El MEDH Regional Mendoza quiere explicar a la ciudadanía, en especial a los jóvenes, los pormenores de una controversia que se ha planteado en estos días. Entre el Ministro de Seguridad del nuevo Gobierno y los organismos de Derechos Humanos con relación a su designado Subsecretario de Seguridad, señor Rico, a quien no aceptamos.
Empezaremos por el principio.
En la década del 70 por casi toda América Latina soplaban vientos de rebelión, reclamos populares por reivindicaciones laborales y estudiantiles con trasfondo político pues se impulsaban cambios estructurales. Argentina produjo grandes movimientos de masas en lucha. Surgieron asimismo grupos afines a la lucha armada. Mendoza no fue ajena a esta fuerte corriente.
El poder económico y político organizó su respuesta, se propuso hacer tronar el escarmiento y entregó la suma del poder público a los más duros, a las fuerzas armadas.
El 24 de marzo de 1976 las radios nos transmitieron a la madrugada, el comunicado nº 1. Hacía unas horas que el preludio era una música lúgubre sin información ni propaganda comercial.
Se estaba instalando el terrorismo de Estado.
Esa noche, en Mendoza, hubo una razzia preventiva: todo aquel que pudiera hacer oír su protesta fue detenido sorpresivamente y allá fueron al Casino de Suboficiales las mujeres y al Liceo Militar los hombres: el Gobernador depuesto con sus hijos, el Gobernador interventor con los suyos, periodistas, dirigentes sindicales.
Asegurado el silencio de los notables de la sociedad, se lanzaron a las calles los grupos de tareas. Los GT, GT1, GT2, COT, todo siglado, cifrado, lenguaje ajeno al idioma usual de la gente. Mendoza, una ciudad ocupada rodeada por ciudades ocupadas a lo largo y ancho del país que había dejado de ser Nación. Un clima asfixiante y ningún lugar a donde ir.
Los CCD (centros clandestinos) se llenaron de DTS (delincuentes terroristas subversivos) que a veces pasaban primero por los LRD (lugares de reunión de detenidos) y las noches se poblaron de autos sin patente, de capuchas, de hombres semidisfrazados que derribaban puertas y arrastraban a hombres y mujeres a un destino que ya no dependía de ninguna otra ley que no fueran las circulares militares con las que se había planificado la masacre. Las consignas: eliminar a la subversión, los cuerpos no se entregan.
Todo esto ocurrió, aunque algunos mayores lo hayan olvidado o hayan sido cómplices, aunque muchos jóvenes no hayan conocido esta tremenda parte de nuestra historia.
Se llamó terrorismo de Estado, duró siete años. Aquellos CCD, aquellos secuestros, aquellos LRD, aquellas torturas, aquellos enterramientos clandestinos, fueron realizados por las manos de hombres que tenían nombres y apellidos, grados militares y policiales y la firme determinación de cometer los delitos que cometieron amparados por la impunidad.
Impunidad que todavía conservan por acción como las leyes de punto final y obediencia debida, o por omisión como la indiferencia o el error ciudadano. Son baches, huecos de la Democracia.
Errores tan graves, que hubo represores de primera línea (secuestradores, torturadores, interrogadores) a cargo de la instrucción y formación de los nuevos policías, en nuestra incipiente democracia.
El 10 de diciembre de 1983, los argentinos salimos del terrorismo de Estado y entramos a una nueva etapa de construcción de una Nación, regida por leyes que deben crecer en calidad, enmarcadas en las Convenciones que acuerdan las Naciones del mundo para que todos tengamos derechos a los cuales apelar. En 1984, Nunca Más, dijimos la mayoría, y lo estamos cumpliendo.
Recientemente volvimos a elegir gobernantes, por sexta vez consecutiva. A los mayores que hemos vivido reiterados golpes de Estado nos parece el mayor logro de nuestras vidas ciudadanas.
Los organismos de defensa de los Derechos Humanos nacimos en medio de la tragedia, como una mano que se tiende y como muchas manos que se unen en medio de la desgracia. Nos sentimos orgullosos por eso, y por nuestra consecuencia en el camino y en la tarea. Entre todos, hemos puesto en manos de la Justicia Federal que investiga los delitos de lesa humanidad cometidos durante la vigencia del terrorismo de Estado, la investigación de las identidades de los desaparecidos, de los hechos en que fueron secuestrados, de los tormentos padecidos en los CCD, de las muertes ocurridas en esos siniestros lugares bajo siniestras manos de siniestros funcionarios. Aunque luego hayan ocultado los cuerpos en su visceral cobardía.
Nuestra vida en la comunidad ha demostrado que no queremos venganza, recurrimos a la Justicia y no a acciones directas sobre los asesinos.
La Justicia dirá sus mejores palabras, porque así lo amerita el tema que tiene entre manos, histórico en lo jurídico y en lo humano.
Si desde el Ministerio de Seguridad del nuevo Gobierno mendocino, el desafío a los organismos es polemizar, lo lamentamos. Nuestro proyecto es aportar. No creemos que la ciudadanía quiera entregarles por la ventana, el poder que les quitó a los represores por medio de la sentencia de la Causa 13 (en la que se procesó a los comandantes de las tres juntas militares) y numerosa jurisprudencia sentada desde entonces.
La Democracia se construye día a día, paso a paso, y con ella la paz social que la mayoría queremos porque hemos optado por la vida. Cuidado, la antidemocracia también se construye paso a paso si nos aliamos a los que optaron por la muerte como “solución final”.
Cuidado. Nunca Más.
"La democracia se construye y la antidemocracia también"
El Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos Regional Mendoza explica a la ciudadanía, en especial a los jóvenes, los pormenores de una controversia que se ha planteado en estos días entre el Ministro de Seguridad y los organismos de Derechos Humanos "con relación a su designado Subsecretario de Seguridad, señor Rico, a quien no aceptamos".