Lamentablemente, no hay día de la semana que no traiga consigo una tragedia relacionada con el tránsito vehicular en Mendoza y, claro, en la Argentina.
Según el Ministerio de Salud de la Provincia, el país tiene uno de los índices más altos del mundo de mortalidad por los llamados “accidentes de tránsito”: 21 personas por día muertas, más de 7.500 personas por año. Mendoza supera esta escalofriante apuesta, con casi con una persona muerta por día y más de 20.000 “accidentes” por año. “La distribución geográfica de estos siniestros tiende, en estos últimos años, a concentrarse más en la ciudad que en la ruta”, refiere un artículo ministerial.
Ahora bien, ¿por qué se llaman “accidentes de tránsito” los “accidentes de tránsito”? Accidente es un “suceso eventual del que involuntariamente resulta un daño” o “suceso casual que altera el orden regular de las cosas”. Sin embargo, ¿cuánto hay de eventual, involuntario o casual en los choques, vuelcos y atropellos que involucran a vehículos?
Aquí es donde notamos, y ponemos el acento, en el hecho de que recurrir a la generalidad del término “accidente” para muchos hechos que no lo son, no sólo es un desacierto conceptual, sino que también fomenta el desinterés y la irresponsabilidad social a la hora de evitar que los denominados “accidentes” se produzcan.
Así, muchos pueden terminan pensando que conducir con exceso de velocidad y matar a un peatón es un “accidente”. O que, ante una mala maniobra, destruirle el auto a un tercero es un “accidente”. Y no es así, pero así será hasta que podamos diferenciar la paja del trigo.
Por eso, desde aquí, sostenemos que debe haber una tipología para la incapacidad, la imprudencia, la desatención, la ignorancia de las normas. Faltas que no sólo involucran al victimario, sino también a las víctimas, ya sea que conduzcan algún tipo de vehículo o que vayan caminando.
Hablamos de diferenciar lo doloso de lo culposo y de poder determinar cuánto hay de accidente y cuánto de negligencia en esta clase de hechos.
El tránsito es uno de los hechos más complejos que integran la trama social y de este modo debe ser abordado. Del mismo modo que no alcanza con campañas de prevención en los medios de comunicación, tampoco alcanza con las penalidades que suponen sistemas como el de la licencia de conducir con puntaje.
Ni haciendo mera publicidad, ni usando el castigo como método, ni llamando “accidente” a lo que no lo es, vamos a solucionar una de las problemáticas más severas de nuestra sociedad. Hace falta cultura como agente transformador, educación desde la base, reglas claras y universales, vehículos en condiciones, manejos defensivo y responsable, caminos y señales en condiciones, policía operativa y apegada a la ley y trabajo desde el Estado de modo serio, sustentable, continuo, planificado.
Y, claro, llamar a las cosas por su nombre, porque no es lo mismo ser protagonista de un “accidente”, que víctima o victimario de un delito.