Una Vendimia más ha pasado, y con ella, la expectativa de toda una provincia, que aunque algunos nieguen y despotriquen, no puede quedarse al margen de tan trascendental festejo. Porque como toda fiesta popular, el fenómeno tiene sus amantes incondicionales y paralelamente sus detractores. Sin embargo, y por el apabullante despliegue que especialmente el sector público, pero también el sector privado realizan, la Vendimia es el acontecimiento mendocino más importante de cada año. Por su implicancia económica, pero también política y especialmente cultural y turística.
Ésta, que bien ha sido llamada la fiesta mayor de los mendocinos, también es motivo de orgullo, pues implica una ocasión más para mostrar el potencial productivo, nuestra geografía, la idiosincrasia, y en definitiva, los usos y costumbres de esta parte del mundo. Esos que nos distinguen, esos que nos hacen únicos y particulares.
Con ese criterio, desde hace un puñado de años, la Vendimia ha ido cobrando dimensión internacional, tras entronizarse merecidamente, como una de las más pintorescas celebraciones de este país. Con esa impronta, pero tal vez huérfana de todo el sustento económico necesario para hacer de ella un acontecimiento mundial, la Vendimia parece caminar entre la pretensión internacional y las soluciones de entrecasa. Que como tal, siempre son modestas y que apenas si alcanzan para salir del paso.
Por eso, y como propuesta de reflexión colectiva, sería importante debatir si efectivamente queremos que nuestra fiesta alcance dimensión planetaria como muchas veces se propone en los discursos y las alocuciones de los funcionarios. Si es así, pues hay que trabajar demasiado en solucionar cientos de pequeños aspectos que hacen que sea catalogada de esa forma. Desde el mejoramiento de la infraestructura básica, que incluye mejores servicios aéreos desde y hacia nuestra provincia, hasta aspectos mínimos como por ejemplo, mejorar los baños del teatro Griego Frank Romero Day.
En el medio, hay otras tantas acciones necesarias que se pueden instrumentar, o profundizar para que –efectivamente- nuestra fiesta sea eso, un lujo internacional; y no un padecimiento tanto de propios como de extraños. ¿O no se imaginan el calvario que debe ser para un turista, que tal vez sólo hable inglés, llegar desde el centro hasta el Romero Day? Y ni hablar si alguien antes de viajar hasta Mendoza quiere saber de qué se trata… Este año, ni siquiera la fiesta fue transmitida por Internet, con lo que ello implica en estos días. Asimismo, y aunque más no sea durante esos días, nuestra bodegas (y también nuestros museos, bares y teatros) deberían ampliar su horario de atención para reflejar que –sin dudas- a principios de marzo, Mendoza es un fiesta.
No hay que rasgarse las vestiduras, si no –simplemente- aprender de las experiencias y generar cada año mejor una celebración que incluya una calendarización con actividades anexas, que pueda conocerse con anticipación para articular con operadores turísticos internacionales, y que también permita su difusión e instalación. Así como, lentamente, nuestra industria vitivinícola se fue haciendo paso en el mundo a través de su participación en concursos y con una clara idea sostenida en el tiempo de estar y competir, nuestra Fiesta debe generar su propia estrategia de posicionamiento y vinculación.
Tenemos el compromiso de hacer de la Vendimia una fiesta cada vez mayor, pero también mejor. Y para ello habrá que agotar la inteligencia y la audacia que permitan mostrar nuestra identidad con la mayor fuerza posible. Así como antes lo hicieron nuestros abuelos, así como mañana lo seguirán haciendo nuestros hijos. Mendoza es Vendimia y el mundo tiene que saberlo.
Proyectar con énfasis la Vendimia
"Como propuesta de reflexión colectiva, sería importante debatir si efectivamente queremos que nuestra fiesta alcance dimensión planetaria como muchas veces se propone en los discursos y las alocuciones de los funcionarios. Si es así, pues hay que trabajar demasiado en solucionar cientos de pequeños aspectos que hacen que sea catalogada de esa forma."