Sobre la nota "Las muertes en Gaza y la maldad de Dios"

Dado lo apasionante del tema, remito un breve comentario sobre el interesante artículo:

En primer lugar debemos hacer una pequeña definición del concepto de Dios:

-  Para los deístas, Dios es la Energía, aquella fuerza fundamental que rige el Universo tanto en el microcosmos como el macrocosmos.

Es la secreta armonía que existe en los espacios siderales y también en nuestro universo celular, y por tanto en los atomos de la materia que conforma el mundo existente, animado e inanimado.

- Para los teístas en cambio, Dios es un Ser Superior que rige los destinos del Hombre y del Mundo.

Es un Ser con atributos omnipotentes y omniscientes, y que por tanto posee características sobrenaturales.

Los monoteístas como los cristianos y musulmanes le atribuyeron incluso características antropomórficas.

Como ser superior y omnipotente tiene capacidad de preocuparse de cada una de las cosas que ocurren en el Cielo y en la Tierra.

Los seres humanos son sus predilectos y tiene poder suficiente como para analizar y juzgar cada uno de los actos humanos.

Para los deístas dada su definición conceptual Dios no es bueno ni malo, simplemente es y existe en cada una de las cosas del Universo.

Ahora bien, esta existencia omnipresente indudablemente le confiere atributos omnipotentes también, sin embargo ni arbitarios ni sesgados.

La armonía que rige la materia viviente puede ser quebrantada por actitudes o conductas conscientes que se dirijan a la anarquía, la que conduce a la muerte.

El pecado en este caso lo constituiría la infracción de las normas que rijen la vida en su perpetua armonía, y su castigo el dolor que trae como consecuencia la enfermedad y la muerte.

Dios es por tanto la vida, y representa la armonía que debe regir todas las actividades humanas tanto frente a sí mismos com o frente a los demás.

Su infracción permite el ingreso de fuerzas anárquicas, no funcionales, improductivas y que conducen a la enfermedad, ya sea física, mental o social.

Por tanto Dios está donde se encuentra la armonía, la paz y el amor que son fuerzas productivas, eficientes, que conducen a la perpetuación de la vida.

El  politeísmo antiguo primero y el teísmo monoteísta después, valga la redundancia, han desnaturalizado este concepto de la divinidad pura y ha atribuído revelaciones, dogmas,  milagros y hechos sobrenaturales dando lugar a una prolífica mitología  que han confundido al ser humano desorientándolo de su verdadera esencia. Han llenado al hombre de miedos y temores infundados que hacen presa fácil de su ignorancia. Han hecho creer a grandes comunidades de personas de todas las latitudes a lo largo y ancho del mundo de supuestas encarnaciones divinas que exigen cultos y sacrificios. Y aún más, que estas encarnaciones son exclusivas y unigénitas.

Tanto Jesucristo como Mahoma han sido divinizados y convertidos en seres inmortales y eternos.

Ambos subieron a los cielos y anunciaron su regreso al fin de los días, según el mito religioso.

Sin duda ambos deben ser considerados como iluminados y maestros perfectos que supieron interpretar preclaramente el mensaje divino y llevarlo a la acción en forma consecuente hasta la muerte. Sin duda merecen nuestro respeto y nuestra devoción y sin duda emulados con la misma consecuencia que ellos nos dejaran como lección. Son simbólicamente hijos de Dios por encarnar la Verdad, pero físicamente mortales como  todos nosotros.

Ese instinto egoísta del hombre de creerse poseedor de la verdad le agregado una cuota adicional de fanatismo y fundamentalismo. Todo fundado en el temor a lo ignoto, a lo que escapa a su escaso nivel de comprensión. Sin duda han habido muchos que han profitado de estas situaciones para mantener sometidas a poblaciones enteras.

Ya es hora que nos liberemos del yugo de fanatismos y fundamentalismos religiosos. El Dios de los musulmanes y de los cristianos es el mismo, y quiere que seamos felices, que nos amemos y que trabajemos en plena armonía siguiendo el ejemplo de los órganos de su propio organismo, que siendo distintos y cumpliendo diferentes funciones trabajan unidos y en armonía para la gran causa común:  mantener la vida de aquel quien los alberga.

Un fraternal saludo.