Retenciones a matar o morir

Un lector que leyó el editorial de MDZ se animó a responder las inquietudes en él planteadas. Conocé su posición y agregá la tuya.

La nota editorial de MDZ intenta dar cuenta sobre Quién mata y quién muere en un conflicto planteado a “matar o morir”. Sostenemos en su desarrollo tres incógnitas en torno a un tema que es preocupante:

1) ¿Realmente se espera que con la votación del Senado termine un conflicto que en realidad no lleva sólo tres meses, sino 200 años y que ha logrado emerger con fuerza?

2) Si la pelea es a “matar o morir”, ¿se ha calculado que es el Gobierno quien puede morir o sólo es el Gobierno quien puede matar?

3) Y en este último caso: ¿Podrá el país seguir funcionando normalmente cuando una de las partes en pugna “muera”?

El lector Ricardo Comeglio, participante constante y meduloso de los diferenets foros de este diario, nos dejó su opinión respondiendo puntualmente a cada una de las preguntas. La transcribimos textualmente.

1) No esperan terminar con el conflicto del campo con la votación en el Senado, quieren obtener poder para sentarse a negociar en condiciones de superioridad. Lo que es lógico y aceptable. Han sido legítimamente elegidos en votación popular, deben negociar desde el poder y no desde la debilidad. Ganar les valida el poder que obtuvieron en las urnas, así es mejor sentarse a negociar con organizaciones que no siempre han querido lo mejor para el país.

2) Se ha calculado que el Gobierno puede morir, pero políticamente, porque ceder a la presión de un sector sería tener que ceder a cualquier presión sectorial y eso va a ocurrir indefectiblemente, por la sola debilidad que implicaría para la Sra. Presidente no tener el respaldo legislativo a políticas de Estado.

Morir significa ser debilitado políticamente ante sectores con poder económico y de fácil predisposición a la desestabilización institucional, es el derrumbe institucional en un momento donde se está muy fuerte económicamente, quizás como nunca en nuestra historia y donde la puja por el control de esa economía fuerte es grandísimo, sobre todo por parte de sectores no populares.

3) Si muere el Gobierno el país sigue funcionando sin institucionalidad, derrumbado políticamente y con escasísimo poder de la política. Nótese que la oposición política es insignificante, sólo se encuentra oposición ideológico, pero no política. Los políticos actuales desaparecerían devorados por las bases, quienes anarquizarán el país y serán azusadas a ello por sectores poderosos que medrarán en su beneficio exclusivamente.

Si muere el campo es la supervivencia de la política y es el comienzo de la discusión, junto al campo, por la nueva política agraria, pero en una mesa donde la política de Gobierno es fuerte institucionalmente.

La derrota legislativa del campo propenderá a la normalización institucional y a la búsqueda negociada de una nueva política económica, pero con el poder del lado del pueblo y no de sectores ajenos a un proyecto de país integrador.