Protocolo sobre la constitución de una Entidad Binacional para el Proyecto Túnel de Baja Altura – Ferrocarril Trasandino Central.

Este proyecto, elaborado por la Corporación América, entidad que reúne a un importante grupo de empresas de Argentina, Chile, Uruguay y Brasil implica la realización de un conjunto de obras que permitirán ampliar la conectividad entre Mendoza y Chile.

El monto total de la inversión a realizar llegaría a los 3.000 millones de dólares.
La realización de este proyecto permitiría aumentar las ventajas comparativas de Mendoza en la proyección internacional del Mercosur.

En este sentido es necesario tener en cuenta tres cuestiones.

a) El Mercosur, liderado por Brasil y por Argentina, constituye una región con un amplio potencial económico que muestra una serie de importantes producciones primarias e industriales de alta competitividad internacional y que cada vez se demandan más en el resto del mundo.

b) La región del Asia-Pacífico constituye actualmente el espacio económico más dinámico del mundo, incorporando a grandes masas de sus poblaciones al consumo masivo de productos (y las proyecciones futuras no hacen más que confirmar una profundización de esa tendencia en los próximos 20 años.

c) En el medio, entre la producción del Mercosur y las crecientes demandas de los mercados asiáticos tenemos la cordillera, límite físico que obstruye el fácil acceso de nuestra producción regional al pacífico.

Teniendo en cuenta lo anteriormente expuesto es posible dimensionar el problema/ oportunidad que esta situación presenta para Mendoza. Cada vez mayor cantidad de mercancías buscan cruzar la cordillera para acceder a los mercados. En 1996 circulaban unos 400 camiones diarios por el Paso Cristo Redentor, en la actualidad esa suma asciende a 1000 camiones por día  y se estima que en los próximos años el crecimiento de este flujo comercial será exponencial. En 2008 cruzaron un total de 330.000 camiones.

Nuestro Paso se encuentra actualmente trabajando al límite de su capacidad. Es necesario, para no perder el liderazgo en materia de conectividad del Mercosur con el Pacífico, que aumentemos nuestra capacidad. Si no lo hacemos, los crecientes flujos comerciales buscarán nuevas rutas para alcanzar los mercados y quedaremos aislados de esta oportunidad estratégica de desarrollo económico.

En este sentido es importante destacar el esfuerzo que tanto Chile como la Argentina están haciendo en el paso Pehuenche, al sur de Mendoza, que permitirá aumentar nuestra competitividad. Pero aún así, debido al exponencial crecimiento de los flujos comerciales Asia-pacífico Mercosur, resulta necesario mejorar las condiciones de conectividad del Paso Cristo Redentor, sobre todo si tenemos en cuenta que por su elevada altura, los problemas climáticos de la temporada invernal generan importantes interrupciones.

En este sentido la concreción del Proyecto Túnel de Baja Altura – Ferrocarril Trasandino Central implicará un salto cualitativo extraordinario en nuestra conectividad, incorporando tecnologías de última generación, y dotando de confiabilidad, previsibilidad y competitividad internacional al Paso Cristo Redentor.

Las ventajas que este proyecto entregará a Mendoza son múltiples. Solo por nombrar algunas diremos que:

En la etapa de ejecución del proyecto, la realización de una obra de 3.000 millones de dólares en el territorio provincial, generará una fuente de empleo directo e indirecto muy importante para nuestros trabajadores y una oportunidad formidable de negocios para los empresarios locales.

Asimismo, una vez en funcionamiento, el proyecto permitirá:

1- Constituir a la provincia en el eje central de la conectividad del Mercosur con el Asia-pacífico, concentrado la mayor parte del crecimiento de los flujos comerciales interregionales y abriendo la posibilidad al desarrollo de servicios de logística en la Provincia.

2- Generar una importante fuente de empleos directos y asimismo indirectos (pensemos en los servicios que demandará el proyecto una vez en funcionamiento, en las necesidades de provisión y reparación de equipamientos que producirá un fuerte empuje a la industria metalmecánica local, etc.)

3- Dotar de mayor competitividad internacional a los productores locales (productos agrícolas, agroindustriales, vinos, etc.) para que alcancen los mercados internacionales del pacífico al reducir los costos de los fletes.

En días pasados, Susana Giménez, realizó algunos comentarios poco felices en relación con este proyecto, que han generado un fuerte rechazo de la comunidad mendocina.

No es mi intención resaltar la pereza intelectual de quien realizara particularmente estos comentarios. Entiendo  que no es su materia y que puede estar desinformada respecto de estos asuntos.

Que los dichos de la conductora porteña sirvan  para reflexionar y la situación, de manera tal que nos permita pensar en algunos problemas muy importantes que hoy aquejan a la vida de nuestra Argentina.

Por un lado, cuando plantea que el problema de los subtes de Buenos Aires es más urgente que el Tren Trasandino se muestra además, la mentalidad centralista que marcan la agenda de la política y los grandes medios del país.

Por ello considero que el  necesario repudio no debe dirigirse en forma específica a este caso particular que hoy motiva nuestra discusión sino a la cuestión de fondo que la alimenta.
Detenernos en los dichos de Susana Giménez, y repudiarlos, resulta estéril. Es necesario que elevemos nuestro análisis y sostengamos una posición política general, constructiva y docente sobre este asunto: mi repudio se dirige dirigirse hacia ese ideario centralista que subyace a los dichos de Susana y que pretende que la Argentina comienza en el Río de la Plata y acaba en la calle General Paz. 

Mi repudio es en  defensa del Trasandino, porque el trasandino expresa los anhelos de desarrollo de la Argentina profunda, oculta. Tantas veces negada por la gran ciudad. Argentina profunda de la cual formo parte por designio del azar o la providencia. De cualquier manera, como habitante de esta tierra primero y como legisladora después es estoy convencida que el debate debe ser adulto inserto en una política y en una sociedad que tenga presente las necesidades de las provincias que la componen.