El 911 es una cuestión de voluntad

Foto: Marcelo Ruiz/ MDZ
Foto: Marcelo Ruiz/ MDZ

Frente a donde vivo hay un paseo con unos banquitos que por lo general lo ocupan personas que no son del barrio, sino que se dedican a mirar los movimientos de las casas y saber cuándo pueden entrar y hurtar algo que no es de ellos.

La segunda semana de este mes, junto con los vecinos nos dimos cuenta de que todas las tardes durante horas nos espiaban. Por lo que el jueves 12 llamé a la comisaría de la 6ª (porque recordé que un policía, el año pasado, cuando pasó pidiendo colaboración, me dijo que en caso de ver sospechosos, así lo hiciera.) más o menos 6 de la tarde y avisé de lo que estaba pasando, me dijeron que enviarían un móvil. El que nunca llegó mientras estuvieron estas personas.

Al día siguiente, tipo 15 horas, nuevamente teníamos las mismas visitas, por lo que volví a llamar a la misma comisaría y la persona que me atendió me volvió a responder que enviarían un móvil. Eran las 18 horas de ese día, el móvil todavía no aparecía cuando yo tenía que salir.

¡Salir de mi casa con un temor enorme!

Vino el fin de semana largo y aprovechándolo fui a visitar parientes a otro departamento. Dejando como precaución que una persona diera vueltas por la casa, etcétera.

El martes cuando amanezco de nuevo en mi casa veo que la bicicleta de mi hijo no está, empiezo a preguntar y nadie la usó. Al rato viene una vecina, me dice que ella la tiene y me la devuelve. Me comenta que ella vio la bicicleta colgada de la pared que da a la leonera, que justo pasaba el móvil 1540 a toda velocidad  porque perseguiría a alguien. El mismo móvil al rato volvió a aparecer porque también notó donde se encontraba la bici, la bajaron y se la entregaron a ella para que me la devuelva.

Inmediatamente fui a la comisaría a averiguar por qué habían hecho caso omiso a mi pedido. (¿no era que con una llamada cortaríamos la cadena? Estas fueron 2 y no alcanzó). La respuesta del policía que me atendió fue:
 
“Es que esta comisaría atiende asuntos penales, no se dedica a enviar móviles. Tendría que haber llamado al 911”. Mi respuesta fue: “Alguno de los que me atendió me dijo eso? No, me respondieron que enviarían un móvil”.

A continuación me dijo: “Señora, somos humanos y cometemos errores”.

¡Plop!

Pedí que quede constancia, por lo que me señalaron la oficina fiscal de la misma comisaría para que haga el acta. Las personas de ahí tomaron nota de todo lo que volví a repetir.

Prestaron atención y propusieron elevarlo al Ministerio de seguridad para que se enteren de lo que verdaderamente está sucediendo en las calles.

Al volver a casa, nuevamente estaba esta persona en frente mirando, llamé al 911 explicándole todo lo que venía sucediendo. El hombre que me atendía en ese momento me preguntó qué estaba haciendo el sujeto y las características del mismo, le respondí que estaba sentado durante horas mirando y que por lo que había sucedido evidentemente era necesario un móvil. Este buen hombre me dijo: “¿no entiendo qué infiere usted?”. El móvil ese día nunca llegó.

Durante la semana enviaron al personal de investigaciones a hacer el croquis.

El sábado 21, uno de los días más fríos del comienzo del invierno, otro hombre con otras características se pasó un par de horas apoyado sobre la pared del zanjón mirando hacia nuestras casas. Mi sospecha fue grande porque no era un día de sol para estar disfrutando. Nuevamente, sin perder las esperanzas, llamé al 911. La mujer que me atendió me pidió las características del sujeto y me respondió que enviarían un móvil. 15 minutos más tarde esta persona no estaba más.

Ayer por la tarde salgo al patio, luego de pasar 4 días con gripe en cama, y veo que faltaban las bicicletas, la de mi hijo y la mía.

Sucedió lo que tiene que suceder cuando no hay voluntad de resolver, cuando no hay estrategias y cuando hay complicidad.

Ahora mi gasto es triple: en más seguridad, en otras bicicletas y emocional ya que no sé si siguen dando vueltas por los techos y espiando.

Sabiendo que no tengo manera de sentirme protegida, que las bicicletas no van a aparecer, que mi hijo de 9 años corre riesgo y que con una llamada no cortamos nada por no hay voluntad de actuar.

¿Qué tal si se toman las cosas en serio? ¿Qué tal si solicitan a los ciudadanos algunas ideas para paliar esto? Porque evidentemente la estrategia de los que tiene esta responsabilidad no funciona. Vivimos en una época donde las instituciones están obsoletas y necesitan un cambio radical (de raiz).

Lic. Virginia Arentsen
D.N.I. 23.883.708