Macri con Cobos: no corresponde

Foto: NA
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Este fin de semana pude informarme acerca de contactos que existen entre hombres del cobismo y el macrismo para formalizar una alianza electoral de cara a las elecciones del próximo año.

La posibilidad de que este acuerdo electoral ocupe un lugar en el pensamiento de operadores cercanos al ingeniero, o peor aún que sea el propio Julio Cobos el que motive la intentona; me obligan a verbalizar lo que pienso y siento.  Por otro lado, la inexistencia de organicidad en el espacio político conducido por el Vicepresidente, me dispensa por hacerlo público.

La mayoría de los radicales, estén en el espacio político que estén, aspiramos a lograr incrementos en los niveles de vida, incluyendo mejor educación y salud, y no sólo aumentos en el PBI; procuramos un desarrollo sustentable, que incluya la preservación de los recursos naturales y el mantenimiento de un medio ambiente saludable; pretendemos alcanzar un desarrollo equitativo, para asegurar a todos los grupos de la sociedad, y no sólo a los de la cúspide, los beneficios del esfuerzo común; deseamos un desarrollo democrático, para que todos los ciudadanos puedan participar por múltiples vías en las decisiones que afectan sus vidas. Para nosotros, la pobreza y la desigualdad deforman la economía, socavan su competitividad y debilitan sus mercados; sin una disminución de la desigualdad y de la exclusión, entre otras cosas, la política y la democracia se encuentran permanentemente amenazadas y la cultura tiende a la elitización. Deseamos un Estado para ofrecer parámetros a partir de los cuales sea posible una convivencia dignificante, justa e igualitaria. Pretendemos dirigentes decentes y austeros e intelectualmente honestos para que nunca les falte autoridad moral.

Desde luego que este ideario es compartido por numerosas personas que se encuentran más allá de las fronteras de nuestro espacio político; con ellas hay que construir y acordar.

Por el contrario, no creemos en el Estado mínimo, ni pensamos que la pobreza y la desigualdad es el precio que se paga por la construcción del “progreso”.  No nos parece que, con la sola expansión económica vendrán las soluciones para los males sociales. Que bastaría operar en términos macroeconómicos para que ocurra la igualdad. Que es imposible partir la torta antes de que crezca. Que el desarrollo será un proceso inevitablemente cruel, inseparable de mucha sangre, sudor y lágrimas. No  subestimamos ni desvalorizamos la política, aborrecemos la mercantilización de la vida, y la difusión de ideologías que pregonan el individualismo y soslayan la solidaridad entre hombres y mujeres.

Creo señor Julio Cobos que insultaría su inteligencia si escribiera los nombres de las personas que en nuestro país viabilizaron las dolorosas políticas surgidas del “Consenso de Washington”.