…Una utopía ocupa la dimensión temporal del futuro. La elegimos hoy, la imaginamos hoy y hoy luchamos por ella, pero si la conquistamos será mañana. Nos la tenemos que ganar. Es cambiante como la historia, como la vida…Pero tiene en sí cosas que nos definen. Que son parte de nuestro ser. Por esas cosas luchamos y esas cosas justifican nuestra vida…
J.P. Feinmann
Me sumo al debate abierto entre los lectores de MDZ acerca del significado de nuestras Fechas Patrias, pensando en la celebración de nuestro Bicentenario. En particular, sobre la importancia relativa de las mismas y si nuestros 200 años deben celebrarse el 25 de Mayo o el 9 de Julio.
Y lo hago con una pregunta acerca de si es posible fraccionar nuestra historia en dias conmemorativos. Pregunto si es posible aislar la historia en fechas ignorando los procesos históricos y las condiciones ideológicas y materiales que las originaron.
La pregunta no es inocente, pues su respuesta contiene un posicionamiento acerca del modo en que valoramos las lecciones de nuestra historia.
Si la historia la escriben los que ganan…
La historiografía de cuño liberal ha puesto demasiado empeño en ese desguace, al considerar nuestra historia como un discontinuo acontecer de fechas que pueden ser apreciadas de manera aislada de las profundas contradicciones que las precedieron, de los contextos en las se generaron y en las voluntades que la hicieron posible. Ello dio como resultado una historia sacralizada, repujada en el bronce, pero con verdades a medias y cautos silencios. La historia así contada se vuelve selectiva, porque refleja una parte del relato, el relato de los vencedores.
No casualmente, esta forma de contar la historia se vuelve una verdad unica en los alrededores de nuestro primer Centenario, el mismo que fue celebrado con pompa ibérica en una República que requirió del Estado de Sitio para que los que estaban afuera de esa historia no aguaran la celebración.
Frente a este modo de concebir la historia y su correlato de un modo particular de concebir un proyecto de País, me gustaría invitar a quienes leen estas líneas a pensar la historia con una visión de integralidad. Al fin y al cabo, las mejores lecciones que la historia nos puede dar hacia el futuro no son solo las que aparecen refulgentes bajo las luces de los hitos marcados en el calendario, sino los penosos, arduos y sacrificados momentos que le dieron origen.
Pensar la historia con una visión de totalidad alude a las certezas de las fechas, pero sobre todo pone luz sobre lo ausente, sobre los silencios que una forma de contar la historia en nuestro País durante muchos años forjó con empeño, la más de las veces con sangre derramada.
El 9 de Julio de 1816 no puede ser pensado sin el 25 de Mayo de 1810; desde el movimiento oscilatorio entre lo residual proveniente de la colonia y lo revolucionario de las apelaciones a lo popular. Desde el juramento de la Primera Junta dirigida al “Augusto Soberano Don Fernando Septimo” al de los autoconvocados en Tucumán, que juramentaron a la Patria libre de toda otra dominación extranjera, recién diez días despues del 9 de Julio. Desde el Plan de Operaciones de Moreno, a la dinastía Inca de Belgrano… y en fin las ideas, los hombres que las encarnan y los procesos históricos que la envuelven.
Se trata de entender la historia sin las dicotomias valorativas de si el 9 de Julio fue más heroico que el 25 de Mayo, pues al fin y al cabo uno existió porque existió el otro.
Rescatar la idea del Bicentenario a partir de los intersticios que hicieron posible el 25 de Mayo y las condiciones materiales y la densidad de los debates que se intercalaron entre una fecha y la que le sigue es lo que vale la pena.
Un universo de ideas en ebullición, cuyos contrastes invitaron a la acción. Porque cuando la idea mueve, cuando conmueve, anima a activarse para hacerla realidad. Es allí cuando la historia se vuelve acción, porque se escapa de los Manuales que la tienen tan quieta, y se convierte en memoria.
De ausencias interesadas y omisiones demasiado repetidas
Por eso es que no hago opción por algunas de las fechas en particular, porque cualquier elección, por fundada que parezca, hará que irremediablemente dejemos de lado hechos tan trascendentales como la voluntad de autonomía expresada por el pueblo en la defensa y reconquista de Buenos Aires ante el invasor inglés en 1806-1807; el primer grito de libertad continental en Chuquisaca el 25 de Mayo de 1809; la insurrección popular de Artigas en su esfuerzo por la Patria Grande, las historias de los primeros expedicionarios al Alto Perú, el sacrificio hasta lo indecible de los jujeños y su éxodo a la libertad, la desobediencias de Belgrano al gobierno central y su voluntad de resistir en Tucumán, la irreverencia de los mendocinos al sostener, contra la voluntad central, a San Martín como Gobernador Intendente de Cuyo y los aprestos de la Campaña Libertadora….y tantos otros que expresan una historia que nos recuerda que un pueblo es tan pequeño como los miedos que posee, pero tan grande como las adversidades que elige superar.
En fin, entre una fecha y otra, me permito quedarme con todas, pero sobre todo con las historias a veces poco contadas y las más de las veces ocultadas de mujeres y hombres que les dieron un rostro en la adversidad y una voz en medio de los silencios.
La Década del Bicentenario
Ese conjunto de historias hilvanadas alumbra en nuestra Patria una Década, la que denominamos como la “Década del Bicentenario”, que comienza en 1806, fecha de la resistencia popular a las invasiones inglesas, hasta 1816, año de la voluntad de nuestra independencia.
La Década del Bicentenario patentiza en su cronología la voluntad de liberación e integración., pues incluye también los sucesos históricos de libertad y autonomía en los otros países de Latinoamérica, demostrando así la ligazón histórico - cultural con nuestros pueblos hermanos de la Patria Grande.
Este es el espíritu de los festejos del Bicentenario que propusimos, cuando hace tres años iniciamos nuestras actividades en el marco del Capítulo Mendoza. En conjunto con la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Cuyo y algunas organizaciones sociales que nos acompañan.
Se trata de entender el Bicentenario como oportunidad, como excusa para reencontrarnos en las ideas y en los debates por la construcción de una cultura generadora de utopías y de sueños colectivos inconclusos, que por esa misma condición, nos reclama corresponsables.
Celebramos que el gobierno de la provincia haga recaer la responsabilidad del Bicentenario en Mendoza en la Secretaría de Cultura, porque es desde ese espacio institucional en donde las iniciativas pueden orientarse en la búsqueda de estos fines.
Anhelamos que las actividades que como consecuencia se programen, incluyan al conjunto de expresiones del quehacer provincial, sumando las particulares experiencias de la Mesa de Gobernadores de Mendoza, y las múltiples voces que se entrelazan en lo social, lo artístico, lo económico, en pos del logro de una celebración que no termine el 25 de mayo de 2010.
Haciendo eje en la historia, pero no como ejercicio de retrospectiva, sino como lección de futuro, y convencidos de que aprovechando las oportunidades que nuestro Bicentenario nos ofrece podemos los argentinos en general y los mendocinos en particular, debatir con pluralidad y grandeza engarzando nuestras vivencias y poniendo en común nuestras potencialidades.
Esa podrá ser la simiente para concretar nuestro aporte a un proyecto que reconcilie la libertad con la justicia, las ideas con la acción y la voluntad de avanzar por sobre los problemas, que al fin y al cabo son solo una circunstancia a superar cuando un horizonte de utopías, que parece inalcanzable, nos enseña - lo que no es poco-, a caminar en su búsqueda.