Una de las citas más famosas del mundo empresarial es la que propone, anualmente, el Instituto para el Desarrollo Empresarial de la Argentina y que finalizó anoche en la ciudad de Mar del Plata. El Coloquio Anual de Idea, desde 1965, ha aparecido como un ámbito de reflexión y análisis de los procesos transformadores del país y el mundo.
Naturalmente, un ámbito de análisis como el de Idea presupone un alto margen de propuestas para avizorar los desafíos empresariales, sociales y políticos del momento. En este ámbito, no cabe duda de que Idea es tierra fértil para el cultivo de decisiones propicias para la Argentina.
Ahora bien, ¿cumple finalmente su objetivo este encuentro anual? ¿Genera, como tiende a suponerse, un abanico de medidas en lo público y lo privado que sean movilizadoras de cambios positivos?
A priori, da la impresión de que Idea es una excelente propuesta desde lo conceptual. Este año, por caso, hubo exposiciones de lujo y sólo nombraremos las de Fernando Henrique Cardozo o Guy Sorman. A la par, durante todo el año, los constantes cursos y capacitaciones que el Instituto ofrece son de los mejores que se brindan en el país.
Sin embargo, por otro lado, en cada cita anual, aparecen los constantes contrasentidos de la reunión: se habla mucho y luego se hace poco o se está más pendientes de cuestiones coyunturales que de los temas de fondo propuestos. Este año, se ha señalado, los organizadores hicieron lo imposible para que Cristina Fernández y su marido el presidente de la Nación, Néstor Kirchner, estuviera presentes, en el orden planteado. A tal punto se llegó que todos los rezos conducían a que, al menos, Cristina viajara a Mar del Plata para asistir a la cena de cierre. ¿Qué estaba haciendo Cristina anoche, mientras los empresarios cerraban el Coloquio de Idea? La presidenta electa asistía a la confirmación religiosa de su hija Florencia, en una parroquia de San Isidro.
Tal vez, esta situación sirva para resumir un poco los desvelos reales sobre los que Idea se devanea.
Idea, en última instancia, termina siendo un éxito si Cristina (o el político influyente del momento) cena o no cena con los empresarios y deja salir un par de conceptos generales, sin riesgo, mientras muchos de los empresarios más importantes de la Argentina comen el postre. No obstante, debieron conformarse con la presencia de la mendocina Beatriz Nofal.
Para la anécdota, no mucho más, quedarán las críticas a la política energética, la preocupación por la escala de índices, el deterioro institucional, la falta de diálogo racional y responsable o cuestiones por el estilo, críticas que siempre se diluyen cuando, efectivamente, son subidas a la mesa verdadera del poder y nada logra transformarse.
¿Por qué no hablar, por ejemplo, de nociva la ausencia de ajuste por inflación o de las retenciones al sector agropecuario (justificadas por la diferencia cambiaria y el valor de los commodities en moneda dura, pero que terminan siendo recaudaciones diluidas por clientelismos y jamás transformadas en beneficios sociales)? ¿Por qué no hablar de la estrategia del gobierno para con los empresarios de “pegar primero y negociar después”? Porque en Idea la intención es que las papas no quemen, sino que estén a punto. Idea es, ante todo, un coloquio políticamente correcto.
Así es como termina ocurriendo que los pequeños y medianos empresarios del país terminan no identificándose con los grandes que asumen compromisos representativos o, en el caso puntual de Idea, tomando cauces inconducentes, anodinos y habiendo disensos entre la cúpula directiva y los asistentes. En tanto empresarios y gobierno sigan desnudando intereses, egoísmos y temores, nada podrá hacerse en cuanto a proceso de cambio real en el país, en cuanto a ellos les compete. Y seguirá habiendo rupturas que no se superarán con los años y los coloquios. El perjuicio, finalmente, se traslada a la gente.
Por ello, no es exagerado afirmar que el Coloquio Anual de Idea es una invitación propicia para las ideas, pero no para las acciones.
Contrasentidos en el Coloquio Anual de Idea
Anoche finalizó uno de los encuentros empresariales más importantes del país. La cita en Mar del Plata, una vez más, desnudó contradicciones que ya toman el perfil de difícilmente superables.