Asistí durante la Conferencia a un debate “silencioso”. Dos conceptos o visiones diametralmente opuestas que nunca se enfrentaron abiertamente. No eran quizás ni la oportunidad ni el lugar para que lo hicieran.
Y en realidad, ami criterio, ambos son válidos, por responder a realidades sociales y temporales diferentes, pero realidades al fin…
Y entonces surge la inquietud: ¿es posible la “globalización” de la Seguridad Vial? No es fácil de resolver.
Nos enfrentamos a un problema similar (salvando las distancias) al del crecimiento económico de un Estado, pero extremadamente defectuoso en su distribución a la sociedad en su conjunto. ¿Sirve que crezca el Estado a pesar del empobrecimiento de sus ciudadanos?, ¿es válido oponerse de plano a ese crecimiento, por el hecho de lo mal que se distribuye?.
Creo que es un desafío determinante el que enfrentamos. Sí, a la ligera, sostuviéramos que es necesaria una “globalización regional”, como acertadamente me expresara un alto funcionario de México, ya no estaríamos hablando de “globalización”.
La “globalización” en materia de Seguridad Vial es un HECHO, y en cierta manera un DERECHO, que vivimos todos en este mundo del siglo XXI. Ahora bien, este proceso no puede ser guiado u orientado por los intereses comerciales (legítimos por cierto) del sector privado, por dos poderosas razones:
La primera resulta OBVIA, ya que podríamos terminar midiendo la velocidad de burros y caballos en zonas rurales de bajo desarrollo, con sofisticados radares…
La segunda es PRÁCTICA: los intereses comerciales siempre terminan adecuándose a la racionalidad de la demanda.
Debe ser el Sector Público, en persecución del bien social, asesorado responsablemente por profesionales y científicos competentes, quien esté a cargo de este proceso. Y, siempre
a nuestro criterio, creemos que es oportuna la encomienda de las Naciones Unidas a la Organización Mundial de la Salud (OMS) en la tarea.
Y, en la práctica, existe un notorio liderazgo del tema en cabeza de su Dirección de Violencia y Lesiones Externas. Sin embargo deberíamos evitar los riesgos de caer en los errores del pasado, cuando el “liderazgo” (ejercido por Salud hasta mediados de los '70 y luego por Transporte hasta los inicios del 2000) se interpretara como “responsabilidad total y absoluta” desentendiéndose los demás sectores (Seguridad, Justicia, Educación, Comercio, etc.) del problema y por ende de su injerencia y responsabilidad sobre el mismo.
Este proceder se repitió, lamentablemente, también a escala nacional en muchos de nuestros países. Y ese liderazgo que en definitiva debe coordinar y trazar / proponer los lineamientos políticos debe, siempre a nuestro criterio, concentrar los esfuerzos (y agudizar la imaginación) para, sin menoscabar los beneficios de la “globalización” de la seguridad vial, desarrollar las
herramientas que permitan instrumentarla en forma adecuada a la REALIDAD LOCAL (para precisamente eliminar sus eventuales perjuicios).
En otras palabras, mientras en países de grandes ingresos quizás se deba priorizar una ingeniería que posibilite “caminos que perdonan” y “automotores inteligentes” por sobre una política de Educación Vial para implementar una “formación en valores”, cuando ya lo han
logrado; por el contrario en la gran mayoría de países de medios y bajos ingresos las prioridades se invierten.
INSISTO, expresamos niveles de prioridad. De ninguna manera proponemos el abandono de alguna de las áreas. Aún las sociedades más avanzadas en materia de cultura vial no deben olvidar que no existe el “gen” de la seguridad vial en el ser humano. Todos los días se suman nuevos actores a la vía pública. Por otro lado, las sociedades con escasa o baja cultura vial no pueden desconocer que “errar es humano”, por ende es bienvenida la tecnología que pueda mitigar sus consecuencias.
Lo que de ninguna manera podemos plantearnos es el “pensamiento mágico” de que todos vamos a resolver el problema a la vez y de la misma manera. Es una UTOPÍA. No será fácil resolver la ecuación.
Por lo pronto, a mi modo de ver, Latinoamérica en su mayor parte (sino toda), con una Tasa de Mortalidad de 26 cada 100.000 habitantes (Informe OMS –BM 2004), requerirá muchos años de una política sostenida en la materia para lograr la incorporación de la educación vial
en sus sistemas formales. Tal vez tantos como les llevó a los países que hoy son ejemplo en la temática.
Fuente: ISEV