Reseña: Contarlo todo, de Jeremías Gamboa

El boom literario de una nueva voz latinoamericana que llega para quedarse.

Texto:

“Contarlo todo” es la historia de alguien que tiene un deseo y que se convierte a sí mismo en el principal obstáculo para cumplirlo, pero se supera y lo cumple, sudor y lágrimas mediante. “Contarlo todo” es (literalmente) el deseo cumplido de Gabriel Lisboa, alter ego de Jeremías Gamboa, que se pasa diez años queriendo ser escritor y sin poder escribir una sóla línea que le guste. Lisboa (o Gamboa) se encuentra con su propia historia como lo único que tiene para contar y entonces la cuenta. El resultado es una autobiografía en clave (uno podría encontrar en Google las fotos, nombres y apellidos de aquellas personas de la vida real a quienes el autor construye como personajes), una novela de iniciación y aprendizaje que nos da a conocer a una de las nuevas voces latinoamericanas.


El relato es sincero, simple y al mismo tiempo ambicioso. Cuenta la vida en primera persona de Gabriel Lisboa, un chico peruano que acaba de terminar el colegio secundario. Adoptado y mantenido por sus tíos (un ama de casa y un camarero) logra entrar a la carrera de comunicación en una de las universidades más caras y prestigiosas de Lima, un ámbito socio económico en el que siente que no encaja: “Los reconocí a todos allí,  llevaban sus sandalias y sus shorts, lentes oscuros sobre las narices con crema, polos precisos sobre las pieles bronceadas por el sol de verano, y recuerdo que los miré con rencor: sin duda seguían ocupando ese lugar que yo había percibido —y sin duda aún percibía— superior al mío”.

Al mismo tiempo, Lisboa consigue un puesto como pasante en una revista semanal limeña, donde empieza a desarrollarse como periodista y a sumergirse en un mundo que le da tanta satisfacción como frustración. El relato de sus años de estudiante es en tono agridulce: el esfuerzo, la angustia, la desorientación, la dificultad para el amor y las relaciones sociales, el nacimiento de la inquietud literaria, el reconocimiento laboral, la aparición de referentes, la necesidad de independencia, las expectativas y los fracasos. Lisboa va transitando su vida como un narrador consciente de su propio crecimiento, no deja nada para después. A la universidad le siguen años de trabajo y lucha interna respecto a su ser-escritor, los primeros amores junto a la pérdida tardía de la virginidad, y las grandes amistades que hacen que Lisboa finalmente deje de sentirse solo en el mundo. Porque “Contarlo todo” también es eso, una oda a la amistad.

El autor logra hacer un retrato cautivador del universo literario tanto como del periodístico de los años ‘90, de la vida juvenil de quienes se salían de la norma en una Lima conservadora y clasista donde había poco lugar para el arte, de los bares, antros y oficinas donde se sucedían una serie de personajes extraordinarios que van apareciendo y desapareciendo de la vida de Lisboa, o de la suya propia.


Jeremías Gamboa hace una entrada triunfal al mundo de la literatura de la mano de Mario Vargas Llosa y su agente literaria, Carmen Barcells, quienes, aún antes de publicada, generaron una enorme expectativa sobre esta novela. El autor no defrauda. “Contarlo todo” trae una de esas voces que todos queremos ver surgir y quedarse. El estilo de Gamboa remite directamente al mejor Vargas Llosa (controversia aparte), el de “Conversaciones en la catedral” y “La tía Julia y el escribidor”, al Roberto Bolaño de “Los Detectives Salvajes”, (este Gabriel Lisboa con apellido de ciudad es, sin dudas, de la tradición de aquel Ulises Lima), y al Hanif Kureishi de “El buda de los suburbios”.

“Contarlo tod”o se lee fácil y con voracidad. A pesar de tener 500 páginas de extensión, a medida que avanza el relato también avanza el cariño por la historia y crecen las ganas de que dure un rato más. Al terminar el libro, uno tiene la sensación de conocer a Gamboa como si siempre hubiera estado ahí, producto de no saber muy bien cuál es la ficción y cuál la realidad, él es cada personaje y es cada uno de nosotros. A priori parecería imposible contarlo todo, pero Gamboa se nos vuelve transparente en su narrativa y quizás lo logra.

Contarlo todo (Mondadori, 2013)