Terminados los problemas causados por los bloqueos de rutas, generados durante el conflicto entre el campo y el gobierno, comienza lentamente a recomponerse el abastecimiento de productos, sobre todo alimentos, pero en casi todos los casos, la recomposición del stock viene acompañada por incrementos en los precios.
Desde el gobierno, en confrontación permanente, pretenden culpar a la gente del campo por los aumentos pero, en realidad, lo que está aflorando es el proceso inflacionario que no se ha contenido pese a los voluminosos montos pagados por el gobierno en subsidios y los controles de precios.
Valga señalar que muchos de los aumentos tienen que ver con la autorización oficial y, en otros casos, con la complacencia silenciosa de la Secretaría de Comercio, que está aceptando, sin decirlo, estos movimientos.
Además, muchos precios de alimentos no están relacionados con los precios que perciben los productores, que se siguen quejando porque los costos que deben soportan siguen creciendo y no pueden obtener mejoras en sus ingresos.
La semana pasada se recompuso el abastecimiento de hacienda y la carne bajó un 10% en la etapa mayorista. No obstante la misma carne aumentó en los mostradores y nadie atina a dar una explicación fehaciente de las razones.
Para ensayar una explicación que permita la comprensión del fenómeno inflacionario hay que recordar que tiene un costado monetario y otro psicológico. El monetario está dado por la excesiva creación de medios de pago, generados tanto por la emisión monetaria como por el exceso de gasto público. Más dinero genera más demanda ante una oferta estancada, termina ajustando los precios en alza.
Pero además, está el factor incertidumbre que provoca la inflación. La gente en sus bolsillos percibe niveles muy elevados de aumentos que se mantiene constantes. Ante este proceso, y con un dólar quieto o que baja de precio, muchos deciden anticipar compras antes de que haya nuevos aumentos y esto retroalimenta el problema.
Por estos días, el problema principal vuelve a ser la inflación, aunque el gobierno intente disimularlo con índices no creíbles. Nadie cree que los precios de los supermercados hayan aumentado solo 0,1% en un año y mucho menos que los precios de los shoppings hayan tenido una deflación cercana al 4%.
Tanta torpeza genera mayor desconfianza.
Si el tema no se domina pronto, con señales claras, la situación se le puede escapar de las manos al gobierno y no valdrán nuevas amenazas. Si no hay señales claras, la situación puede ser problemática.
Por ahora la confusión gana terreno, sobre todo porque algunas medidas, de tono extremadamente ortodoxo, no parecieran propias de un gobierno que ha despotricado contra ellas. Bajar el dólar, subir las tasas de interés y ajustar precios (pronto vendrán las tarifas) parecen ser una señal pedida por organismos financieros internacionales.
Por más que algunas de estas medidas puedan resultar adecuadas, está faltando una reducción del gasto, sobre todo en subsidios, que se llevan 20.000 millones de pesos anuales de presupuesto nacional. Con el petróleo a 140 dólares el barril, no se puede seguir disimulando su incidencia en la economía. Es que al no sincerarse aparece el desabastecimiento y con el los mercados negros. Es mucho más fácil transparentar la situación.
Además, existe un riesgo y es el de las presiones sindicales surgidas como resultado de la puja de poder por el control de la CGT, en la cual el gobierno está participando. Los que pueden perder está amenazando con nuevas demandas salariales y ellos saben que eso sería un peligroso disparador de mayor inflación.
En este proceso confuso, de notoria ebullición política, los que sacan ventaja son los más pícaros, mientras los más miedosos se prenden para no quedar desfasados. Mientras el gobierno congela el precio de los granos, de la leche o de la carne que se le paga al productor, las cadenas posteriores mucho más poderosas, practican ajustes de precios sin que nadie pueda decir nada. Es el resultado de los oligopolios oficiales.
Nunca los controles de precio han sido buena receta. Nunca las economías cerradas y protegidas han sido un beneficio para los consumidores. Sería bueno que repasen la historia.
La inflación sigue presente
La solución que se observa en el nivel de abastecimiento está acompañada por aumentos de precios que están más relacionados con el proceso inflacionario no contenido que con la crisis misma. El proceso sigue presentando aristas monetarias pero ahora también aparecen expectativas donde lo psicológico juega un rol fundamental.