Solemos comportarnos de manera diferente de acuerdo a como se produzcan los cambios. Si el cambio es buscado nos comportaremos de una cierta forma. Si el cambio es impuesto lo hacemos de otra.
Cuando voluntariamente buscamos el cambio, de alguna forma hemos logrado movernos de nuestra zona de confort, aquel espacio donde tan cómodos nos sentimos y que tanta seguridad nos da. Tenemos un motivo que nos impulsa y nos comprometemos con el mismo.
Cuando el cambio viene impuesto desde afuera, probablemente sintamos que alguien nos tironea o quiere empujarnos fuera de esta zona de confort y es lógico que en un comienzo defendamos nuestro territorio y nos mostremos resistentes.
Adaptarse a los cambios implica poner en práctica múltiples habilidades, como pueden ser la flexibilidad, la creatividad, la confianza y la automotivación, entre otras y, no todas las personas logran esta adaptación de la misma forma ni lo hacen en el mismo tiempo.
Asimismo, cuando transitamos por un proceso de cambio resulta usual sentirnos visitados por algunas emociones comunes.
Conocer cómo solemos comportarnos cuando el cambio no es buscado y nos es propuesto por otro es un primer gran paso para trabajar sobre la adaptación a los mismos.
Para esta toma de conciencia tomamos el modelo de la curva de cambio, el cual consta de cuatro etapas: negación, resistencia, exploración y compromiso.
El modelo expone con claridad cuáles son las diferentes emociones a través de las cuales pasamos en nuestro proceso de adaptación al cambio. Las etapas del modelo pueden sucederse en orden y en algunos casos se puede volver sobre alguna de ellas.
La negación
Resulta que te encontrás en un día típico de trabajo, con una agenda programada y operando en una suerte de piloto automático. De repente entra tu jefe y te habla de una iniciativa de cambio que no se encuentra dentro de un escenario esperado, es repentina y juzgada como amenazadora.
Una primera respuesta lógica sería una suerte de parálisis y negación de la situación. Aún no estás preparado para elaborar la información relacionada con el cambio. Te quedás shockeado. Lo que le sigue a esa situación es la negación del cambio, como si al negarlo fuera a desaparecer.
Los comportamientos más comunes en esta etapa son: actuar como si nada estuviese pasando, mantener una actitud pasiva con respecto al tema, evitar hablar del cambio, concentrarse de lleno en el trabajo, evitar la curiosidad por otros temas ajenos a la función y culpar a los otros por las dificultades, entre otros.
La resistencia
Luego de este shock inicial suele aparecer la resistencia, en donde finalmente aflora tu disgusto e inconformidad con respecto al cambio. Se suele sentir una pérdida de poder, de estatus y de territorio.
En esta fase empezás realmente a procesar y a elaborar toda la información que el cambio trae consigo.
Entre los comportamientos más comunes se encuentran: el enojo con la situación, el considerar que lo que pasa es injusto, la incertidumbre con respecto al futuro, el cuestionamiento sobre las decisiones tomadas, el pensar que el cambio es imposible o que no va a funcionar, el hacer críticas destructivas, el resaltar fracasos del pasado, etc.
La exploración
Cuando se reconoce la importancia del cambio entramos en la etapa de la exploración. Aparece la curiosidad y comenzamos a sentirnos preparados para salir de nuestra zona de confort, disponiéndonos al aprendizaje de nuevas habilidades.
El cambio se deja de vivir como una amenaza y comienza a verse como una oportunidad.
Se buscan nuevas formas de actuar, aparece el deseo de resolver problemas, se generan ideas, se toman riesgos, se comparten criterios de trabajo, se persuade sobre el cambio a otras personas, el cambio se considera alcanzable, etc.
El compromiso
A través de la aceptación del cambio, la adopción de nuevas actitudes y el pasar por un proceso de aprendizaje, se amplían los límites de la zona de confort y se vuelve a una situación de perfecto equilibrio.
La situación inicial que produjo un estado de shock ahora resulta comprensible.
Una sensación de confianza suele visitarnos, se siente conciencia sobre el proceso, se celebran los logros, uno se siente parte de los resultados y, como broche, nos sentimos preparados y motivados para comenzar otros procesos de cambio.
La curva del cambio guía a las personas, grupos y organizaciones a entender, aceptar y administrar el proceso de cambio. Solo cuando somos conscientes de cómo y porqué hacemos lo que hacemos podemos cambiarlo.
Seguramente en algún momento de tu vida te han propuesto cambios que en un comienzo no estabas dispuesto a realizar. Pensá en ellos y en cómo fue tu curva del cambio.