Me duele decir esto, pero cada conversación que tengo con analistas de política internacional en Europa y Estados Unidos en las múltiples cenas y conferencias a las que voy confirman la misma opinión. Lula es muy querido internacionalmente, los Kirchner son directamente despreciados. La cena de anoche en casa con unos 15 expertos de diversos países sobre América Latina no fue excepción. El tema va más allá de que Argentina haya hecho default y
Brasil no. Se trata más del entendimiento que tiene Lula de la necesidad de jugar y ganar el mundial de la economía llamado globalización.
Lula compite en la globalización como Brasil juega al fútbol, ganando.
Argentina, que tiene todo para ganar también, pero, lamentablemente, tiene una pareja presidencial que cree que el maltrato al extranjero los hace populares. Pero están equivocados. Argentina, gracias a su gestión, está aislada y es el hazmereir de los europeos, norteamericanos y sus propios vecinos del Mercosur.
Yo, aunque sea argentino, ya me cansé de defender a mi país. No es por falta de amor, que me sobra, sino porque sus dirigentes son tan antipáticos que no voy a tratar de hacerle los amigos que ellos no quieren tener. Fuí embajador itinerante argentino durante el gobierno de Fernando de la Rua, Duhalde y Kirchner y encontré que la tarea era una verdadera misión imposible, ya sea por la incompetencia de De la Rúa como la actitud arrogante e insensible
hacia el mundo de los dos presidentes peronistas.
La reelección de los Kirchner como pareja me recuerda a la reelección de Bush por el pueblo norteamericano. Primero el inentendible entusiasmo en el momento de votar que lleva a la reelección, pero luego, rápidamente, el pueblo se da cuenta del grave error cometido y… ya es tarde.