Dicen los que saben que tomar una siesta de tan solo 20 – 30 minutos después de almuerzo ayuda a recuperar energías, mejora el estado de ánimo, facilita el aprendizaje e incrementa la productividad, entre otros beneficios.
La clave está en dormir como máximo media hora. Si la siesta se extiende, se corre el riesgo de entrar en un sueño profundo y al despertar podés sentirte cansado o aturdido.
Desde hace algunos años, empresas de diferentes países facilitan a sus colaboradores dormir una siesta corta después de almuerzo, cuando el nivel de energía corporal decae.
Es una práctica relativamente nueva y las empresas lo hacen para mejorar la calidad de vida de sus colaboradores, buscando revertir el déficit de sueño que suelen padecer, ya que en los últimos años las horas de sueño han disminuido y la jornada laboral se ha extendido.
En China, Japón y EEUU las empresas acondicionan salones exclusivos para que los trabajadores puedan descansar y, si la empresa no cuenta con esos espacios, los trabajadores pueden dormir en “siestarios”, lugares que ofrecen habitáculos y programas para conciliar el sueño.
En Argentina y en toda la región de América Latina, la práctica aún no es tan común, pero viene sumando adhesiones.
En Mendoza, la siesta suele ser muy común entre quienes cortan con sus obligaciones laborales al mediodía y las retoman por la tarde. No lo es para personas que trabajan en horarios continuos.
Quizás en estas últimas podría plantearse la posibilidad de facilitar algunos minutos de siesta. ¿Cómo lo ven?