El vocablo Conducir proviene del latín conducĕre, que de acuerdo a lo dispuesto por la Real Academia Española denota: 1. tr. Llevar, transportar de una parte a otra; 2. tr. Guiar o dirigir hacia un lugar; 3. tr. Guiar o dirigir a un objetivo o a una situación. U. t. c. intr.; 4. tr. Guiar o dirigir un negocio o la actuación de una colectividad; 5. prnl. Manejarse, portarse, comportarse, proceder de una u otra manera, bien o mal.
Todos los acápites hacen estricta mención a la actitud de poder indicar, acompañar, orientar, dirigir, en sus distintas vicisitudes el oriente de los pares, entiéndase como pares, en este caso en especial al pueblo de Mendoza.
En relación a ello, desde un tiempo a esta parte, podemos ver con patente determinación, una real carencia de conciudadanos, autodenominados líderes, que tengan la prestancia, capacidad, postura y sobre todo actitud como para poder, conducir con tino los destinos de nuestras instituciones.
Prueba de ello, son los problemas nimios, primarios, elementales, que padecemos, y que se convierten en cuasi catástrofes, siendo que un conductor con sapiencia podría haberlos resuelto mucho antes y con mucho menos histeria. A modo de ejemplo vale la pena explicitar, a los fines de que mi apreciación no parezca demasiado abstracta, algunos hechos que considero paradigmáticos, en esta temática, en donde se puede apreciar con mucha fuerza una desjerarquización de nuestros líderes nominales, que tan siquiera, por lo menos la mayoría, “chapotean” en el arte de buen regir o aspirar a regir los asuntos públicos.
En este sentido, empezaré, cronológicamente hablando, en forma inversa al decurso del tiempo real a saber:
1- En primer lugar ubicaría a la catastrófica forma en que se ha llevado a cabo, sin resolverla, a la problemática de los vendedores ambulantes, quienes tienen sentados sus reales en la calle General Paz, de Ciudad, Capital. En este caso en particular no entiendo, porque en vez de pelearse entre un intendente que trataba de aplicar la ley en forma literal e inflexible, y un gobierno provincial que hace rato no es, no abordaron la problemática pensando en la contención de las personas que iban a perder su medio de vida, como tampoco pensaron en el desquicio que es transitar por la calle mencionada a cualquier hora, habilitada para el ejercicio del comercio, ni tampoco en los vecinos que tienen que convivir con la referida cuestión. En síntesis, la situación quedo como entonces, mas bien peor, ya que ello fortalece la recalcitrante posición de los vendedores ambulantes, al resistir, con algunos visos de irracionalidad, la aplicación de la normativa vigente, entorpeciendo, desde mi punto de vista, la solución definitiva que es la instalación a precios accesibles de sus comercios en forma lícita y compitiendo lealmente de esta manera con sus colegas, sin favoritismos ni inicuas concesiones. Para colmo ello quedó de esa manera porque no se dirigió el conflicto, no tuvimos dirigentes que hicieran eco a su nominación y se involucraran con el conflicto, en pos de su encause.
2- Otra muestra de la torpeza señalada, se pudo observar con el berretín del permanente ensayo que representa nuestro gobierno provincial en diferentes áreas, acompañado por una oposición que acompaña, esta patética escenificación, sin que nadie pueda orientar a la ciudadanía como ponerle el “Cascabel al gato”, respecto de tener real conciencia cual es la política de nuestro gobierno, aunque más no sea, en sus áreas más importantes.
A modo de síntesis, no se visualiza de ninguna de las partes un reconocimiento de sus errores, un renunciamiento en pos de los intereses de lo público, una actitud en pos del estudio y el planteamiento de la propuesta del consecuente principio de solución. No se avizoran, lo que es de suma gravedad, actos tendientes a establecer un orden de prioridad de algunos problemas, a los fines de definirlos como “Política de Estado”, motivo por el cual ello conlleve a convenir con todas las partes, de una forma democrática y lo más horizontal posible, sin ponerse tiempos falaces y efectistas, pero asimismo trabajar “sin prisa pero sin pausa”, sin actitudes soberbias y por ende con la humildad de los estadistas.
Claro está, si bien justamente ese es el problema, que carecemos de Estadistas, entendiendo a estos como aquellas personas con gran saber y experiencia en los asuntos del Estado, de la cosa pública, los actuales autodenominados dirigentes deberían o dar un paso al costado, porque probada está su ineptitud, o convocar a aquellos que manifiesten interés y capacidad en avocarse a la ocupación de los problemas, con el objeto de empezar a pergeñar la costumbre de que nuestros dirigentes se formen en el ámbito del trabajo y del estudio, con valores éticos firmes y probados, sabedores que la “Cosa Pública” es de todos, correspondiente al interés de los conciudadanos, y no a una masa amorfa que no pide ni reclama, que no se contenta con cualquier megalomanía, o necedad.
Claramente percibo que la década amoral menemista ayudó mucho a formar dirigentes que ostentan el “pragmatismo sin ética y la corrupción sin castigo”, y hoy esta es la harina que tenemos para hacer el pan de cada día. No obstante ello, sino realizamos un firme golpe de timón, respecto a la formación de nuestros líderes, nuestra crisis dejará de ser la contradicción necesaria para el posterior progreso, para convertirse en un prolongado plano inclinado hacia la anomia.
El autor es abogado. Miembro de la Asociación Civil para el Desarrollo de Políticas Públicas.