Hablar del colectivo probablemente hoy implique mencionar esos buses de moderna estampa, pero de asientos duros como un papel y de problemas contaminantes. El común de la sociedad los conoce como los “gigantes” urbanos que todos los días nos llevan a casa, al colegio, a la facultad, al trabajo, y adondequiera que haya algún tipo de actividad.
En resumen, hablamos de un medio de transporte para la gente de clase media que no tiene acceso a un vehículo propio de forma permanente. Esa es la franja que ha hecho grande al transporte colectivo y que quiérase o no, es la que lo sigue manteniendo vivo… aún hoy a 80 años de su aparición simbólica.
Haciendo una retrospectiva, podemos colocar al 24 de Septiembre de 1928, como la fecha histórica en la que se calcula que rodaron los primeros “taxis-colectivos” porteños. El motivo principal, era sin dudas la crisis por la que atravesaba el país, los problemas de las recesiones extranjeras y los altos costos que cobraban los medios de transporte por esos años. Tal es así, que llenos de ira, un grupo de taxistas rebeldes, comenzó a ofrecer sus servicios por pocas monedas y a llevar varios pasajeros al mismo tiempo cansados de soportar las disposiciones de un puñado de empresas extranjeras, que manejaban el mercado.
Este es en esencia, el nacimiento del colectivo propiamente dicho. Pero no es un natalicio que se formó de un día para el otro, sino que fue madurando desde la desaparición de los primeros tramways, y sus posteriores sucesores: el tranvía. Este “boom” que significó el hecho de poder viajar a muy bajo costo, sumado a que el taxi colectivo presentaba una flexibilidad respecto de sus costos, comenzó a despertar el enojo y la fruncida de ceños de aquellos señores inversores del ámbito local y de todos aquellos británicos que en ese momento tenían puestos sus intereses en nuestro país. ¿Por qué?: porque el colectivo no se sujetaba a ninguna reglamentación vigente hasta el momento, no tenía que cumplir con horarios legislados, no existían concesiones y tampoco limitaciones respecto de cantidades de vehículos, empleados ni rutas limites.
Aparecen entonces, colectivos con “letras” a modo de bandera, que imitaban a los números de otros servicios, indicándole al pasajero que llegaban al mismo destino que los tranvías, subtes, etc.
Para el primero de octubre de 1928, ya estaban organizadas gran cantidad de líneas que cubrirían todo el espectro de la Capital Federal, movidas por este nuevo invento. En un principio, era resistido el nombre de “línea” en las trazas, dado que “no define en realidad su función”. Así es como se propuso en el Diario Crítica de la época, algunos nombres como: TAXI BARATO, TAXI PALCO, MONEDERO, REMOLCADOR, TAXI DEMO (Taxi del Pueblo) y dos nombres extrañamente divertidos, como ser: “REVOLVER” o “BUFOSO”. Estos dos últimos nombres, por el hecho de que “carga 5 y dispara”, emulando a las pistolas de la época.
Es recién en Diciembre de 1932 que se sanciona una legislación al respecto, obligando a ordenar los recorridos, establecer autoridades representantes, detallar los vehículos, tener sólo un coche por persona, establecer las tarifas, y por sobre todo, crear una disposición que nuclee a los involucrados bajo una misma condición.
Si bien hasta aquí hemos hablado sobre el colectivo porteño, cabe destacar que el colectivo no es un invento argentino, ya que hay antecedentes de que en los Estados Unidos ya circulaban unidades en similares condiciones mucho tiempo antes. Pero más allá de todo, y sin ánimo de llegar a una polémica, se tienen registros de que los primeros colectivos circularon 14 años antes en Mendoza que en Buenos Aires.
Las unidades a las que hacemos referencia, eran coches Dean que cubrían el trayecto desde la Plaza San Martín de la Ciudad Capital de Mendoza hasta Rodeo de la Cruz, en Guaymallén, dónde se encontraba el taller de sus propietarios: Faustino, Inocencio y José Menéndez.
Para 1920, se va creando una fuente muy importante de producción de carrocerías de colectivos en Mendoza, que luego sería uno de los pilares de la industria local en la materia. Es en el oeste mendocino dónde don José Ortega realizaba modificaciones a las carrocerías Ford Doble Faeton, cortándolas y adaptándole un tercer asiento al modelo original para irlas adecuando al transporte de pasajeros. En febrero de este año, arriban desde Buenos Aires, tres unidades Stewart de tres velocidades y frenos, incorporadas por la transportista local “Caproli y Cía”, que cubrirían el trayecto Mendoza-Luján de Cuyo, bajo el nombre de “Autobús Mendoza”.
De cara a 1926, la empresa “Menéndez” lanza el modelo “Saure” que incluía dos plataformas para ascenso y descenso de pasajeros, contando con la increíble capacidad de 20 asientos para pasajeros sentados. Los chasis elegidos para realizar este trabajo, fueron los Chevrolet, por la gran resistencia que presentaba en sus estructuras.
Ya asumido Alejandro Orfila como gobernador de Mendoza, se instruye aquí el registro para conductores de autobuses y ómnibus, cancelándose las licencias que se entregaron con anterioridad, y procurando reorganizar el transporte y distribuir equitativamente sus líneas; como lo documenta el Diario “La Palabra” de 1926.
Se fijan paradas de diez minutos y se pone en funcionamiento el boleto “ida y vuelta”, que consistía en un descuento a quiénes sacaran su pasaje para ambas circunstancias.
En el año 1928, Humberto Ricco, envía un autobús por primera vez a Chile, tratándose de un Dodge modelo 26’ y que había sido equipado para la mencionada travesía, y que contaría con un nombre muy importante entre sus pasajeros: Alfonsina Storni.
Es entonces, el 10 de Noviembre de 2008, la fecha en que se crean en Mendoza los “Taxis-Colectivos”, que si bien nacen como un medio de transporte muy económico, se saturan, y por lo tanto el “viajar colgado” ya no es una opción muy atractiva. Los vehículos habían envejecido y su estado era calamitoso: esto tampoco era una interesante idea a la hora de viajar.
Pero esta no sería la muerte del taxi-colectivo, sino que de a poco iría resurgiendo y se producirían muchos cambios que determinarían su aceptación definitiva entre la población mendocina, apuntando como hecho clave y relevante, el aluvión que en el año 1934 destruye Cacheuta y en la ciudad de Mendoza provoca que los tranvías queden inutilizados temporalmente, dándole el impulso al necesario al colectivo como un sistema flexible, versátil y como el medio de transporte que necesitan los mendocinos para manejarse en su cotidiana labor.
Lo cierto es que amados u odiados, los colectivos siguen siendo el medio de transporte que ha sido el sustento de muchas familias y que ha permitido el desarrollo y la expansión de las poblaciones en cualquier distancia por más lejana que sea.
Cómo lo describiera el Diario “Crítica” allá por los años 28’: es el Taxi del Pueblo.
El autor: Luis Bohé es el editor responsable del sitio Colectivos de Mendoza