Asambleas constituyentes en el siglo XXI

Este sociólogo mendocino nos ilustra: "Las propuestas de llevar a cabo las Asambleas Constituyentes en países como Bolivia, Ecuador, Venezuela y Nicaragua, tienen el fuerte propósito de refundar las naciones y crear un nuevo ordenamiento jurídico, político y económico que permita el ejercicio efectivo de una democracia social y participativa".

Las Asambleas Constituyentes que se vienen desarrollando en algunos países de América Latina, obligan a reflexionar sobre la importancia histórica que tuvieron los acontecimientos fundacionales de la región durante los procesos de independencia del siglo XIX.

En la era de la globalización mundial, aún resurgen desde las entrañas de América Latina las figuras de Bolívar, Artigas, Belgrano o Moreno, las resonancias de la Asamblea del Año XIII, de las Juntas Populares o, inclusive, los antagonismos sociales propios de las desigualdades de nuestros países.

Las propuestas de llevar a cabo las Asambleas Constituyentes en países como Bolivia, Ecuador, Venezuela y Nicaragua, tienen el fuerte propósito de refundar las naciones y crear un nuevo ordenamiento jurídico, político y económico que permita el ejercicio efectivo de una democracia social y participativa.

Salvando las indudables diferencias históricas e ideológicas, podemos decir que hoy presenciamos en algunos aspectos ciertas experiencias que asemejan y reivindican los sucesos de 1810 en Sudamérica. Si la historia misma de nuestros pueblos encarna una larga lucha que siempre es retomada para proseguir los intentos de emancipación, no está de más entonces volver sobre el pasado para conocer más a fondo el contenido de muchas de las realidades que hoy se sobrevienen en América Latina.

Para la vieja fábula escolar, aquel histórico Cabildo Abierto fue una reunión de "la gente decente", de "los vecinos respetables" de Buenos Aires que deseaban la independencia de España. Sin embargo, el Cabildo Abierto encarnó una alianza de las fracciones más rebeldes de Hispanoamérica que arrastraban a las masas populares con el objetivo de instaurar la independencia en todo el continente sudamericano frente al peligro de la imposición del poder francés y la restauración del absolutismo español.

La "Revolución de Mayo" se produce en abril en Caracas, en mayo en Buenos Aires, en setiembre en Santiago de Chile y México, y antes, en 1809 un frustrado intento en La Paz. Es decir, forma parte de un proceso donde, entre 1809 y 1811, toda América hispana se levanta. Y se levanta con una fuerte participación popular.

Llamémosle revolución democrática burguesa, llamémosle revolución de liberación nacional, llamémosle revolución modernizadora, lo cierto es que fue un salto de la sociedad latinoamericana a nuevas formas de participación popular, crecimiento económico, distribución del ingreso, derechos del trabajador, etc.

Cuando España es invadida por los ejércitos franceses, se alza el pueblo español un 2 de mayo de 1808. Así, se crean las organizaciones regionales con el nombre de "Juntas" que coordinan una dirección nacional en la Junta Central de Sevilla.

Cuando las juntas populares se organizan en la Junta Central de Sevilla, una de sus primeras medidas fue considerar que las tierras americanas no son colonias sino provincias; e incluso hay comunicados señalando que se deben expulsar a los virreyes y darse juntas populares como en España. La revolución española se prolonga en Hispanoamérica y la de Mayo es un momento de la revolución hispanoamericana.

Pero si el espíritu de la España de las Juntas (en oposición a la España de La Corona, la España Negra) inundó estos territorios, ya no bastaba mantenerse expectantes respecto de los cambios producidos en la península, sino que era necesario procrear un movimiento emancipatorio propio y de rasgos compatibles al continente criollo.

Esto conduce en América a organizarse en "Juntas" para constituir un poder popular capaz de hacer frente a la dominación francesa y al absolutismo español que amenazaba con renacer. Así, el frente nacional avanzó exigiendo la convocatoria a un Cabildo Abierto para proceder a expulsar al virrey y nombrar un nuevo gobierno que sea expresión de la voluntad popular, donde intervienen españoles, criollos e indígenas.

Si prestamos atención a los procesos actuales de las naciones que han llamado a la participación del pueblo para darse sus Asambleas Constituyentes, no es difícil percibir como tales convocatorias expresan aquella antigua necesidad de independencia frente al sometimiento de las potencias mundiales que, asociadas con los intereses de las oligarquías nacionales, impiden el desarrollo soberano de sus fuerzas nacionales.

Casi como afirmando la experiencia de aquellos Cabildos Abiertos del siglo XIX, se viene desarrollando un proceso de discusión, consulta y participación en todos los ámbitos del acontecer nacional en estos países. Ciudadanos independientes, dirigentes obreros, empresariales, estudiantes, indígenas, campesinos defienden la idea de aprobar por mayoría popular sus nuevas Constituciones Nacionales sometida a la aprobación de la consulta popular.

Llamémosle “Revolución Bolivariana”, llamémosle el “Socialismo del siglo XXI”, llamémosle “liberación nacional”, de la misma manera que los sucesos de 1810 es innegable la existencia de un nuevo rumbo de la sociedad latinoamericana a nuevas formas de participación popular y nacional, donde las asambleas constituyentes son su forma de expresión más acabada.

Correctivamente, así como no existió durante aquella época un sólo “Mayo”, sino más bien, diversos “Mayos” que muy pronto entrarían en colisión, en nuestros días acontecen desiguales proyectos hegemónicos en el seno de estos procesos constitucionales.

Si al “Mayo” revolucionario de Moreno se le enfrentaba el “Mayo” conservador y el “Mayo” librecambista, antiespañol y probritánico, exaltado por Rivadavia y Mitre y que expresaba fielmente los intereses de la burguesía comercial portuaria, no está de más advertir como actualmente el “Mayo” popular de Bolivia, Ecuador, Nicaragua o Venezuela se confronta con el “Mayo” de la oligarquía y la burguesía comercial que procuran restaurar el orden neoliberal bajo condiciones de dependencia.

Tanto en la revolución de 1810 como en los acontecimientos del siglo XXI en América Latina, se observa el desarrollo, al lado del proceso político de cambio nacional y revolucionario, de un proceso político oligárquico, antinacional y conservador que aspira no renunciar a sus privilegios históricos.

Así como los sucesos independentistas de los grandes libertadores de la patria, asistimos en nuestros días a la aplicación de los principios revolucionarios del liberalismo continental: independencia política, proteccionismo, unidad nacional y latinoamericana, educación popular, entre otras, que están siendo planteados en Asambleas Constituyentes y consultas populares. Claro que no dejan de estar presente los fantasmas de Rivadavia, Mitre, Alvear o el cónsul ingles Canning que intentan resistir hasta por las armas las mandatos populares y pretender rechazar los intentos de cambio en esos países por medio de la desestabilización o las complicidades políticas de antiguo cuño.

Lo cierto es que, más allá de las posiciones ideológicas que nos pueden llevar o no a coincidir con los procesos políticos y jurídicos de aquellos países, es innegable el desarrollo de una mayor justicia social que se está promoviendo en base a las demandas de las mayorías nacionales.