La zona de confort abarca todas aquellas situaciones en donde nuestra mente se siente protegida, cómoda y segura. Condiciona nuestras acciones y nos invita a no asumir riesgos por el temor y la ansiedad que genera lo desconocido. Por esto, suele haber una ausencia de iniciativa y el lógico acomodo hacia un estilo de vida que juzgamos como conocido y seguro.
En este lugar sentimos plena seguridad y confianza y, los retos que se pueden llegar a presentar, son inferiores a nuestro conocimiento y experiencia, por lo que se resuelven con tranquilidad.
Si todo ocurre sin sobresaltos en la zona de confort, ¿por qué elegiríamos salir de ella?
No hay nada de malo en elegir quedarse en este lugar en donde tan cómodos nos sentimos, pero esta estabilidad que hoy elegimos, con el tiempo puede convertirse en una jaula que limita nuestro potencial.
Perseguir lo que nos hace feliz y salir en busca de oportunidades inevitablemente nos invita a abandonar la zona de confort. Las oportunidades no llegan solas y si siempre hacemos las mismas acciones corremos el riesgo de… obtener siempre los mismos resultados. Por lo tanto:
Si buscas resultados extraordinarios intenta con acciones diferentes.
En este punto radica la concepción que Einstein tenía sobre la locura. Locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener resultados diferentes.
Te invito a que hablemos de expandir la zona de confort más que abandonarla y hacerlo, implica llevar a cabo acciones que no estás acostumbrado a realizar y que tienes que aprender.
La zona de confort es diferente para cada persona de acuerdo a lo que conciba como seguro, cómodo y placentero. Puede disminuir o aumentar su tamaño de acuerdo a las acciones que hagamos o dejemos de hacer.
Ampliamos su límite actuando a pesar del miedo que nos genera lo desconocido e incorporando nuevos conocimientos y nuevas formas de actuar. Este aprendizaje permite que poco a poco vayamos dominando nuevas áreas de conocimiento y por lo tanto ampliando los límites del lugar en donde nos movemos con seguridad y confianza.
Cientos de hechos vividos han permitido comenzar la expansión de nuestra zona de confort: la primera vez que nos subimos a una bicicleta, el primer día de escuela, cada vez que nos enamoramos, cada proyecto nuevo que iniciamos, las mudanzas, los viajes, etc.
Sin dudas, aumentar la zona de confort requiere práctica, coraje y tenacidad. Mi invitación es que te animes a expandirla en virtud de conseguir lo que anhelas.