He leído la entrevista a Ernesto Suárez que se publicó el 24 de noviembre pasado en el periódico MDZ online. En primera instancia, resalta cierta incongruencia entre el título (“No me gustan los festivales, los premios ni los críticos”) y el amplio contenido de la nota.
Precisamente, esa declaración (supongo que literal) de Suárez no constituye el eje del diálogo sostenido con la inteligente Mariana Álvarez. Aunque el actor está en absoluta libertad respecto de sus gustos, la frase destacada para encabezar el texto tuvo derivaciones no muy felices.
El Círculo de Críticos de las Artes Escénicas de la República Argentina (CRITEA) emitió una severa reprimenda en contra de las declaraciones de Ernesto Suárez, en la que también se advierte una incongruencia: toda la artillería se centra en la frase del título y se ignora la respetable carrera del conocido director mendocino, en cuyos méritos no es necesario que todos coincidan.
Por supuesto, reconozco el derecho de CRITEA de defender sus intereses si sus miembros se sienten ofendidos; sin embargo, me parece que sus argumentos ad hominem no se desenvuelven en el nivel del respeto que merece cualquier artista.
De la refutación se pasa a la descalificación personal de Ernesto Suárez. Se lo ubica como “mimado por todo el periodismo”, se lo retrata prácticamente mendigando entrevistas de manera permanente, se dice que es poco respetable haber recibido premios y cuestionar la validez de éstos, entre otras afirmaciones. Los abogados saben que los argumentos ad hominem no son válidos en un juicio.
Alguien puede ser un mal padre, por ejemplo, pero eso no prueba que haya cometido un delito. Sin embargo, en algo tienen razón los autores del comunicado: los críticos no son agentes de prensa de los teatristas. Pero, en tanto se desenvuelvan como “analistas y cuestionadores” no es legítimo que apunten al cuestionamiento de personas.
En fin, quizá hubiera sido más prudente que CRITEA en su polémica con Ernesto Suárez diera razones que apuntaran al fondo del contenido de la entrevista, que se centra en el sentido del arte en la sociedad argentina.
La época de los linchamientos físicos debe quedar en el negro pasado de la dictadura. Y los linchamientos morales a veces preparan las ejecuciones de los intolerantes encaramados en el poder. No creo que este último sea el caso, dadas las condiciones de libertad por las que atraviesa el país.
Por otra parte, me asombra que los críticos (de arte) olviden que el arte es un juego de muy serias consecuencias. En contraste, la frase irritante, sacada de su contexto, se convierte en una declaración ante autoridad judicial.
Quienes conocemos a Ernesto y apreciamos su extensa carrera, comprometida y honesta, no podemos permanecer pasivos ante un comunicado lapidatorio que la desvanece de un “teclazo” (que yo sepa, ya nadie escribe con plumas).
En suma, señores de CRITEA, recuperen la sonrisa y hagan de cuenta que han participado de una obra de Suárez en la que les tocó el papel de Torquemada. Y para remarcar que la realidad copia a la ficción, quizá Ernesto ahora declare “Me encantan los festivales, los premios y los críticos”. Y ustedes ya sin máscara teatral dijeran “Ernesto sos un tipazo”. Así de complejas son las cosas del arte. Y como decía el Chango Torres: “non calentarum, largum vivirum”.
Un lector, en defensa de Ernesto Suárez
"El Círculo de Críticos de las Artes Escénicas de la República Argentina emitió una severa reprimenda en contra de las declaraciones de Ernesto Suárez, en la que también se advierte una incongruencia: toda la artillería se centra en la frase del título (“No me gustan los festivales, los premios ni los críticos”) y se ignora la respetable carrera del conocido director mendocino, en cuyos méritos no es necesario que todos coincidan".