Las internas en Estados Unidos dejan saludables enseñanzas

Hay ciertos elementos presentes en el proceso eleccionario de EE.UU. que pueden ser nutricios para nuestra propia democracia: oposición fuerte, partidos consolidados, debates basados en programas de gobierno, alta representatividad de las minorías, internas fuertes hacia adentro de los partidos y participación de independientes.

La jornada electoral en Estados Unidos, denominada a nivel mediático como el “Súper Martes”, ha mostrado algunas aristas que aparecen como nutritivas para análisis diversos y quizás para obtener algún tipo de enseñanzas.

Si bien los triunfos de la senadora demócrata de New York, Hillary Clinton y de su colega de Arizona, el republicano John MacCain, marca la tendencia que son noticia, ninguno de los dos puede endilgarse las características de lo definitivo en sus ventajas. En Estados Unidos, como vemos, no se da el concepto de que un candidato que ganó “a chicote alzado”.

Esto, claramente habla de una democracia más participativa que la que, a nivel electoral, se da en Argentina. Y de una oposición históricamente fortalecida. Allí, tanto los Demócratas como los Republicanos pueden perder una elección, pero nunca entrar en riesgo su estructura institucional. Es un panorama polarizado, es verdad, pero fuerte y cualquiera de los dos partidos que sube, sabe que el otro estará controlándolo.

Otra cuestión que impresiona de este proceso es la eficacia del debate como herramienta de conocimiento de los candidatos y sus posibles programas de gobierno. En Estados Unidos, si uno quiere enterarse de lo que piensan los candidatos, tiene que seguir los debates, porque son directos, fuertemente críticos, basados en ideas y, a la vez, respetuosos, elevados. En este país, se da otra característica a tener en cuenta: no importa cuán arriba den las encuestas a un candidato de otro: allí no se estila rehuir un debate.

Siguiendo con el análisis, este proceso pone al mundo de cara a una posibilidad excepcional vinculada con las minorías: por primera vez en su historia, el país del Norte tiene enormes chances de colocar en la presidencia a una mujer (apoyada fuertemente por los latinos) o a un afroamericano (naturalmente, impulsado por su etnia).

Del otro lado, Caín, aunque pertenece al mismo partido–cuyo gobierno viene en picada, aparece como uno de los más legitimados para oponérsele, pues ya lo hizo en 2000, cuando lo enfrentó. Su discurso, dentro de la línea de su partido, tiende a transmitir seguridad, bandera que ya parece haberle arrebatado al actual presidente de EE.UU. Es decir: hasta adentro del propio partido gobernante, las internas son fuertes y se conserva el sentido de la contienda democrática.

En síntesis:  que Hillary se perfile como la gran alternativa; Barack Obama es la esperanza y el cambio; John McCain es la renovación republicana y Bush, con su candidato Mitt Romney, el establishment político devaluado. Y dejemos un dato más como remota posibilidad de que el tablero político se vea modificado: el ex republicano y alcalde de New York, Michael Bloomberg, como buen millonario que es, podría pasar por encima de todas estas estructuras partidarias y presentarse como candidato presidencial de manera independiente.

Bien sabemos en Argentina que una democracia como la estadounidense tiene claros y oscuros que, de una u otra manera terminan impactando en nuestro diario vivir. Pues bien, en este caso, destacamos algunos aspectos que pueden servirnos a la hora de fortalecer institucionalmente nuestro sistema democrático.

Oposición fuerte, partidos consolidados, debates basados en programas de gobierno, alta representatividad de las minorías, internas fuertes hacia adentro de los partidos y participación de independientes son algunos de los elementos que nos pueden servir para mejorar nuestro propio sistema democrático.