El bebé debe nacer

Tiene doce años y ya fue violada. Con prepotencia, con brutalidad, el mismo adulto que debía protegerla, su padrastro, vulneró despiadadamente su pequeña intimidad, quebrantó lo más profundo de su ser, dejando huellas indelebles en su psiquis, en su afectividad y en su
cuerpito. ¿Dónde están los derechos humanos de esta niña? El derecho a la salud, a la familia, a la educación? Nuestra civilización occidental tiene logros fantásticos como la "Máquina de Dios" y el robot que opera, pero ¿no se interesa en desarrollar estrategias de contención para evitar estos abusos?

Es la prepotencia del más fuerte. Y la fuerza es la razón del que no tiene razón. Igual que la solución que se propone: continuar con la espiral de violencia que se ensaña con el más débil, que es, en este caso, el bebé por nacer. Así no vemos el abuso, no sentimos la responsabilidad como pueblo. Pero el daño está. Haya o no embarazo, la pequeña ha sido reiteradamente abusada. Y esa herida lacerará su ser durante toda su vida.

¿Qué haremos para que no ocurra nuevamente? ¿Qué medidas tomarán el Gobierno y la Justicia para prevenir que tantos niños y mujeres sean abusadas?

El nuevo pequeño también tiene derechos humanos, aunque no lo veamos. Es como si negáramos el Holocausto o el genocidio armenio porque no hemos sentido gritar a las víctimas. Existieron, como también existe en el útero materno un ser humano desarrollándose. Para darse cuenta sólo basta con mirar los libros de biología que describen con imágenes harto elocuentes, cómo se desarrolla el embrión dentro del útero materno. En Eureka, el museo que había en el Parque, mostraban en cerámica, en tamaño natural, ese proceso paulatino en cuyas faces los espectadores íbamos  descubriendo maravillados la conformación del ser humano desde muy pequeño. Era evidente, lo estábamos viendo. Era un bebé chiquitito, que ya
desde sus 2 ó 3 cm. pregonaba su futuro. Mis hijos lo observaban con la mirada asombrada y limpia del que no está ideologizado, y descubrían entusiasmados, ese complejo proceso que se ilustraba frente a nuestros ojos desde la fecundación. Ese proceso en que la química, la física y la biología molecular desarrollan incesantemente un ser humano con una carga genética
determinada y única.

Y hoy, en la sociedad, nos debatimos en un discurso ideológico. Los de derecha por un lado, los de izquierda por el otro; los religiosos, las autoconvocadas. Como decía Ortega y Gasset, estas dicotomías son síntoma de una "hemiplejia mental". Para mí, simple mujer que he sido madre, es fundamentalmente una cuestión de biología y de derechos humanos.

La situación que tratamos es terrible, porque está generada en un acto de violencia. A partir de ella, la niña tiene derecho a vivir sus 12 años, y el bebé tiene derecho a vivir. ¡Hay tantas parejas desesperadas por adoptar!