Lugo, tras 61 años del Partido Colorado

En su afán de salir de experiencias traumáticas -producto de la implementación de las políticas neoliberales- los países latinoamericanos optaron por distintas alternativas. En Europa los analistas se desesperan por identificar si las opciones  que se presentan se ubican junto a los “atractivos” Chile, Brasil y Uruguay;  o a la tradición “populista”  de  Venezuela, Argentina, Bolivia, Ecuador y Nicaragua.

Debe dejarse claro que tal categorización, intuye la existencia de un momento político de elección estratégica, en el cual cada país -mejor dicho cada líder político- opta por una propuesta basada en sus preferencias ideológicas.

 Dicha simplificación deja de lado no sólo las notables diferencias existentes hacia dentro de cada uno de los países, sino también, los distintos momentos en que estos se incorporan a este proceso de cambio. Entre las condiciones generales que determinan/ron la elección de sus futuros procesos políticos encontramos:

1) La necesidad de consolidar procesos democráticos de corta existencia y altamente inestables; 2) la supervivencia o no de los partidos tradicionales;

3) El nivel de presencia de los sectores militares en el gobierno, como residuo de las transiciones a la democracia;

4) El nivel de organización desarrollado por las organizaciones sociales no partidarias;

 5) La organización de los distintos sectores de la economía y el nivel de dependencia del Estado con respecto a éstos. Finalmente, la oportunidad de modificar el curso político-económico de forma reciente, ofrece a diferencia de los pioneros, la experiencia vivida por los países que ya tienen un tiempo en ello.

Con estos elementos presentes, el reciente triunfo de Fernando Lugo en Paraguay evidencia la complejidad mencionada y ofrece un escenario donde observar las dificultades comunes de la región, así como también los grandes desafíos. Proveniente de la Iglesia católica  y  con una trayectoria vinculada a los sectores más pobres del país, la llegada de Lugo al gobierno ha generado numerosas expectativas, tanto hacia dentro del país, como en sus vecinos de la región. Todos expectantes ante las posibilidades de cambio, tras los 61 años de hegemonía del Partido Colorado (ANR).

Pero la ansiedad por ver los cambios deberá tener presente las dificultades con que se enfrenta este nuevo líder latinoamericano:

1) El problema de un partido político prestado:  Ante la inminencia de las elecciones, Lugo llega al gobierno asentado en la estructura del Partido Liberal, quien apoyó su candidatura presidencial, pero se reservó para sí los asientos legislativos de diputados y senadores, así como los escasos triunfos obtenidos en las gobernaciones y el cargo de vice-presidente.

2) La fortaleza de la oposición: El ex gobernante del partido colorado (ANR) podría decirse que ha obtenido el segundo y tercer puesto, ya que el resultado electoral otorga un 40,8% para Lugo, contra un 30,7% para Blanca Ovelar (Partido Colorado) y un 21,9% para Lino Oviedo (ex Partido Colorado). Ello sumado al triunfo opositor en diputados y senadores, así como la permanencia en el gobierno de Asunción, ofrecen importantes dificultades a la hora de obtener las leyes necesarias para encarar un proceso de cambio. Aún si ello fuera posible, deberá vérselas con la estructura burocrática estatal y sindicatos ampliamente integrados por partidarios de la oposición.

3) Compleja situación económica: Paraguay, pequeño país de 6.669.086 habitantes, tiene un PIB de 11. 450 millones de dólares, con una economía basada en agricultura y ganadería, es el segundo país más pobre de Latinoamérica. Ubicado entre las dos potencias de la región, Argentina y Brasil, tiene grandes dificultades para transformar su estructura económica y mejorar sus niveles de pobreza e indigencia.

Todos estos factores nos indican la difícil situación que enfrenta el reciente presidente electo y nos obliga a depositar la confianza en su capacidad política para establecer alianzas y sostener sus cualidades de conducción, así como en la paciencia del pueblo paraguayo, quien ya reduce sus expectativas a la necesidad de transparentar el funcionamiento del estado -permanentemente sospechado de corrupción- y renegociar las condiciones desfavorables de los recursos obtenidos por la generación de energía.

Finalmente, pero no por ello menos importante,  será determinante la actitud que tomen los países vecinos frente a esta oportunidad de consolidar una alternativa para la región,…esperemos que en su memoria sigan presentes las consecuencias de la Guerra de la Triple Alianza.

Clasificarse dentro de una u otra de las líneas que se configuran en la región quedará para más adelante.