La decisión acelerada de la Reserva Federal de EE.UU. de bajar muy fuertemente las tasas mostró dos elementos fundamentales: por una parte, que la crisis tiene una profundidad mayor a la que el mismo mercado le temía y, además, que los operadores están dispuestos a aprovecharla pero son conscientes que no sirve para solucionar el problema de fondo.
El sistema americano ha venido repitiendo crisis, pero hasta fines del siglo XX aguantaba porque su hegemonía no estaba en discusión. Pero el mundo cambió y el modelo norteamericano se sigue manejando con parámetros de lo años `60.
El problema es cada crisis fe mostrando distorsiones más agudas en las conductas de los operadores, mientras los organismos de control mantiene la misma pasividad que tenían en épocas en que la velocidad de las comunicaciones era mucho menor.
Desde la crisis del Nasdaq, a fines de los `90, era posible apreciar que había un enorme flujo de capitales que jugaba con el sistema. Una estructura nacida del cuño del monetarismo, que dio el marco ideológico para permitirles a todos los gobiernos cualquier aberración en materia de gasto público y emisión de moneda y deuda, que después sería cubierto con artificios regulatorios.
Los operadores aprendieron dichos mecanismos y se dedicaron a jugar. Cada vez que perdían, les pedían su intervención a los organismos de regulación para que los ayuden. Cuando se produjo la crisis argentina en 2001, un funcionario norteamericano declaró que no ayudarían financieramente a nuestro país porque “no era justo que la crisis de irresponsabilidad la pagaran los plomeros de Minessotta”.
Una frase similar se le ocurrió pronunciar al actual presidente de la Resera Federal cando estalló el problema de las hipotecas en julio pasado, para justificar que bajaría las tasas en la intensidad que le pedía el mercado. Hoy Bernanke es el enemigo de Wall Street, a pesar de haberse asustado y sobre el final haber atendido los pedidos de los especuladores.
La rebaja de tasas es notoriamente inmoral y una medida que no soluciona el problema estructural, que tiene que ver con los déficit, tanto fiscal como de cuenta corriente, originado en las aventuras guerreras que el presidente Bush inició en Afganistán e Irak después del atentado contra las Torres Gemelas.
El “efecto jazz”, como fue bautizado por la presidenta Cristina Fernández, tiene otra connotación: es la primera gran crisis de los últimos 70 años que no se origina en un país emergente sino que tiene su causa en el país más desarrollado y por vicios propios de su sistema.
Dado el peso que la economía estadounidense tiene en el mundo actual y el rol del dólar como moneda internacional de cambio, esta crisis complica el juego a todos los países. No obstante, muchos bancos centrales comenzaron en los últimos cinco años a tener menor cantidad de dólares en sus reservas. Hasta septiembre pasado, el 63% de las reserva mundiales eran dólares (71% en 2006), pero en diciembre el indicador bajó al 60,2%.
Todo el sistema estaba basado en reglas morales, basadas en la estructura de valores heredadas de la cultura protestante. Hay organismos de control y sistemas dispuestos para verificar el estricto cumplimiento de la ley. Hoy vemos que esas bases morales están quebradas. Claramente, no funcionaron ni los controles privados (empresas de auditoría, calificadoras de riesgo) ni los controles estatales (la SEC, que controla los mercados de capitales, o la FED, que controla al sistema financiero).
Lo de las hipotecas es solo una anécdota más, pero las muestras más flagrantes de la decadencia moral del imperio se comenzaron a mostrar en el Nasdaq, siguieron con Enron y World Com, ahora las hipotecas y mañana será otra.
Es que la baja de tasas ha sido un premio para los especuladores una señal de pueden seguir jugando, total el costo de la crisis lo pagarán los plomeros de Minessotta, que ya están acostumbrados. Esta baja de tasas es la cimiente de una nueva crisis, que ya se reproducen en periodos cada vez más cortos.
Mientras esto ocurre, el virus se les metió dentro del sistema. Hoy las empresas americanas están siendo compradas por fondos de inversión cuyos capitalistas son estados del medio Oriente y del sudeste asiático. Una penetración silenciosa que puede hacer peligrar los conceptos más básicos de soberanía, según razonas algunos expertos.
Hace algunos años se cayó el Imperio Romano a pesar de su poderío económico y militar. Y la causa fue el resquebrajamiento moral que minó las bases mismas del sistema. Hoy Estados Unidos está repitiendo la fórmula. Si se cayó el Imperio romano, Estados Unidos puede correr la misma suerte.
El efecto “jazz”: una crisis más grave de lo que parece
La crisis económica de EE.UU. obedece a causas más profundas que las hipotecas basura. El sistema estructural se ha llenado de vicios que terminaron carcomiendo las bases más sólidas que tenía el sistema. Hoy ha perdido la confianza y ese puede ser comienzo del fin del imperio.