Seis meses después de Cristina

Foto: Web
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Habiendo transcurrido seis meses desde aquel día en que llegó a la presidencia Cristina Fernández de Kirchner, y más de siete meses desde que la voté, y habiendo escuchado tantas cosas en relación al denominado “conflicto del campo”, siento la necesidad de expresar lo siguiente.

La presidenta tiene un tono pesado, arrogante, soberbio, pero no me engañó cuando la voté….ya en campaña era así. No me gustan esos atributos, pero elegí a esta candidata porque la otra opción era una mujer pesada, arrogante, soberbia, y que además estaba (y está) convencida de que dios le dicta lo que tiene que hacer… ¿hay hoy una opción mejor o menos peor? No la veo.

Así es que, además de no gustarme su forma de expresar las cosas, soporto la falta de democracia interna que ejerce su marido, tal vez por el hecho de que soy afiliado radical desde los 18 años, y milito en la capital de Mendoza, motivos que me llevan a estar acostumbrado a participar en ámbitos en los que si no querés lo que quiere el jefe, estas fuera… y bueno, estoy fuera.

Por eso me sumé a la Concertación, porque en mi distrito los jefes no querían democracia interna. De este modo, sigo buscando la participación, y soportando los males menores que me presenta el país, pero debo aclarar, que no todo es un mal menor para mí con los K.

Comparto que hayan pagado la deuda del FMI, y que hayan puesto un parate al resto de los acreedores externos, ¿o es que ya nadie se acuerda en este país cuando esperábamos a que llegara un técnico del norte a decirnos qué había que hacer y que no?

Comparto la política de Derechos Humanos, aunque haya mucho de símbolo, pero descolgar cuadros de asesinos y apoyar a las Madres y Abuelas de plaza de mayo es algo que desde la época de Alfonsín no se veía.

Y comparto la postura frente a “el campo”. Y quiero aclarar que las comillas van porque “el campo” está formado por los propietarios o arrendatarios de la tierra en la que se plantan granos, ¿o alguien vio a un obrero en los cortes de ruta?

Aclaremos que aún el pequeño propietario, no es como el pequeño campesino de Mendoza. Acá un señor planta vid o frutales, y espera varios años a que la planta crezca para empezar a cosechar…y ahí, si la fruta vale, bien, y si no vale, lo siento… Distinto es un señor que no sé qué hizo el año pasado con su plata, que este año se dedicó a la soja porque le da más ganancias que las acciones en la Bolsa, y que el año que viene vaya uno a saber qué va a hacer de su vida…

Y eso sin nombrar el hecho de que, como es más barato desmontar un campo virgen que esperar a que se recupere el que usó el año pasado, avanzan indiscriminadamente sobre tierras que siempre han tenido especies naturales, quemándolas (contaminando con el humo) y produciendo inundaciones en zonas en las que nunca había ocurrido esto, con el consecuente costo aún en vidas por no poseer las defensas ni la cultura necesarias para afrontar este mal.

Estos señores (“el campo”) cuando plantaron la soja en el 2007, descontadas las retenciones de esa época, sacaban algo más de u$s 200 por una tonelada; ahora, con aumento de retenciones y todo, debido al aumento internacional de los precios de los granos, cobran más de u$s 300 por la misma cantidad…

¿Y pretenden que los apoye? Me parece legal que especulen, pero no estoy de acuerdo, no esperen mis aplausos. Mi abuelo vivió en el campo toda su vida y jamás sacó semejante ganancia. El día que haya que apoyar a EL CAMPO (así con mayúsculas), cuéntenme en sus filas, pero en esta…

Señores, soy radical, esto es, según las bases fundacionales del partido al que me afilié a los 18 años, de eso que se denomina “centroizquierda”. Quiero un gobierno que industrialice al país, que apoye a los necesitados, que reingrese en la sociedad a los millones de argentinos que expulsó el menemato, y lo más parecido a eso siguen siendo los K.

Escucho mejores propuestas.