Son horas extrañas en nuestro país y en nuestra provincia. No nos sentimos bien. Quizás no todos estemos mal, pero todos no nos sentimos bien. El que no tiene, por eso mismo y porque es difícil que consiga lo mínimo. El que tiene, por eso mismo y porque es muy fácil que lo pierda. Los que estamos en el medio, por eso mismo y porque no sabemos si podemos mantenernos en el medio o bajar y porque es difícil que consigamos subir.
Para peor y como obra de un guión de película que no escribimos, en cualquier momento nos eliminan y sólo porque algunos así lo determinan, por obra y gracia de una decisión instantánea, animal, sin análisis de acción-consecuencia, por miedo, por no estar con el cerebro en funcionamiento producto del daño ocasionado por la droga, por la bronca, por la miseria, por no haber sido incluido.
Quieren los dirigentes hacer un pacto social, pero yo me pregunto ¿qué pactar y qué practicidad tendrá el pacto? Seguro pondrán todas las mejores intenciones y las muy bonitas y políticamente correctas palabras que cualquiera de nosotros podemos poner en un papel para que lo firmen todos los que no quieren quedar como responsables de lo que pasa. ¿Serán capaces de poner en ese pacto que se comprometen a no obtener beneficios de los cargos públicos que ocupan? ¿Podrán pactar que serán transparentes en el manejo de los dineros públicos?
¿Podrán pactar que si se equivocan en el ejercicio de sus cargos renunciarán? ¿Querrán pactar sobre cómo evitar nombrar en cargos públicos a familiares, amigos, conocidos y punteros? ¿Tendrán valor para pactar ser moralmente un ejemplo para la ciudadanía? ¿Podrán pactar prescindir de sus vanidades y prioridades políticas al tomar decisiones que influyen en la vida de todos nosotros? ¿Serán capaces de pactar que no necesitan estar en los cargos más tiempo que el realmente necesario para demostrar si valen o no como funcionarios públicos?
¿Pactarán sobre hacer aplicar a rajatabla la ley a los demás y, por sobre todo, a ellos mismos y sus colegas? ¿Se animarán a pactar que echarán a cualquiera que no cumpla con su trabajo público?
Pero, si les pedimos que pacten eso por la simple esencia de que se pregona con el ejemplo y porque son los dirigentes con sus actos los que han corrompido todo el tejido social y han engendrado este monstruo que hoy no nos deja sentirnos bien, también debemos todos nosotros pactar nuevamente respecto a nuestra vida en sociedad.
Necesitamos de manera imperiosa reflexionar y hacernos cargo de lo que somos y de cómo estamos, porque somos y estamos como consecuencia de lo que hacemos y pensamos. Es esencial que hagamos un pacto moral, un pacto de vida. No podemos seguir comprando robado. No podemos seguir sin denunciar un hecho de corrupción, es más, no podemos ser partícipes del mismo. No debemos seguir manejando vehículos de la forma en la que lo hacemos. No tenemos derecho a intentar trabajar poco y, mucho menos, de mala forma. No podemos exigir sin exigirnos. No es de buen ciudadano evadir impuestos y mucho más si se tiene la capacidad de pago suficiente, siendo irresponsable y falto de solidaridad si así se actúa. No podemos esperar a que otros cumplan primero con las reglas o leyes para recién allí cumplirlas nosotros, no hay nada que nos justifique para hacerlo, no es moral, ni ética, ni culturalmente procedente actuar así. Tenemos que dejar de ser pasivos en lo político y social, hay que participar en organizaciones y presentar propuestas, soluciones, cambios y pensamientos. Debemos prepararnos mejor para la nueva vida social que se ha generado. Hay que actuar y no sólo hablar.
Debemos pactar, es cierto, pero no sé si lo estamos haciendo bien. No sé si somos todo lo honesto que debemos ser para elaborar y firmar el pacto. ¿Realmente queremos pactar para cambiar?
Por qué no sólo cambiamos. Todos y primero cada uno de nosotros, sin esperar que lo hagan otros. ¿Por qué no nos sinceramos?
Pacto moral, pacto por la vida
Un lector analiza la convocatoria al Pacto Social por la Seguridad. mandanos tu opinión a: contacto@mdzol.com.