La transición de Nou Drama Obama

Nou Drama Obama le dicen acá al Presidente Electo, porque aparece calmo como agua e 'tanque aunque a su alrededor la realidad no pueda ponerse más peliaguda. El martes que viene asume la presidencia en lo que se denomina inauguración.

Yo tenía planes para irme a verla a Tucson (a una hora y media de Phoenix) con unas amigas demócratas, en un hotel histórico que organiza un día obámico con pantallas gigantes y fiesta cívica, pero al final se pudrió todo y voy a tomar asiento frente a la tele de la cocina nomás.

La inauguración del 20 de enero de 2009 marca el fin del período de transición, que para Barack Obama comenzó el 4 de noviembre de 2008, cuando ganó las elecciones y junto con ellas el ambiguo título de Presidente Electo. Durante la transición, el Presidente, el Presidente Electo y el país caen en una especie de gobierno bicéfalo o desgobierno acéfalo para el caso, pues hay dos Presidentes que no presiden, uno porque sabe que ya no lo es y el otro porque sabe que todavía no le toca, uno esperando salir y el otro esperando entrar. Al saliente, los  gringos lo llaman “lame duck” que significa “pato cojo”, en el sentido de incapacitado (hay un programa de noticias de la tarde en MSNBC, que tiene un segmento llamado “Vigilancia del pato cojo”, en el que se dedican a reportar sobre las actividades de George Bush durante estos últimos días de gobierno). En cuanto al entrante, es el que tiene el papel más difícil: mientras espera su turno, tiene que formar su gabinete y prepararse lo mejor posible para tomar las riendas del gobierno. Antes de que Obama pase de la preparación a la acción, antes de que deje de ser el Presidente Electo Obama para convertirse en el Presidente Obama a secas, quise hacerme y hacerles una panorámica a vuelo de pájara de este período de transición que le tocó.

Estados Unidos ha tenido transiciones complicadas. Una de ellas, muy recordada en los tiempos que corren, fue la de 1932, de Herbert Hoover a Franklin D. Roosevelt, durante la gran depresión económica. Otra transición dificultosa fue la de 1980, de Jimmy Carter a Ronald Reagan, en medio de la llamada “crisis de los rehenes” (el 4 de noviembre de 1979, revolucionarios islámicos habían tomado rehenes de la Embajada de Estados Unidos en Teherán, Irán, y los mantuvieron prisioneros hasta después de que asumió Reagan). Pero esta transición de George Bush a Barack Obama no tiene nada que envidiarle a esas otras y hasta les lleva ventaja: la situación es gravísima en más de un frente.

En el plano internacional, el problema más directo es el mantenimiento de tropas en Irak y en Afganistán. Barack Obama ha prometido sacar las tropas de Irak y reforzar la presencia en Afganistán. Otro asunto urgente es cerrar la prisión que funciona en la base naval de Guantánamo, Cuba. Obama ha confirmado que lo hará, pero ha explicado que no es fácil de implementar, ya que hay que establecer procesos justos a los que someter a esos prisioneros que hasta hoy no han tenido juicio. En relación con este asunto de justicia para los prisioneros, Obama ha expresado también su rechazo a la tortura (o “método de interrogación mejorado” como lo bautizó la  administración Bush). Por último (en mi resumen, porque en la realidad no hay últimos), ha explotado la guerra entre Hamas e Israel, sobre la cual, a pesar de la insistencia de los periodistas, Obama no se ha pronunciado, repitiendo una y otra vez que “hay sólo un Presidente en el poder” (el muy gracioso Diputado demócrata Barney Frank dice que Obama “exagera este número”).

A nivel nacional, las cosas no podrían estar peor. La crisis económica es de proporciones. En un país que funciona con alto consumo de bienes materiales y crédito fácil, se ha endurecido el crédito. La falta de crédito sumada al desempleo (en 2008 se perdieron 2.8 millones de puestos de trabajo -700.000 sólo en diciembre-, hay 11.000.000 de desocupados y se estima que el desempleo llegará al 10% a fines de 2009), provoca menos consumo (también menos compra de casas, cuyos precios seguirán bajando y cuyo porcentaje de remates seguirá subiendo). A causa del bajo consumo y del desempleo, Obama se va a encontrar con menos ingresos para el gobierno, ya que el 80% de éstos proviene de los impuestos a los ingresos de las personas, que cuando no trabajan no aportan (el cálculo es que en 2009 el Estado dejará de percibir alrededor de U$166 billones de ingresos). Sin embargo, Obama tendrá que hacer frente a las mismas obligaciones que había en 2008 y encima gastar una enormidad de plata para facilitar la recuperación económica. Repaso: alto desempleo y falta de crédito significan baja del consumo; baja del consumo significa crecimiento lento (o negativo) de los negocios; desempleo + baja de consumo + crecimiento lento o negativo de los negocios = menos ingresos para el gobierno; menos ingresos + mayores gastos= deficit presupuestario, que para el año fiscal 2009 se calcula en U$1.2 trillones (en números es U$1.200.000.000.000, porque acá no se usa el “mil de millón”: pasan del millón directamente al billón y al trillón), más del doble que en 2008.

Barack Obama dice que “ve tinta roja hasta donde alcanza la vista” y está difundiendo por estos días su “Plan Americano para la Recuperación y Reinversión”, un paquete de medidas anti-crisis de alrededor de $775 billones a gastar en dos años. El objetivo del plan es crear y preservar puestos de trabajo en el corto plazo (por lo menos 3 millones de puestos de trabajo en los próximos dos años) y estimular el crecimiento económico y la competitividad en el largo plazo. A grandes rasgos, el plan se propone: a) asistir a la clase media reduciendo impuestos para negocios y trabajadores y proveyendo seguro de desempleo y cobertura médica para los desocupados; b) crear “empleos verdes” en energía alternativa para al mismo tiempo que el desempleo, combatir el problema de la dependencia energética; c) invertir en desarrollo de infraestructura, reparando puentes y rutas que lo necesitan con urgencia y contribuyendo de paso a la creación de más puestos de trabajo; d) ayudar a los Estados que lo necesiten, pues la caída de ingresos de los mismos va a causar el despido de empleados públicos, la suspensión de programas sociales y la reducción de gasto en áreas importantes para el largo plazo (como salud, educación, infraestructura e inversión). Aunque los demócratas tienen mayoría en el Congreso, Obama no quiere que su plan sea aprobado “a la fuerza” y está tratando de convencer a los congresistas (que tratarán el paquete en febrero). Ya se ha hecho explícita cierta resistencia proveniente de ambos lados del espectro político, pues los demócratas son tradicionalmente anti-reducción de impuestos y los republicanos son tradicionalmente anti-gasto por parte del gobierno.

A los problemas económicos se suman los políticos. Hay tres asientos en el Senado que están dando mucho que hablar. El entuerto más grande, con categoría de escándalo, es con el sillón que deja vacante el mismo Obama, que era Senador por Illinois. Según las leyes de ese Estado, es el Gobernador de Illinois quien debe nombrar al reemplazante. Hasta acá todo bien, pero fíjense lo que pasó. El Gobernador demócrata de Illinois, Rod Blagojevich, estaba siendo investigado desde hacía tiempo por el FBI a causa de diversas denuncias y tenía su teléfono intervenido. Cuál no sería la sorpresa de los superagentes cuando escucharon que el tipo discutía en lenguaje soez la venta del aún tibiecito escaño de Barack (pensaba transarlo por plata o por un buen laburo para su esposa). Lo arrestaron pero lo tuvieron que dejar salir y sigue de Gobernador como si nada. Le han pedido, rogado, implorado que renuncie, pero el hombre ni michi. No sólo se buscó un buen abogado que lo defienda, siguió saliendo a correr y dio discursos con citas de Kipling y de Tennyson, sino que procedió nomás a ejercer sus funciones y nombró a Roland Burris para reemplazar a Obama en el Senado. El elegido parece no haber comprado el sitio, pero en el Senado están que sí lo dejan jurar, que no lo dejan jurar, que sí, que no, tomalo vos, dámelo a mí. Mientras tanto, en Illinois, la Legislatura ha pedido el juicio político por corrupción para el Gobernador ilustrado.

El segundo asiento en disputa es el que deja Hillary Clinton, que era Senadora por Nueva York y ahora será Secretaria de Estado (en lugar de Condoleezza Rice). Como en el caso anterior, el Gobernador de Nueva York, David Paterson, tiene que nombrar a su reemplazante. Una de las interesadas es Caroline Kennedy, hija de John F. Kennedy, quien nunca ha participado en política pero que quiere comenzar luego de haber tenido un importante rol de respaldo a Obama durante la campaña presidencial. La opinión pública está dividida entre los que la quieren ahí por ser una Kennedy y los que no la quieren ahí por ser una Kennedy. Estos últimos argumentan que no tiene experiencia (en realidad, tiene calificaciones suficientes: es abogada constitucionalista, académica y autora de varios libros). Los rumores son que entre los que no la quieren por allí, están los Clinton, que preferirían mantener el almohadón de Hill calentito con el poto de alguien más cercano a ellos. El tercer asiento en disputa es de Minesotta, donde todavía no se dirime el resultado de la votación por Senador de las últimas elecciones: el republicano Norm Coleman ganó por pocos votos, entonces el demócrata Al Franken pidió un recuento y ganó el recuento, y el republicano a su vez apeló este resultado y vaya a saber cuándo se decidirá el asunto.

Y un minuto, que esto no es todo. También hay problemas domésticos que afectan a los Obama como familia, a Michelle y a las nenas. ¿Se acuerdan de que apenas ganó las elecciones Obama, él y su familia fueron invitados por los Bush, como es tradición, a visitar la Casa Blanca? ¿Y que llegaron diez minutos temprano, y que entraron por el lado sur, y que  Laura tenía un vestido color terracota y Michelle un vestido rojo, y que George y Barack usaban una corbata casi del mismo color, y que ellos se fueron a la Oficina Oval a hablar de la crisis económica y la seguridad, y que ellas se fueron a hacer un tour de la Casa Blanca y conversaron sobre cómo criar a las niñas en ese ambiente, y que la visita duró dos horas, y que después Barack y Michelle se subieron a una limusina negra, y que él volvió a Chicago y ella se quedó en Washington para buscar escuela para sus hijas, y demás paparruchadas varias que informó la prensa? Pues a pesar de la civilizada y hospitalaria primera visita, la llegada a la Casa Blanca no sería tan fácil para los Obama. Escuchen lo que aconteció.

Resulta que la Casa Blanca no es muy grande, tiene apenas unos 55,000 pies cuadrados, por lo que el gobierno cuenta con Blair House, una casa de huéspedes de 70,000 pies cuadrados, con 119 habitaciones, gimnasio, peluquería y hasta tintorería. Normalmente, el Presidente Electo se hospeda en esta casa desde el 15 de enero hasta el 20 de enero, en que asume y se muda a la Casa Blanca. La cosa es que este año los Obama –que viven en Chicago- pidieron a los Bush mudarse a Blair House un poco antes, el 5 de enero, para que sus hijas pudieran empezar las clases a tiempo en su nueva escuela de Washington. Los Bush les contestaron que era imposible, ya que Blair House estaba reservada. Los Obama se tuvieron que instalar en un hotel y las dos niñitas empezaron puntualmente la escuela. Después se supo que Blair House estaba reservada recién para el 12 de enero, y sólo por un par de días, ¡y sólo para el ex Primer Ministro de Australia! Cuando los medios reclamaron por la falta de respeto, tacto, gusto, tino, consideración, los Bush dijeron que los Obama habían sido muy comprensivos. Ja.

En medio de tanto quilombo internacional, nacional y literalmente doméstico, Nou Drama Obama se las ha arreglado para hacer casi la totalidad de los nombramientos importantes, lo cual representa un esfuerzo encomiable por estar listo cuando asuma (listo no significa listo para ponerse al día, sino puesto al día para empezar a trabajar). Tiene la ventaja de tener a muchos demócratas que obtuvieron su experiencia durante los ocho años de gobierno de Clinton y que todavía no se han retirado, pero el énfasis de Obama parece haber estado en nombrar personas preparadas para los cargos que van a ocupar, sin consideraciones de sexo o color (político o cutáneo). Para cumplir con su promesa de campaña de eficiencia y transparencia en el gasto (y para calmar a los republicanos creo yo), Obama creó el nuevo cargo de Jefe de Performance, y nombró en él a Nancy Killefer, una experta en eficiencia que deberá examinar el presupuesto federal para eliminar los programas que no funcionan y mejorar los que sí lo hacen. Algunos nombramientos han causado problemas: a) Robert Gates, actual Secretario de Defensa, fue elegido para seguir en su cargo, y esto provocó fuertes críticas de parte de algunos demócratas (aunque Gates tiene una relación cercana con los Bush y se lo considera republicano, está registrado como independiente y es respetado por demócratas y republicanos); b) Bill Richardson, Gobernador de New Mexico y nominado como Secretario de Comercio, tuvo que bajarse antes de asumir, para evitarle a la nueva administración los coletazos de una investigación sobre un jugoso contrato que algunos donantes de su campaña obtuvieron con el estado que él gobierna; c) Leon Panetta, elegido para manejar la CIA, fue una sorpresa que ocasionó muchas críticas, pues no tiene experiencia en inteligencia; la Senadora Diane Feinstein (demócrata, Presidenta del Comité de Inteligencia del Senado) se enojó porque no le habían avisado del nombramiento y dijo que prefería un profesional de la Inteligencia para la CIA; los que defienden el nombramiento de Panetta rescatan su experiencia gerencial y como consumidor de informes de inteligencia. Panetta ha sido director de la Oficina de Gerencia y Presupuesto y por largo tiempo Senador por California. Obama tiene pendientes los nombramientos para la Agencia Nacional de Seguridad, la Agencia Federal de Manejo de Emergencias y el Departamento de Comercio.

A pesar de algunos errores tácticos perdonables (como manifestarse en contra del nombramiento de Burris para el Senado y luego tener que dar marcha atrás, no alertar a Feinstein del nombramiento de Panetta, no prever el problema con Richardson), Nou Drama Obama ha sorteado, no sólo con calma sino también con mucha habilidad política, todos los obstáculos del increíblemente difícil período de transición que ya termina. El modo en que ha manejado la transición cuenta con un 82% de aprobación de la gente y demuestra que no es ningún Obambi, como lo apodan los que creen que peca de ingenuo y de novato. Así están las cosas a una semana de la inauguración.