Mendoza se está viendo particularmente conmovida con dos casos de muertes de niños que podrían haber sido evitados. Si lo mejor que somos como sociedad –manifestado a través de la inocencia infantil– es bastardeado directa o indirectamente es que estamos fracasando como organización.
Asimismo, los detalles cotidianos nos marcan que si estamos más preocupados por evitar situaciones de riesgo o de vulnerabilidad, que por ejercitar el cumplimiento de todos y cada uno de los derechos de los chicos, es porque desde hace, por lo menos varias décadas, no estamos trabajando como corresponde en pos del bienestar de los más pequeños.
Al respecto, la legislación también ha tenido su lenta evolución en la problemática. Pasamos de una vetusta Ley 10.903 que se apuntalaba en la internación para los casos de riesgo, a una un poco más moderna Ley 6.354 que estableció bases para proteger los derechos de los chicos. Actualmente, está en vigencia una Ley Nacional, la 26.061 (que aún no tiene correspondiente provincial) que estableció saludables bases para proteger los derechos de los niños.
La nueva letra transforma a los niños en sujeto de derecho. Antes, se los protegía casi individualmente, pero, en verdad, no había un mensaje claro respecto de que nuestros chicos tienen derechos y que esos derechos deben ser rigurosamente respetados.
Derecho a vivir, a tener casa, comida adecuada, educación, esparcimiento, seguridad; derecho a no trabajar, a no ser explotados ni violentados. Como vemos, si repasamos la agenda de la situación infantil en todos los niveles sociales, estaremos en deuda.
Aquí, lo importante es defender los derechos, porque si los derechos son conocidos y respetados por todos, pues no hará falta salir en defensa de casos de riesgo social particulares, pues todos los niños que atraviesan ese riesgo estarán contemplados bajo el paraguas del derecho.
Sin dudas, se trata de un proceso complejo y profundo que tiende a democratizar verdaderamente los espacios que involucran a la niñez y la adolescencia. Y cuando hablamos de espacios, hablamos de todos los espacios: es decir, todos los niveles sociales, porque en los padecimientos infantiles, los rangos económicos suelen ser secundarios.
Entrados en el tercer milenio, en Mendoza, decenas de miles de niños se hayan literalmente fuera del sistema. Lo que para ellos debiera ser habitual (que se cumplan sus derechos) no es habitual y muchas veces ni siquiera excepcional. El común de las familias de Mendoza aún no conoce en detalle los derechos que hay que proteger y respetar.
Hay mucho por hacer. Un camino larguísimo no aguarda y urge que todos, no sólo el Estado, transitemos el rumbo que la Convención Internacional de los Derechos del Niño nos marca. Es lo menos que podemos hacer por nuestros chicos.
Los niños, esa deuda pendiente
Entrados en el tercer milenio, en Mendoza, decenas de miles de niños se hayan literalmente fuera del sistema. Lo que para ellos debiera ser habitual (que se cumplan sus derechos) no es habitual y muchas veces ni siquiera excepcional. El común de las familias de Mendoza aún no conoce en detalle los derechos que hay que proteger y respetar.