Sobre el "manual del policía"

El descubrimiento del “Manual del Policía” en la Provincia de Mendoza resulta un hallazgo muy propicio para renovar los debates respecto de los modelos y esquemas institucionales imprescindibles para la vigencia de políticas públicas de seguridad en una democracia
Algunos fragmentos del texto reflejan claramente la importancia de las imágenes y apariencias en la planificación de los objetivos policiales y en su efectivo proceder.

Se observan singulares recomendaciones destacadas bajo títulos tales como “Perfil de las mujeres”, “Cómo actuar frente a los periodistas” o “Cómo reconocer a un adolescente delincuente o infractor”.

Evidentemente, subyace en los contenidos una concepción retrógrada del ser humano y sus conductas, con una vieja pretensión de “cientifizar” prejuicios sustentados en la ignorancia o el racismo y que conduce a encontrar un “perfil de delincuente” y a identificar a determinados actores o grupos sociales como peligros potenciales.

Considerando que muchos funcionarios fueron entrenados en estos presupuestos propios de la doctrina de la seguridad nacional y la guerra al enemigo, no debiera resultar llamativa la ineficiencia policial. Los consejos prácticos proporcionados por el Manual son un indicador de la primacía del plano imaginario por sobre el plano real para el abordaje de las tareas policiales.  Ello conduce, necesariamente, a diagnósticos de lo más engañosos y a actitudes y procedimientos en consonancia: la identificación de chivos expiatorios para simplificar la complejidad de los fenómenos que debe abordar un sistema de seguridad.

Si bien el manual del policía en cuestión fue usado hasta el año 1991, considerar que una porción importante de la policía actual de Mendoza tiene en su haber una formación de esta índole, resulta preocupante.  La pérdida de vigencia de este paradigma requiere de reestructuraciones de las carreras profesionales en las que se transmitan contenidos que asuman la multiplicidad de variables e instancias que inciden en la situación de seguridad en un territorio determinado. 

Sin embargo esta sola medida resultará siempre infructuosa si desde los gestores políticos de la seguridad pública no se lidera un profundo cambio cultural en el que se asuma que “el otro” -que históricamente ha constituido el quid del trabajo policial- sea considerado un igual por quien está a cargo de la tarea de prevenir la sucesión de hechos de violencia. 

La autora: La Lic. Cynthia Asciutto es investigadora del Instituto Latinoamericano de Seguridad y Democracia. (ILSED).