Desde hace unos días, una nueva edición de la Feria del Libro vuelve a fascinar con su universo de páginas, historias, autores y en definitiva, sabiduría y conocimientos, a todo un país. Si bien se la ubica enclavada en la mítica Buenos Aires, los ecos de su impacto recorren todo el país para transformarse en La Meca de autores y lectores, pero también de editores, estudiosos, curiosos, y especialmente, bibliómanos y bibliófilos.
Recorrer sus laberínticos pasillos, detenerse en sus infinitos stands, tocar los miles de libros que están al alcance de la mano, escuchar a los escritores, acercarles un libro para su firma, descubrir que ese autor admirado también hace lo mismo que uno en esa inmensa feria, es un placer particular e indescriptible.
Palpar la avidez de una multitud que ama los libros, encontrar aquel ejemplar casi inhallable, sentirse parte de un conglomerado de seres que aspiran a un mundo distinto, donde conviven los saberes y la aventura, la poesía y las recetas de cocina, las tradiciones y las historias de otras latitudes, las leyendas y las estructuras de la técnica, es un impacto que merece ser vivido.
Y tal vez por eso es que duela mucho más la ausencia de Mendoza en ese megaevento cultural, que como tal está pensado para el gran público y la difusión masiva; pero que justamente por eso, implica un polo de atracción y una vidriera de proporciones pocas veces vista.
En esta edición, la trigésimo cuarta, una provincia como la nuestra no posee ni siquiera un mínimo lugar para difundir su cultura, que no sólo se restringe a sus ensayistas, dramaturgos, novelistas o poetas. También aquí se pierde la ocasión de mostrar nuestros pintores, escultores, artesanos, bailarines, actores, músicos; en síntesis, todos aquellos que forman parte y construyen nuestra identidad cultural.
Asimismo, resultan lamentables las excusas que desde la Secretaría de Cultura a cargo de Ricardo Scollo se pusieron para justificar semejante faltazo, aduciendo imprevisión de las anteriores autoridades. Una gestión es responsable desde el momento de su asunción, y se debe admitir como un error de diagnóstico no saber que a los pocos meses de hacerse cargo de la política cultural de la provincia, hay que asumir un desafío de estas características. Podría decirse entonces que esa ausencia es imperdonable.
Las políticas culturales tienen la particularidad de marcar rumbos, de establecer metas y fijar criterios para el accionar de las gestiones que deben ejecutarlas. Suponen un esfuerzo de consenso, pero especialmente, una decisión de llevar a cabo tales aspectos que en algún momento han sido privilegiados por su trascendencia, o su impacto en la comunidad.
Tal vez por ello, aún aquí se las sigue restringiendo a meras estrategias partidistas o especulaciones electorales cuyo resultado es el apuntado: como en esta ocasión, nos quedamos fuera de un encuentro impostergable de la cultura nacional. Otra vez, lo deberemos mirar desde afuera, o lo que es peor, por televisión.
Es hora que Mendoza incluya entre su agenda de temas prioritarios la cuestión cultural. Es imprescindible que se avance aquí también en el diseño de una política de Estado, que supere estas improvisaciones que privilegian la coyuntura, y se aboque –con el respaldo de todos los sectores y partidos- en la consideración de un núcleo básico inamovible más allá de cualquier funcionario, de sus caprichos, amores u odios.
Si esto no sucede, seguiremos poniendo el carro delante del caballo, tapando baches y dando excusas de lo que se podría haber hecho y no se hizo. Hoy es la Feria del Libro, mañana puede ser otro el motivo de la pérdida. Si no nos decidimos a cambiar el rumbo y la forma de gestionar, en el futuro ni siquiera tendremos nada de qué lamentarnos. Lo habremos perdido todo.
A la Feria del Libro la miramos por televisión
"En esta edición, la trigésimo cuarta, una provincia como la nuestra no posee ni siquiera un mínimo lugar para difundir su cultura, que no sólo se restringe a sus ensayistas, dramaturgos, novelistas o poetas. También aquí se pierde la ocasión de mostrar nuestros pintores, escultores, artesanos, bailarines, actores, músicos; en síntesis, todos aquellos que forman parte y construyen nuestra identidad cultural".