Los enojos del presidente Kirchner

El periodista Pepe Eliaschev hace una análisis sobre la situación actual que está viviendo el primer mandatario, que está librando una batalla muy dura contra la inflación, lo que procupa en demasía al Gobierno Nacional.

Foto: web
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El Gobierno comprueba impotente cómo el reconocimiento de una enfermedad maligna, la inflación, hizo metástasis en el eje nervioso del oficialismo.

En uno de sus casi mensuales viajes a ciudades ricas del mundo, el presidente del Banco Central dijo justo lo que el matrimonio Kirchner no quiere escuchar. Nada nuevo: Martín Redrado dijo el secreto menos clandestino de la historia. La Argentina padece hoy inflación fuerte y con tendencia a crecer.

Gatilló así un debate sobre la evolución de los precios. A 45 días de la primera vuelta presidencial, la oposición confrontó al Gobierno con argumentos irrebatibles.

Redrado admitió "profunda preocupación" por los precios. Previsible, Néstor Kirchner caminó por las paredes y deambuló por los cielorrasos.

Justo a él viene a pasarle, sostenedor, como es, de que un presidente de banco central no debe, ni puede, tener autonomía del poder político.

El Presidente llamó a Redrado a Londres, aunque cerca de Redrado, previsiblemente, lo desmintieron.

Redrado no inventó nada. Kirchner intervino en enero al INDEC y desde ese momento los datos oficiales del Instituto sobre costo de vida se convirtieron en mamarracho.

Lo haya sabido o no, el ex "niño dorado" mediático de las finanzas le dio visibilidad enorme a un tema explosivo, en plena disputa electoral. Kirchner no se lo podía perdonar.

Sin embargo, el pobre Redrado no cometió pecado capital: la inflación es hoy vigorosa en la Argentina. Negarla es de una torpeza incomprensible.

El jefe del Central habla de "coordinar" políticas con el Poder Ejecutivo, en obvia alusión que eso es hoy una entelequia, al menos con Kirchner y personajes como Guillermo Moreno.

Más allá de los resultados del 28 de octubre, hasta el más bisoño estudiante de economía sabe que la presión de los precios no se desactiva mágicamente y que sería suicida esperar hasta el fin del mandato de Kirchner, el 10 de diciembre, para adoptar medidas serias y sabias sobre el tema.

Aunque Redrado haya pretendido licuar el azote inflacionario argentino englobándolo en un problema mundial producido por el aumento indetenible del precio de materias primas (commodities) que, como la soja, mantienen a este país, la cuestión es bastante más espinosa.

Hay una verdad imponente: hay inflación, su incidencia es gruesa y las perspectivas no son optimistas.

Al imitar al Presidente, que todo lo explica desde la teoría de que la Argentina sufre "las tensiones del crecimiento", el impávido jefe de Gabinete, Alberto Fernández, se propuso desdramatizar el tema: la suba de precios, barruntó, es "el costo a pagar por el fuerte crecimiento de la economía".

Desde la oposición, Roberto Lavagna asegura algo que cualquier ama de casa sabe: la inflación trota con energía al 20 por ciento anual. Lavagna asegura que es urgente que el Gobierno tome conciencia del riesgo que representa el crecimiento inflacionario, "y se olvide un poco de las elecciones y haga las cosas que tiene que hacer".

Lavagna propone enfrentar el problema con "un programa que sea diseñado de manera coherente y luego ejecutado de manera simultánea".
Ricardo López Murphy apeló a sus conocidas pasión por el sarcasmo: "que el presidente del Banco Central se asuste por la tasa de inflación es como ir al médico y que el médico se asuste por su estado de salud, con médicos así no hay paciente que aguante".

Si el Presidente se enfureció con los prudentes pero firmes comentarios de Redrado, al punto de retarlo por teléfono, eso explica que el economista, que en los años Noventa acompañó con vigor a Carlos Menem, se haya visto obligado a arruinar sus días londinenses con una aclaración: "Todos los presidentes de bancos centrales del mundo están preocupados por la inflación", se excusó tibiamente.

"No debió decir eso en un foro internacional en plena campaña", se afirma que clamó, amargado, Kirchner, en una exasperada charla con Alberto Fernández en la Casa Rosada.

Sucedió lo inaudito: hasta el irrelevante gobernador mendocino, Julio Cobos, admitió la peste del alto costo de vida y hasta pidió cambios en el INDEC.

Candidato a vicepresidente de la Nación en el binomio que encabeza Cristina Fernández de Kirchner, Cobos no puede ignorar que la destrucción del INDEC es obra de Guillermo Moreno.

Y Moreno es Kirchner. El Presidente lo suele homenajear como "un muchacho muy trabajador".

¿O habrá que volver al lenguaje montonero de los ’70, cuando los insurgentes decían que el "viejo" (Perón) estaba cercado por el "brujo" (López Rega)? Kirchner tiene hoy 20 años menos que los que tenía Perón cuando sus seguidores en armas lo creían "cercado". Redrado habló en un foro mundial organizado por la reconocida publicación británica Euromoney. La Casa Rosada opina que Redrado quiso mostrar su independencia como autoridad monetaria para proteger su carrera profesional, más allá de quien devenga presidente en diciembre.

Como tiene cuatro años más de mandato al frente del Central, una entidad autárquica, sacarlo como presidente solo puede ser consumado por el Congreso.

Pero, ¿qué dijo Redrado en Londres que hizo tanto ruido en la histérica Buenos Aires?

"El Banco Central está profundamente preocupado por el nivel actual de la inflación en la Argentina. No hay motivos para la complacencia. Se debe mantener un continuo buen trabajo entre las políticas fiscales, salariales, monetarias y de la competencia para hacer avances en los próximos años". Eso afirmó.

Si para el INDEC, la inflación del último año es del 8,7 por ciento, observadores serios y la gente de carne y hueso que compra fruta, verdura, carne y otros alimentos, así como los usuarios de multiplicidad de servicios no regulados, constatan que el nivel de la inflación arranca en el 16 y llega al 20 por ciento.

Desde Londres, donde recibió el ultimátum de Kirchner, Redrado intentó enseguida reducir los perjuicios. 
Dijo que los precios son "una preocupación de todos los banqueros centrales del mundo, desde la India hasta Chile. Es un tema de permanente discusión en todas las reuniones, en particular, acerca de las respuestas que debemos dar a este nuevo fenómeno".

Y remachó: "Hay quienes creen que éste es un factor transitorio, mientras que nosotros observamos cambios estructurales en la economía mundial que pueden darle un carácter de permanente".

¿En qué se equivocó políticamente Redrado? En el sistema Kirchner, nadie habla de nada sin pedir permiso y sin recibirlo. 

El Gobierno conoce su dolencia profunda, la inflación, y está convencido de que negarla es como curarla. Redrado dijo desde Londres que el rey estaba desnudo. No puede pretender que lo quieran quienes lo designaron.

La inflación, además, lastima en las grandes ciudades y es en ellas donde pierde Kirchner: Capital Federal, Rosario y Córdoba son gobernadas por intendentes opuestos al Gobierno.

Hasta ahora, Cristina Kirchner no se ha desmarcado del dogma oficial ni es probable que lo haga en el corto plazo. Cuando le preguntaron por el costo de vida en IDEA, su comentario fue poco afortunado: justificó el manoseo del INDEC recurriendo a la gaseosa teoría conspirativa de que los tenedores de bonos quieren cobrar el plus asociado al CER (prebenda que les regaló Kirchner).

Pero si algo tangible y evidente aportó Redrado fue que la Argentina carece hoy de autoridades monetarias verdaderamente libres para funcionar en temas de extraordinaria delicadeza, que no pueden ser toqueteados con groseros mandobles políticos.

La verdad es que el Banco Central hace por lo menos dos años que sigue sin chistar las órdenes de la Casa Rosada, algo evidenciado en que la tasa de interés sigue desde atrás a la inflación, lo que azuza el consumo, alienta la demanda y estimula el aumento de los productos.

El candidato a presidente de la coalición Una Nación Avanzada (UNA) no duda de que la inflación real ronda el 20 por ciento.

Peor, aun: Lavagna alertó que el índice de costo de vida "se acelerará aún más durante el último trimestre" y sostuvo que "si el Presidente hubiera tomado conciencia (de este problema) en marzo, tendríamos 12 por ciento de inflación ahora".

Negar la realidad es peor que mentir. Significa ignorar. No se triunfa desconociendo.

Destacados:
1. Martín Redrado dijo el secreto menos clandestino de la historia. La Argentina padece hoy inflación fuerte y con tendencia a crecer.
2. Kirchner intervino en enero al INDEC y desde ese momento los datos oficiales del Instituto sobre costo de vida se convirtieron en mamarracho.
3. El pobre Redrado no cometió pecado capital: la inflación es hoy vigorosa en la Argentina. Negarla es de una torpeza incomprensible.
4. En los ’70, los insurgentes decían que el Perón estaba cercado por el López Rega. Kirchner tiene hoy 20 años menos que los que tenía Perón cuando sus seguidores en armas lo creían "cercado".
5. ¿En qué se equivocó políticamente Redrado? En el sistema Kirchner, nadie habla de nada sin pedir permiso y sin recibirlo.