El contundente triunfo del Frente Cívico en Santiago del Estero habilita a pensar que la Concertación Plural está vigente y tiene respaldo popular.
No hay en este punto determinismo histórico, tampoco es necesario afirmar que una victoria electoral con guarismos que superan el 80% para el candidato a gobernador exime de problemas a la idea.
No es una cuestión cuantitativa, la justificación de la necesidad de la Concertación no está vinculada a la performance electoral.
La Concertación es necesaria en tanto la democracia argentina adeuda la reformulación del sistema de partidos. Los partidos políticos argentinos responden a estilos, ideas, realidades sociales y sociológicas antiguas y que se extendieron en el tiempo debido, en buena medida, a los golpes militares recurrentes hasta 1983. Es decir, el sistema de partidos tenía validez en una democracia controlada, los golpes impedían la maduración y evolución del sistema, cada interrupción implicaba volver a fojas cero.
Desde el ´83 sin embargo el sistema aparece en permanente crisis y transformación pero no termina de alumbrarse lo nuevo.
Esta crisis sistémica no es un caso aislado. Los sistemas de partidos en casi toda América Latina se reformularon en los últimos años. Aún países como México en que existió un partido hegemónico por más de 70 años evolucionaron en este sentido.
El sentido de estos cambios apunta a una mayor homogeneidad ideológica de las fuerzas políticas.
La promesa implícita, y no tanto, durante el gobierno de Néstor Kirchner era construir esta opción que por contraste ordenaría el sistema.
Hay quienes leen la situación actual en el sentido de que varió el rumbo.
Quienes consideramos que la idea de la Concertación es útil, tenemos una pregunta prioritaria. No es, como algunos evalúan, que lo importante es saber qué quiere o qué hace Néstor Kirchner, sino que antes que nada es sustancial tener claro qué queremos o qué hacemos nosotros.
Y si nosotros queremos, realmente, organizar un espacio político plural en el rescate de las identidades, progresista en términos de libertades personales y derechos, reparador de la injusticia y la desigualdad, latinoamericanista en la concepción, entonces no podemos prescindir de los aportes que a estas causas ha hecho el kirchnerismo.
Por cierto, esto no asegura el futuro. Esto no alcanza para validar los métodos de construcción.
Ahora bien, ¿Cuál es el parámetro? ¿Diremos que un proyecto es disvalioso porque no nos resultan agradables algunos rostros que aparecen en la foto?
El parámetro es la naturaleza de las políticas que se formulan. La orientación general de la acción de gobierno. Este es el patrón que, entendemos, debe evaluarse. Y nos parece que sigue siendo positivo.
Pero el asunto, para nosotros, no es convertirnos en cronistas históricos, comentaristas de las acciones del gobierno. El asunto es incidir en procesos de disputa, en la discusión de la orientación. Y para ello, nuevamente, lo importante es lo que nosotros podemos construir, aportar.
La actualización de un proyecto de Concertación debe venir con una nueva agenda y en ella no puede estar ausente la reforma de la política. No en el sentido pacato y más frecuentemente escuchado, sino en términos de dar viabilidad a una actividad emancipadora. Sólo algunas de las preguntas a formularse en ese debate:
1.- ¿Es serio hablar de una democracia cabal con las reglas actuales del financiamiento político
2.- ¿Existen instancias deliberativas y democracia interna en los partidos?
3.- ¿Vamos a resignarnos a que todo circule en torno del narcisismo de los dirigentes políticos actuales?
4.- ¿Es posible una democracia de mayor alcance con el modo de funcionamiento de los medios masivos de comunicación?
Consideramos que el destino no está escrito de antemano, por eso tiene sentido intentar que los procesos políticos, sociales e históricos no se perviertan del modo que resulta más frecuente en nuestro país, por medio de su apropiación por parte de los poderosos para vaciarlos, sino que siguiendo en la misma línea hay que nutrirlos con la participación de la masa crítica ciudadana, que convencida se encuentra que las viejas y todavía no conseguidas reivindicaciones populares se obtienen a través de actos concretos, no en meras declamaciones excluyentes de lo real, que lo único que aportan es darle más pábulo a aquellos que insisten en trabajar para que la sociedad se preocupe mayoritariamente en la suerte, o sobretodo el patrimonio de los pocos enriquecidos o de “buena vida”, a expensas de grandes masas cada vez más excluidas.
¿Entonces las fuerzas de la Concertación se pueden concentrar exclusivamente en una postura exitista, al resaltar solamente un éxito electoral, en una provincia “no decisiva”? Estamos convencidos que la Concertación, amén de festejar el triunfo de Zamora en Santiago del Estero, debe conformarse, de una vez por todas, de un modo serio y coherente, a los fines de poder incidir en las políticas que el Gobierno Nacional lleva adelante para que no dejen de significar la reivindicación de viejas banderas olvidadas en roperos de lugares ya no visitados. Y en aquellos casos que evaluemos que este gobierno realiza actos que no condicen con lo consensuado en nuestro espacio, de la misma manera explicitaremos nuestra posición adversa a ello, con la misma fuerza y sostén.
En síntesis, construir espacios donde se pueda formular políticas progresistas, en nuestro país y en nuestra provincia, es ineludible, y a su vez, hoy por hoy, ello se encuentra mas allá de las estructuras partidarias tradicionales, motivo por el cual reivindicamos nuestra existencialidad.
Vigencia y necesidad de la Concertación
"No es una cuestión cuantitativa, la justificación de la necesidad de la Concertación no está vinculada a la performance electoral".