A poco de enterarnos de la muerte del cura Jorge Contreras, celebramos su vida.
Hasta su último aliento, este hombre sencillo que se abrazó a la fe católica con la esperanza de continuar con aquella revolución iniciada hace dos mil años, conmovió con los hechos que pudo producir y movilizó con las palabras justas que logró pronunciar.
En tal faena, nos mostró a los mendocinos una cara de la Iglesia Católica que, lamentablemente, no suele ser justamente difundida: la fe puesta al servicio de quienes más lo necesitan.
Ya sea desde la parroquia Virgen Peregrina, del barrio La Gloria, como desde su misión en la Penitenciaría provincial o en el desierto lavallino, o desde su militancia social acompañando alguna causa que necesitara de su auspicio, “el cura Contreras”, tal la denominación con la que se lo conoció popularmente, consiguió ponerle voz a las necesidades más extremas y silenciadas, introduciéndolas –unas veces, a fuerza de protestas; otras, tan sólo con su presencia- en la ajetreada agenda cotidiana de los gobiernos, de los medios y de la población.
Podríamos abundar en anécdotas que pintarían de cuerpo entero a una persona que se entregó a la causa de los más humildes por completo. Pero redundaríamos, al repetir algo que ya se ha hecho carne en la sociedad mendocina.
Son pocas las personas que puedan ser calificadas como “referentes”, en momentos del país y del mundo en el que ha hecho crisis la confianza en los pares y en donde pocos son capaces de dar una mano a algún desconocido a cambio de nada, o de muy poco: las gracias, una mirada, un abrazo o un estrechar de manos.
La desaparición física de Jorge Contreras debe ser, para Mendoza, sólo eso, ya que la huella que ha dejado en los sectores más desposeídos de la sociedad es imborrable. Mientras tanto, su ejemplo de vida comprometida y activa está disponible para ser imitado.
Se ha ido uno de los hombres fundamentales de Mendoza.
Jorge Contreras, el referente
La muerte del cura Contreras deja disponible un espacio de referencia y de compromiso. El desafío de los mendocinos es saber imitar su ejemplo y promover la mirada social que él difundió durante toda su prolífica vida.