El Partido Justicialista se apresta a retomar el poder en la provincia después de 8 años de gobierno de la Unión Cívica Radical.
A horas de la asunción, los ciudadanos no conocemos los nombres de quienes van a conducir la Provincia, ni muchos menos las ideas principales y los proyectos que se emprenderán en el futuro gobierno.
El gobernador electo está en todo su derecho de no informar sus planes a los ciudadanos, y quizás pueda verse en esta decisión una dosis de inteligencia política y hasta de fortaleza de carácter en esta actitud. Pero a esa altura parece que hay también una indisimulable dosis de improvisación.
Los primeros meses de gobierno son definitorios para toda la gestión y todo parecería indicar que, por los gestos hasta ahora dados, el Justicialismo no se ha preparado adecuadamente para gobernar.
Esto no es nuevo. Ya le sucedió a Mendoza en las otras transiciones y con otros partidos. Muchos funcionarios aprendieron cómo funciona el mundo y qué es lo que pueden y no pueden hacer recién cuando los nombraron. Y lo aprendieron a costa de los bolsillos de los ciudadanos. Por ello, hoy escuchamos cómo muchos ministros y subsecretarios -a días de dejar su cargo- nos cuentan los maravillosos planes estratégicos que han hecho en los últimos cuatro años y que dejan como valiosa herencia al futuro gobierno.
Un gobierno eficaz exige mucho más que buenos ministros. Hacen falta decenas de funcionarios altamente calificados, con conocimientos específicos de cada área. Es evidente que esos equipos parece que no están preparados hoy para gobernar. ¿O es que acaso aparecerán de un día para otro?
Quienes se acercaron a los famosos ¨equipos técnicos¨ de la campaña, hoy no saben a qué atenerse, ni están trabajando concretamente para hacerse cargo del gobierno en los próximos días.
Muchos de los futuros funcionarios se van a sentar en sus despachos sin saber qué hacer ni tener la información precisa de la herencia que reciben. Y esto será una enorme pérdida de tiempo para la futura gestión, pues todo pareciera indicar que no hay equipos preparados para tomar el control del gobierno. El caso del Ministerio de Seguridad, donde se habría ofrecido el cargo a un dirigente de otro partido, es una clara muestra de la improvisación y falta de trabajo previo, mas allá de las calidades profesionales –que no discutimos- de las personas involucradas.
Los partidos políticos deberían jugar un rol clave en la democracia mendocina como generadores de debates centrales en la sociedad y formadores de líderes y técnicos capaces y preparados para gobernar.
Si el Justicialismo hubiera aprovechado estos 8 años para convertirse en un partido moderno y no una cáscara vacía interesada en las internas, hoy sería muy distinta la transición. Pero está claro que la realidad del partido de Perón está lejos, muy lejos, de estos objetivos.
Por ejemplo, si se tratara del área de economía o producción, el PJ podría haber generado intensos debates sobre la inserción de Mendoza en el mundo, sobre las prioridades y los objetivos alcanzables por la provincia en los próximos años. ¿Hay que continuar con el trabajo que se hizo en China?, ¿o es mejor concentrarnos en otros países y mercados? ¿Cómo será la relación con Brasil y Chile en los próximos años? ¿La estructura impositiva promueve el crecimiento o hay que cambiarla? Lo mismo debería haberse producido aun con mayor profundidad en áreas como seguridad, políticas sociales, educación o salud.
Con objetivos e ideas claras, y con profesionales formados y conocedores de la realidad mundial, nacional y provincial, todavía le quedaría al Justicialismo la muy difícil tarea de tomar el control concreto del gobierno, y convertir las ideas en programas con metas especifícas, organización, responsables, recursos y procesos adecuados, para que aquellas ideas debatidas y priorizadas se hicieran realidad.
Pero está claro que nada de esto se ha hecho. Muchos funcionarios se van a sentar en sus despachos a pensar qué hacer.
El gobernador electo es un hombre formado, que ha tenido conocimiento de cómo funciona el mundo y ha mostrado una experiencia valiosa como intendente y posteriormente, senador nacional. El PJ además ha gobernado muchos municipios y cuenta todavía con muchos cuadros formados en los gobiernos de los ‘80 y los ‘90. Y por suerte en Mendoza hay muchos ciudadanos independientes capaces, que podrían colaborar.
Pero la carencia de equipos serios y formados es evidente. A esta debilidad enorme de los partidos políticos, los mendocinos la vamos a sufrir bajo la forma de menor calidad de vida y menos posibilidades de crecimiento de las que hubiéramos podido tener, si la democracia mendocina y sus partidos funcionaran mejor.
El gobernador que viene: transición, silencio y duda
Una mirada de la transición y del particular silencio que ha rodeado las decisiones del gobernador electo. Este ambiente de estricto mutismo puede ser evaluado como un estilo de concentración del poder y las decisiones, o por el contrario, una muestra de debilidad ante la falta de ideas y equipos para encarar la dificilísima tarea de llevar adelante con éxito un gobierno.