Drogas, de eso sí se habla

Las drogas están presentes en la humanidad desde el principio de los tiempos. Siempre fueron patrimonio de los poderosos. A partir del siglo XX, se hicieron masivas e invadieron todos los sectores sociales. Por eso, si las hay en las escuelas mendocinas, lo peor que podemos hacer es evitar hablar del tema.


Otra vez las drogas se han vuelto tema en Mendoza a partir de las declaraciones de un subinspector de la DGE, quien llegó a afirmar que “habían descubierto niños mulitos que llevaban droga a las escuelas”.

Ante semejante sentencia, la reacción del organismo oficial fue pedirle al funcionario que ratificara o rectificara sus dichos. O sea: el dicho fue tomado como una barbaridad que cuanto antes se debía aclarar y por ello la institución escolar planteó la cuestión en términos judiciales: “ratifique o rectifique”.

Desde aquí, consideramos que, cuando se habla de niños y de drogas, la primera reacción ha de ser un severo llamado de conciencia sobre la situación social mendocina, que encuentra en las escuelas uno de sus puntos de mayor reflejo. Después, podremos pensar en términos judiciales, si correspondiere.

Finalmente, el funcionario se hizo cargo de sus dichos y presentó sus pruebas, algo que sin dudas es importante para determinar los alcances de sus aseveraciones.

Ahora bien, ¿a alguien le cabe duda respecto de que hay drogas en todos los ámbitos de nuestro quehacer, también en las escuelas? Este es el problema y encontrar solución a este tema ha de ser la prioridad absoluta.

Y cuando hablamos de soluciones, hablamos de un abordaje de la problemática que vaya mucho más allá de las evidencias de consumo: hay que trabajar fuertemente en la generación de hábitos de vida saludable para que los niños y jóvenes de Mendoza tengan opciones cuando, por ejemplo, les llega el momento de decidir entre fumarse un porro o asistir a un club.

El consumo de sustancias ha atravesado toda la vida social del siglo XX y actualmente los niveles de consumo se han acrecentado e incluso se ha abierto el abanico de posibilidades con nuevas drogas.

Esto viene a mostrarnos que seguirá habiendo drogas y que seguirán haciendo daño a quienes sean esclavos de ella, sobre todo, si se trata de  niños y adolescentes. Por ello, la tarea más firme que se puede emprender ha de estar enfocada en la prevención, en la educación y en la promoción de la salud en su sentido amplio.

Si alguien asegura que hay chicos llevando drogas a las escuelas, deberemos mirar por encima del caso puntual y atacar la profunda problemática social que encierra la situación. Y trabajar en políticas sustentables en educación, deportes y cumplimiento de los derechos humanos fundamentales de niños y adolescentes.

Nada conseguiremos invirtiendo nuestras energías en saber si un funcionario habló o no de más, cuando resulta evidente que el consumo de sustancias abarca desde la niñez (por ejemplo los inhalantes) hasta la vejez (alcoholismo) y desde la pobreza (el paco) hasta la riqueza (psicofármacos).

Hay que hablar de las drogas. Hay que conocer para prevenir. Y mientras más seamos los que nos involucramos, desde una dimensión realista y desde todos los estratos, será más adecuada y pronta la solución.