¿Alguna vez te arrepentiste de ser enólogo?
Nunca, sería como quejarme porque estoy con la mujer más linda. Uno trabaja para dar felicidad a la gente con una bebida, algo así como un comediante sensorial. Aunque como en todo ámbito de la vida hay altibajos y momentos más alegres que otros, el balance siempre es excesivamente positivo.
¿Qué vino que no hayas hecho vos te gustaría haber hecho?
Black Cluster Shiraz de Hunter Valley, Australia, cada añada que lo pruebo me sorprende.
¿A quién asesinarías por hacer un vino perfecto?
A nadie, no porque sea un pacifista, sino porque creo que el vino perfecto no existe. Puede existir un vino que sea perfecto para el momento o la compañía con quién lo estás compartiendo pero perfecto como algo absoluto, me suena a imposición de gustos.
¿Alguna vez probaste un vino y dijiste: “Esto es lo que quería hacer yo”?
¡Muchas veces! Disfruto y aprendo mucho más de vinos hechos por otros que por mí. A mis vinos los conozco bien, no tienen muchos secretos para contarme, con los vinos desconocidos todo es nuevo y excitante.
¿Qué te sugieren las palabras “soda y hielo”?
Compañeros ideales de los tintos y blancos de todos los días en los calurosos veranos de nuestro país.
¿Y la palabra “cerveza”?
Otra buena opción refrescante, aunque prefiero el Torrontés con soda.
¿Qué tipos de vinos no te gustan?
Me gustan todos, de todos se aprende algo. Incluso se aprende que NO hacer con los propios.
Definí en una palabra el estilo de tus vinos...
Francos.
¿Qué le envidiás a los vinos de otros países?
Cada país tiene sus diferentes zonas y diversidad de terruños. Argentina es un inmenso país con grandísima diversidad de climas, suelos y culturas. No envidio nada a otros países, disfruto de sus vinos tanto como de los nuestros.
¿Con cuál de tus vinos conquistarías a una novia o re-conquistarías a tu esposa?
Con un Cabernet Sauvignon bien cafayateño, recién sacado de la barrica.