Kirchner, como todos los populistas, cree que se puede tomar cualquier medida económica sin hacerse cargo de las consecuencias. En este caso puntual, los ejes de la política económica han sido una moneda devaluada, mercados cerrados con altos aranceles para favorecer a las empresas nacionales, estimulo al consumo, subas de impuestos y alto gasto público.
Con estos componentes, han pretendido tener baja inflación. Al principio de su gobierno, la industria venía de una crisis fenomenal y tenía una gran capacidad ociosa. Por eso la expansión de la economía de los primeros años no tuvo problemas, ya que se podía satisfacer la demanda sin necesidad de inversiones. Pero cuando esa capacidad se agotó aparecieron los problemas y los aumentos de precios.
Para combatir los aumentos de precios el gobierno aplicó diversas medidas de pinzas para apretar a las empresas, no reconociendo que la causa del proceso estaba en el corazón de la misma política económica. Así apareció en escena el Secretario de Comercio, Guillermo Moreno, quien fue el que llevó a cabo los aprietes.
La segunda decisión, fue tratar de concentrar el comercio para poder ejercer un control más efectivo. En el sensible mercado alimenticio les juntaron la cabeza a los responsables de las seis cadenas hipermercados que operan en la Argentina y les impusieron la tarea de ser los controladores.
Así, armaron un oligopolio oficial, donde las grandes cadenas no compiten entre sí sino que, ordenadamente, le proponen los precios máximos al Secretario de Comercio, Guillermo Moreno. Una vez fijado, los compradores de las grandes cadenas citan a los proveedores y les informan de estos precios y a los precios máximos a los cuales les podrán comprar. Estos valores fijados por los supermercados son los que toma el Indec, sin buscar otras marcas o medir en otros negocios.
Pero como si esto fuera poco, los híper se aseguran seguir manteniendo sus márgenes de ganancias, mientras, en nombre del gobierno, aprietan a los proveedores. Por supuesto, los consumidores les están dando la espalda, porque hoy es posible encontrar muchos productos más baratos en negocios tradicionales.
La última vuelta de tuerca de Moreno fue exigirles a los dueños de los feed-lot (engordadores de ganado a corral) que no les vendan a otros compradores minoristas y que solo provean a los supermercados.
Es terrible que un gobierno que se dice popular quiera esconder las consecuencias de un proceso inflacionario desatado por él mismo llegando a fórmulas que lo único que hacen es favorecer la concentración de la economía, eliminando la competencia.
La concentración económica está siendo causada en muchas otras áreas de la economía. La aplicación de retenciones a las exportaciones afecta a los sectores pequeños y medianos y favorece a los grandes grupos concentrados, que tiene la escala como para aguantar. Los chicos, en estas condiciones, desaparecen rápidamente.
El último intento de generar un oligopolio se dio en las negociaciones con el sector del trigo. A cambio de liberar las exportaciones, Moreno exigió asegurar el abastecimiento interno y, para ello, planteó la exigencia que el mercado interno sea abastecido solo por cinco molinos elegidos por el gobierno.
Más allá del gesto autoritario, todo esto tiene un tufillo raro. Cualquier empresario sabe que si es elegido para constituir un monopolio con bendición oficial, no será gratis.
Los oligopolios oficiales
El gobierno del matrimonio Kirchner se caracteriza por su estilo populista y corporativo, reciclando los viejos dogmas culturales del peronismo histórico. A pesar de los discursos contra empresarios o sindicalistas, terminan arreglando con grupos que le son funcionales, a cambio de favores que generan privilegios en un mercado nada transparente.