Recientemente se ha hecho pública la situación emanada de la puesta en vigencia de la ley por la cual se habilita el funcionamiento del Medio boleto universitario en el transporte público de pasajeros.
Más allá de los instrumentos utilizados y del mayor o menor fárrago de trámites a cumplimentar, resulta necesario mencionar que en este caso –como en tantos-, se contraponen dos criterios de accesibilidad: uno de tipo universal (cualquier alumno universitario por el solo hecho de serlo accede al medio boleto) y otro, selectivo o focalizado (además de lo anterior, debe disponer de una condición familiar con suficiente necesidad y apremio económico para acceder al beneficio). En un caso, el gasto es mayor, en el otro es sensiblemente menor. Pero el punto es que el tratamiento de las situaciones personales y familiares es muy diferente.
No se trata de alabar uno u otro mecanismo sino de pensar de manera analógica. ¿Es éste resultado existente hoy el que animaba el espíritu de quienes pelearon por el medio boleto universitario? En el caso de los abonos primario y secundario, ¿también se requieren test de recursos de las familias? ¿No es acaso el medio boleto universitario una reivindicación válida para todos los estudiantes?
Si este no es el caso, es preferible quedarse como sociedad con las conocidas becas de transporte y punto. Los señores Secretarios de Bienestar Estudiantil Universitarios conocen y mucho de lo que hablo.
Se argumentará que el gasto es demasiado alto y su atribución injusta, ya que no corresponde subsidiar a jóvenes que los fines de semana transitan en Alfa Romeo por la Arístides. Pero, repito, ¿cuál es el criterio invocado para crear el Medio Boleto Universitario? Porque el caso anterior resulta medianamente atendible pero, entonces, hay muchos más que son grises, ¿dónde poner la raya divisoria? ¿Quién y qué define entonces si alguien resulta merecedor o no de este beneficio/derecho/privilegio… cómo llamarlo?
Mi opinión es que si hablamos en serio de medio boleto universitario corresponde aplicar igualdad de condiciones con el caso de los abonos primario y secundario, es decir con solo un papel que certifique la condición de alumno universitario más la fotocopia del DNI es suficiente para disponer de dicho derecho. Incluyendo también a los que cursan en universidades privadas. Tal vez, ¿quién sabe? hasta dejen por un rato el cero kilómetro y tomen el bondi.
La otra opción, la de ahora, auscultando casi culposamente quien es más o menos pobre merecedor del medio boleto resulta en un entredicho interminable y poco fructífero.