La economía post-crisis está llena de interrogantes

Si se soluciona el problema de campo, el gobierno deberá enfrentar seriamente el problema de la inflación, que está carcomiendo el tipo de cambio real, los salarios y el capital de las empresas.

Si esta semana, o la próxima, las entidades del campo y el gobierno llegan a un acuerdo mínimo para destrabar los problemas que acarrearon 72 días de paros y protestas, la conducción de Cristina Kirchner deberá prestar atención a una serie de temas sobre los cuales el mercado está muy pendiente y que marcarán su futura gestión.

Es que el tema que más preocupa en la Argentina es la inflación y el único que puede marcar una tendencia hacia la baja de la misma es el propio gobierno, quien ha sido el que la generó.

Una parte significativa del reclamo de los productos también está relacionado con la inflación. El gobierno, manipulando la información, publicitó los ingresos del campo, pero omitió publicar los costos del campo. Es que los precios de los insumos, servicios y salarios han crecido muy por encima de la paridad cambiaria. La inflación se comió la ventaja competitiva del tipo de cambio y el gobierno deberá elegir entre bajarles las retenciones o promover una mayor devaluación de la moneda.

Este era el tema central que estaba en boca de los operadores y por el cual la semana pasada se produjo una corrida que le costó al Banco Central desprenderse de casi 1.600 millones de dólares.

De todas maneras, cualquiera de las opciones que elija el gobierno le traerá costos políticos, por lo que hay que estar preparados para la aparición de nuevos enemigos.

Si el gobierno quiere devaluar, tendrá un costo financiero muy alto por la cantidad de moneda que deberá emitir el Banco Central, pero, a su vez, deberá afrontar una escalada inflacionaria que le hará perder las ventajas de la devaluación, por lo cual es aconsejable que busque otro camino.

Otra de las alternativas es que el Gobierno modere el nivel de gastos, de manera de ahorra unos 3.000 millones de los que actualmente gasta en subsidios, aunque para ello deberá convalidar aumentos en los precios de ciertos bienes y servicios. Otra posibilidad, que ya aplican muchos países, es bajar las tasas aduaneras para la importación de alimentos, pero chocaría con el empresariado nacional.

Otra complicación que el gobierno deberá afrontar son los pagos de servicios de la deuda externa, la cual ya está en niveles superiores a los que se registraban al momento de declarar el default en 2001. En Julio próximo debe pagar 2000 millones de dólares de vencimientos de Boden 2012 y le está costando conseguir los recursos, porque hemos perdido el crédito internacional pero también el crédito interno.

Evidentemente, el problema de la inflación está íntimamente ligado al nivel de gasto del gobierno y al volumen de moneda que emita el Banco Central para comprar dólares a efectos de mantener el peso devaluado frente al dólar. Cualquier decisión que tome, afectará a algún sector o a todos, y esto hará que el transito de la presidencia de Cristina Kirchner continúe por un sendero de conflictos. Lo cierto es que la inflación complica en tipo de cambio real, carcome los salarios y consume el capital de las empresas.

El mundo puede cambiar

Para colmo de males para Cristina, parece que el mundo comenzará a girar hacia un escenario menos generosos para la Argentina y ahí los problemas serán más complejos.

Todos los indicios parecen indicar que la Reserva Federal de EE.UU. dejará de lado las bajas de tasas de interés para quedar neutras o retomar una senda alcista. Los indicadores de inflación en el país del Norte indicarían que el organismo regulador, ante una recesión no evitable, se inclinaría por combatir la inflación.

Si comienza subir la tasa, es altamente probable que el dólar comience a aumentar en el mundo frente al resto de las monedas y si el dólar aumenta es probable que comience a bajar los precios de las materias primas. Nadie puede decir cuales serán las proporciones o equivalencias de ambos movimientos, ya que en el medio aparecen cuestiones de oferta y demanda y en estos movimientos no es fácil calcular como se redefinirán los escenarios.

Lo cierto es que si el dólar sube su valor, se apreciará respecto de todas las monedas, aunque es difícil saber cuanto impactará en Argentina, que tiene hoy artificialmente devaluada su moneda. Pero seguramente, si bajan las materias primas, bajará el superávit comercial, lo que supone menos ingresos por retenciones y problemas fiscales. Pero menos superávit implica, además, menos dólares disponibles para comprar y afrontar los pagos de la deuda.

Estos cambios pueden producir complicaciones en los planes actuales. Por todo esto, creemos que el panorama que siga a la solución de la crisis del campo no será para nada pacífico, aunque si Argentina mantiene una senda de crecimiento podría amortiguar en parte las consecuencias de los hechos externos. Pero para esto faltan inversiones y para que estas se produzcan hace falta regenerar la confianza. Y eso es lo más difícil