Banco de Mendoza: aprender de los errores cometidos

La creación de una nueva entidad crediticia parece ser un hecho. Deberemos ocuparnos, entonces, de procurar que sea eficiente, con management moderno y que posea un claro sentido social en sus decisiones.

Más del 65% de los lectores de MDZ que participaron de una de nuestras encuestas ha considerado no estar de acuerdo con la creación de un nuevo Banco de la Provincia Mendoza. La cifra amerita una reflexión. La pesada herencia de cerca de U$S 1.000 millones que nos dejó la quiebra del banco estatal y el posterior fracaso de los privados, son argumentos más que razonables para dar base a esta negativa de la población. Sin embargo podemos también ver este complejo tema desde distintas ópticas.

La provincia administra un complejo sistema de cobro de impuestos y pago de salarios que representan un gran valor comercial para cualquier banco. Esta enorme cartera de clientes tiene un valor económico importante, que es de todos lo mendocinos. La provincia no tiene por qué tener un banco propio para aprovecharlo. Podría, por ejemplo, negociar excelentes condiciones con un banco privado que no sólo se lo retribuya, sino que preste excelentes servicios de banca minorista a los empleados públicos, incluyendo  acceso a créditos personales a tasas preferenciales, tarjetas, cuentas bancarias a bajo costo y ventajas por el estilo.

En el mundo moderno sin financiamiento no hay crecimiento. En Argentina, y en Mendoza en particular, las empresas sufren una enorme pérdida de valor y enfrentan dificultades para su crecimiento por la falta de crédito. Las empresas locales sufren una fuerte asimetría en relación con las de otros países, ya sea para hacer inversiones a largo plazo, como para actuar con eficiencia en las complejas y competitivas operaciones de comercio exterior.

Por supuesto que las Pymes y los emprendedores jóvenes son los más afectados por esta situación, aunque no son los únicos. Las empresas que nosotros vemos como medianas y grandes, en comparación con las internacionales, muchas veces son pequeños emprendimientos frentes a sus competidores. Y por esto también sufren las consecuencias.

La mayoría de los países desarrollados y en desarrollo, Brasil es un ejemplo cercano, tienen políticas de financiamiento especificas por medio de agencias, bancos públicos o mixtos, para asistir a las empresas que necesitan crecer en un mundo extremadamente competitivo. Las necesitan ya sea para comprar otras empresas y ser competitivas a nivel mundial, como para fabricar y exportar productos o construir obras de infraestructura. Brasil lo está haciendo.

Las consecuencias de las políticas activas de otros países impactan en Argentina. Así, observamos la captura de empresas importantísimas como Acindar, Alpargatas, Pérez Companc o Swift, en manos de empresas brasileñas o, toda una novedad, de India.  Los empleos de mayor calidad, y los flujos de ganancia no quedan en la región, sino que van a alimentar otras regiones en desarrollo. Habitualmente, los gerentes de estas empresas en Argentina, provienen del extranjero. Además, muchas  veces la red de pymes que operaban como proveedoras de bienes o servicios de las grandes empresas argentinas son reemplazadas por proveedores de los otros países.

Hace sólo 20 años, en Mendoza, había decenas de grandes empresas de alimentos y maquinarias, muchas podrían ser hoy líderes en el mercado latinoamericano y mundial. En aquellos años, las empresas indias que hoy se expanden por el mundo casi no existían y las brasileñas tampoco. No obstante, hicieron lo debido y dieron el salto de calidad necesario. Hoy da tristeza ver cómo pueden contarse con los dedos de la mano a las empresas mendocinas que han podido mantener su posición en el mercado y son muchas menos todavía las que han conseguido un rol destacado en la economía mundial. E incluso, cuando gente de Mendoza busca generar negocios a través de franquicias internacionales, como en el caso de la apertura del Sheraton, la iniciativa queda atrapada en medio de un debate mal planteado, quizás intencionalmente. Por ello, se torna imprescindible generar condiciones de igualdad para las empresas mendocinas y las extranjeras que, saludablemente, llegan a Mendoza para hacer sus negocios.

Cierto es que hay mucho por hacer para recuperar el terreno perdido y los sueños de grandeza compartidos, las visiones de largo plazo, el trabajo conjunto entre empresas y Estado, el profesionalismo, la eficacia y la eficiencia en la gestión pública y privada.

Por eso, mas allá de nuestros razonables miedos y escepticismos, quizá debamos pensar con mayor profundidad el tema del nuevo banco estatal, una decisión que influye directamente en nuestras posibilidades concretas de crecer como provincia y en las de cada uno de nosotros, para crecer en nuestros empleos, salarios y condiciones de vida.

¿Qué hacer? Las opciones son varias y deberían ser debatidas. ¿Un Fondo de inversiones que organice esquemas financieros de largo plazo? ¿Un banco mayorista o de inversión que movilice recursos hacia el crecimiento? ¿Un Fondo para la Transformación y el Crecimiento mejor administrado y que llegue a todas las empresas y no a unas pocas? ¿Un banco minorista tradicional como el que efectivamente propone el gobierno? ¿O acaso los riesgos y la falta de confianza en nosotros mismos son tan grandes, que preferimos quedarnos como estamos, a fin de no tener que volver a pagar todos una deuda que contrajeron unos pocos?

En cualquier caso, además, vale preguntarse, en caso de que el banco nazca, cómo se hará para evitar la corrupción y cómo se contará con una gestión profesional que se corresponda con los niveles internacionales. Qué bueno que sería ver a nuestros dirigentes debatir con seriedad las ventajas y desventajas, los riesgos y las posibilidades que tendríamos con mecanismos de financiamiento modernos e inteligentes que hagan crecer a nuestras empresas.

El debate de la creación del Banco de la Provincia de Mendoza lamentablemente no se dio como esperábamos y la encuesta de nuestros lectores es apenas una prueba más de la controversia que la medida genera, impulsada por dirigentes que dentro de un par de meses ni siquiera estarán abocados a plasmar la intención. Ahora bien, si el banco es ya un hecho, es de esperar que lo abran con un management moderno y estricto control.

Deberemos estar muy atentos, dentro de nuestras posibilidades, para que no se vuelva a organizar una fiesta para unos pocos, que terminaremos pagando muchos. Ya que el banco ha sido propuesto, las malas experiencias del pasado no deberán inmovilizarnos, sino advertirnos para que no se vuelvan a cometer los mismos errores.