Históricamente, los grandes cambios sociales han encontrado en la juventud a un gran aliado. El necesario componente de idealismo, pero también de audacia que requieren las transformaciones sustanciales, hacen que ninguna de ellas pueda efectivamente realizarse si los jóvenes no las hacen propias y las sostienen.
Sin ir más lejos, gran parte del actual proyecto político que lleva adelante el matrimonio Kirchner es el resultado de la construcción de ideales de una generación que hasta tuvo la osadía de enfrentarse con su propio líder cuando consideró que el camino se había trastocado, o que la influencia sindical con su obsecuencia y sus vicios había desviado el norte del movimiento.
Sin embargo, no es el único ejemplo. Tanto en América como en Europa, el rol de la juventud ha gestado movimientos sublimes capaces de advertir sobre la necesidad de los cambios. La reforma universitaria de 1918, o el mayo francés de cincuenta años después son sólo dos momentos casi al azar en el que los jóvenes trocaron de rebeldes a ciudadanos, para dejar de protestar y comenzar a ejercer sus derechos.
Siempre las modas tienden a poner a los jóvenes no sólo como inconformistas, sino también como desinteresados, desapasionados y descomprometidos. Algo de eso puede ser cierto, pero en todo caso tales indicios no son condenatorios de las nuevas generaciones y por cierto, no los hacen diferentes de otras que los precedieron o que los sucederán.
Por estos días de recambio institucional en el país vale recordar que la misión de engrandecer el país y la provincia, y con ello, nuestra propia sociedad, también le pertenece a los jóvenes. Y no crean que es nuestra misión convocarlos a utopías inciertas.
Por el contrario, lo único que pretendemos es alentarlos a afianzar su vínculo con el bien común, con la preocupación de la discusión de mejores condiciones para todos. Queremos más jóvenes involucrados, queremos más jóvenes participando de la política, pero también de la cultura, de la economía y de la ecología. Queremos jóvenes que no sólo estudien para tener un título y un buen pasar, si no también para pensar más inteligentemente nuevas soluciones para viejos problemas. Queremos jóvenes líderes capaces de encauzarnos e introducirnos en el complejo mundo de hoy, que comprendan sus códigos, pero también que no se pierdan en sus laberintos.
Queremos, en definitiva, que ellos sean los perfectos motores del cambio. Que no los asuste ni el pasado ni el porvenir; que les gane la pasión y las ganas de construir un país mejor. Es tanto lo que hay por hacer y es tan grande el desafío que nadie podrá concretarlo sin el empeño de los jóvenes.
Ellos no sólo son rebeldía y vértigo, son extensiones de vida en estado puro y no habrá pecado mayor para nuestra sociedad que no aprovechar su ímpetu y su pujanza, algo así como las necesarias vitaminas para una sociedad por momentos adormecida.
Un llamado a la participación de los jóvenes
Por estos días de recambio institucional en el país vale recordar que la misión de engrandecer el país y la provincia, y con ello, nuestra propia sociedad, también le pertenece a los jóvenes. Pretendemos alentarlos paraa afianzar su vínculo con el bien común y las mejores condiciones de vida para todos. Queremos más jóvenes involucrados, queremos más jóvenes participando de la política, pero también de la cultura, de la economía y de la ecología.