Padre de tres hijos, a quienes por más que alguien quiera explicarles que murió para salvar a su compañera de tareas, no entenderán que “su papá” no volverá jamás.
La absoluta impunidad con la que actuaron estos maleantes pone al desnudo una problemática infinitamente más grave que el homicidio ¿número 85? en lo que va del año en nuestra provincia: una situación social insostenible, plagada de pobreza producto de una inflación incesante, marginalidad, resentimiento y odio, odio que se vislumbra en sus miradas, en sus gestos, en su forma de caminar y hasta de sentir desprecio por la vida propia y por la ajena.
“Odio” cuando una víctima del delito –como tantas lo han relatado- los mira a la cara, y eso los enfurece. Odio, si la víctima no los mira, si les da o no les da lo que piden, si se mueven o se quedan inertes al momento del asalto y un sinnúmero de otras cuestiones que son de público conocimiento. Su vida no vale nada, ni la suya ni la nuestra, tan simple y tan complejo, es todo lo que tienen, salir a matar o a morir…
Paradójicamente, en momentos en que la frase “la policía no hace nada” abundan por doquier, efectivos como Correa, que “le ponen el pecho a las balas”, por ¿cuánto? La vida no tiene precio.
Éste es el gran tema de debate. El trabajo que se entiende así, sólo cuando se transforma en verdadera vocación… ¿Y dónde están “nuestros” derechos humanos?
La misma inseguridad, padecen médicos y enfermeros de hospitales y centros de salud, quienes a diario reciben todo tipo de agresiones verbales y hasta físicas, pero no dejan de lado su vocación de curar. "Curar a veces, aliviar a menudo, cuidar siempre", deben repetirse una y otra vez, para que su ánimo nunca flaqueé.
Meditando sobre todo lo que podría haber sucedido si la UJAM –que suspendió las clases a causa del viento zonda- hubiera funcionado a pleno, pienso que la tragedia podría haber sido infinitamente peor.
Monseñor José María Arancibia destacó que la educación fue el gran tema que el gobernador no abordó en el lanzamiento de su Plan de Seguridad. En este sentido, Guillermo Jaim Etcheverry, ex rector de la UBA escribió una excelente nota, titulada “Volver a educar”, en base a la tragedia educativa que vive nuestro país desde hace años.
Habla lisa y llanamente de la falta de relevancia social en la tarea que llevan a cabo las instituciones dedicadas a la “educación formal”. Aclara en su columna que ahora es la “educación informal la que ha pasado a ocupar el lugar central mientras que la institución escolar está quedando restringida a certificar la educación, independientemente de que esta se haya o no recibido. Una especie de oficina emisora de constancias”, dice, al momento de referirse a la informalidad con la que se ha abordado un sistema tan complejo, como imprescindible en la vida de un individuo.
Platón rezaba que “el objetivo de la educación es la virtud y el deseo de convertirse en un buen ciudadano”.
Mi humilde homenaje a Claudia Oroná, docente ejemplar, caritativa, abnegada, que dejó la comodidad de su San Martín para dictar clases en una escuela urbano marginal, y allí encontró la muerte, a manos de delincuentes, cuyos familiares habían sido alumnos suyos.
A Laura Abonassar, víctima de un crimen aberrante, porque su propio hijito yacía sobre ella al momento del asalto; a Vanesa Quispe, porque su marido, un ser ejemplar, sentenció: “Yo lo perdono, porque no soy Dios”, al referirse al delincuente que mató a su esposa y a su pequeño hijo –estaba embarazada a punto de dar a luz-. Sin dudas, un acto de grandeza.
La lista es interminable, pero no me olvido del hermano de Roque Giménez, Gustavo, quien en un intento desesperado, enfrentó al gobernador en nombre de todos los mendocinos: "Le voy a decir lo que siente el pueblo, amigo. Sólo son discursos los que dice usted. ¡Nos están matando!".
Funcionarios: a las cosas… Los tres poderes juntos, delineando mano dura, muy dura, que es lo que pide el pueblo; aplicando el Código Procesal Penal con todos sus lineamientos, sin sesgar ni limitar sus artículos con la complejidad que esto implica, con verdadero conocimiento jurídico, inteligencia e idoneidad de parte del Poder Judicial.
La Policía pide a gritos que la respeten y también que la depuren. El Poder Legislativo debe estar atento a lo que las otras dos patas de este gran proceso de transformación le soliciten. Los ciudadanos deberíamos denunciar, con la tranquilidad de que la figura de “testigo protegido” no se transformará en lo contrario.
Pero mientras tanto, hay que trabajar fuertemente con los “excluidos” en la urgente creación de establecimientos de doble escolaridad, que no sean solo lugares en donde se les brinda comida y refugio, sino verdaderos centros de capacitación de idioma, informática, talleres con salida laboral –paradójicamente hay escasez de especialidades en esta materia-, a los que todos puedan acceder en igualdad de condiciones, a fin de tener un futuro laboral asegurado.
Los centros de orientación socioeducativos deberían ser transformados en organismos de rehabilitación para jóvenes con problemáticas graves como la drogadicción, cuyo incremento espeluznante en las tasas de delito está comprobado, y no en lugares, en donde el maltrato físico y psicológico, están a la orden del día.
Finalmente, la informatización del sistema policial y la incorporación de tecnología serán un soporte fundamental en el combate del delito.
Pero ojo, no nos olvidemos que de nada servirá si no atacamos la verdadera causa: la falta de amor, por encima de todo. El retorno a la familia, a las bases, a la moral y por ende, a un hogar que contiene y no que destruye, que sacude y está plagado de vicios…
"La libertad no es la ausencia original de condicionamientos, sino la conquista de una autonomía simbólica por medio del aprendizaje que nos aclimata a innovaciones y elecciones sólo posibles dentro de la comunidad”, sentenció Fernando Savater, gran filósofo español, que en su libro Ética para Amador, dedicado a su hijo, le enseñaba todo esto y mucho más: que por encima de todo, hay que ponerse en el lugar del otro.
El amor por encima de todo…
"La gota que colmó el vaso. Así podría definir, con impotencia y dolor, a la muerte de Eduardo Correa, el cabo que fue asesinado sin piedad, el lunes en la Universidad Juan Agustín Maza".