Radicalización republicana y moderación demócrata

En la interna oficialista la mayoría de los candidatos esgrime un discurso ultraconservador y John MacCain es la llamativa excepción; mientras que entre los aspirantes opositores predomina el perfil moderado y la excepción es John Edwards, quien no ha arriado las banderas de Roosevelt y de Kennedy.

Dos tipos de votos claramente contrapuestos se debaten en las internas de los dos grandes partidos norteamericanos. Por un lado, en la elección del candidato prima la participación del militante y del activista, cuyo voto es altamente politizado, incluso ideologizado. Ergo, sostiene al precandidato más claramente identificado con la esencia ideológica del partido.

De este modo, la participación masiva del activista y el militante en los comicios internos, en su búsqueda de la posición purista,   promueve a los postulantes más radicalizados y rechaza por impuros a los moderados.

A esta tendencia hacia la radicalización se le contrapone la otra intención claramente dominante en este tipo de contiendas. O sea la  que busca con su voto no al candidato más puramente identificado con la esencia ideológica del partido, sino al que está en mejores condiciones de ganar la elección presidencial.

Si el aspirante que recoge el apoyo de la base militante y activista tiene un discurso duro y radical, su contracara es el moderado que  tiene un discurso que atenúa los rasgos partidarios porque busca conquistar al votante extra partidario, resultando incluso aceptable al electorado del partido rival.

Si en la interna se impone un postulante moderado, como candidato en la campaña presidencial no alterará su discurso. Por el contrario, quien logra la postulación con un discurso purista y radical luego debe moderarse, porque para ganar la presidencia necesitará, inexorablemente, el voto de los independientes y de una parte del electorado rival.

                            Los unos y los otros

En Iowa y New Hampshire quedaron definidos los dos perfiles contrapuestos tanto en el bando demócrata como en el republicano. La diferencia está en las cantidades de unos y otros en cada partido.

En la vereda demócrata, los primeros dos estados definieron claramente a los tres precandidatos que protagonizarán el resto de la contienda en los 48 estados restantes. Se trata de Hillary Clinton, Barak Obama y John Edwards.

De los tres, Edwards es el que esgrime el discurso purista dirigido al militante y al activista. Por eso es el más acérrimo enemigo del establishment de las grandes corporaciones empresarias y el más duro crítico de las desigualdades acentuadas en la sociedad norteamericana desde el gobierno de Ronald Reagan en adelante.

El ex compañero de fórmula de Al Gore propone, sin medias tintas,  una lucha frontal contra el calentamiento global y una posición favorable a los sindicatos en sus pulseadas con el gran empresariado. En síntesis, las propuestas de John Edwards resaltan una idea económica inspirada en la New Deal de Franklin Roosevelt y en las políticas sociales impulsadas por John Kennedy y aplicadas por Lindon Johnson.

En otras palabras, Edwards es el precandidato de la izquierda demócrata; mientras que Clinton y Obama están compitiendo por conquistar el centro.

En los dos primeros estados, el discurso con que Obama ganó Iowa y con que Hillary ganó New Hampshire buscó la moderación. En este terreno, el joven senador tiene una ventaja sobre la ex primera dama: por ser negro y joven arrastrará el voto demócrata más purista y apegado al cambio, sin necesidad de recurrir a una radicalidad discursiva que luego tendría que atenuar para disputar la presidencia.

El hecho es que los demócratas tienen dos moderados y un radical como protagonistas principales, y los moderados llevan claramente la delantera.

Por el contrario, en el terreno republicano predominan los postulantes radicales (en varios casos extremistas), que esgrimen un discurso ultraconservador, moralista, religioso y militarista; o sea más apegado al gobierno de George W. Bush.

De momento, los exponentes más acompañados por las bases republicanas son Romney y Huckabee, quienes como el grueso de los precandidatos proponen, sin sonrojarse, la deportación masiva de los inmigrantes indocumentados y cosas por el estilo.

Huckabee, el pastor que gobernó Arkansas con la Biblia en la mano, se impuso en Iowa, mientras que el millonario y recalcitrante Mit Romney, exponente del loby armamentista y de las grandes corporaciones a las que enfrenta el demócrata Edwards, logró un segundo puesto en las dos primeras pruebas que lo mantiene en pié para el resto de la contienda.

Pero el dato relevante fue el triunfo de John MacCain en New Hampshire. El viejo senador de Arizona también ganó en ese estado cuando enfrentó a Bush en las primarias del 2000. Por entonces ya representaba al republicanismo liberal, claramente opuesto al conservadurismo religioso que terminó proclamando a Bush.

Hoy sigue representando esa posición más abierta y menos moralista y recalcitrante. Lo demuestra con un discurso en el que sutilmente desliza contra la administración Bush la acusación de haber actuado desde posiciones extremistas, por responder a los designios de la industria armamentista y de las empresas ligadas al vicepresidente Dick Cheney que monopolizaron el negocio de la reconstrucción de Irak.

Mac Cain sigue siendo un republicano diferente, en todo caso más apegado al legado de Abraham Lincoln y más independiente respecto a los intereses de los grandes grupos económicos.

En la interna republicana, MacCain representa la moderación. Es el único caso ya que Rudolph Giuliani (que también es del ala liberal del conservadurismo), en lo que va de campaña ha mantenido un discurso duro como el de los demás aspirantes a la candidatura oficialista.

Faltan demasiados estados como para que ya pueda vislumbrarse el final. Pero lo que muestra este primer tramo es que Mac Cain, el único postulante centrista del Partido Republicano, es quien estaría en mejores condiciones de pelear la presidencia. Sobre todo porque la trilogía demócrata que se perfiló en Iowa y New Hampshire (Clinton, Obama y Edawrds) ostenta  mucha más personalidad y capacidad intelectual.