Mariano Pensotti habla de Cineastas

Mariano Pensotti sorprende con Cineastas, una puesta caleidoscópica en la que historias y personajes se multiplican espejados frente a los planos de la realidad y la ficción.

El teatro porteño sobrevive, y alcanza parte de su prestigio, gracias a una proliferación de salas de tamaño pequeño que reciben una cantidad de propuestas que, en un mercado más concentrado, no accederían jamás a la posibilidad de estrenar. Pero esto implica también que dado que esos teatros no tienen espacio para almacenamiento de escenografía, las obras deben exigir el menor esfuerzo para su armado, reduciendo la escenografía, el vestuario y la puesta de luces al mínimo. Porque mientras un espectáculo termina, ya hay cola de espectadores esperando para entrar, media hora después, a ver la obra siguiente.

Esta situación produce mucho dinamismo, es cierto. Pero también habla de condiciones de producción muy extremas y de una teatralidad reducida a su mínima expresión. Dentro de ese mapa, Mariano Pensotti descolla. Él combina un teatro de altos costos y demandas técnicas con un sistema productivo independiente, que lo deja fuera de los organismos oficiales y más próximo a un sistema de inversión privado pero sin productores. Una rara experiencia para la que ha encontrado sus vericuetos a través de alianzas con festivales internacionales y de ventas anticipadas de participaciones en distintas ciudades del mundo como único soporte para producir.

Teatro dispositivo: en el teatro de Pensotti no se puede hablar de escenografía. Cuando se piensa en lo espacial y en lo escenográfico hay que recurrir a la noción de “instalación” para referirse al lugar físico en el que el espectáculo transcurre. “Mi sociedad con Mariana Tirantte es fundamental”, cuenta Pensotti. “No concibo un espectáculo sino a partir de un dispositivo que funciona efectivamente como una instalación. Es algo que se vuelve protagonista y que si lo quitás de escena, todo se cae. Vos no podés pensar El pasado es un animal grotesco sin esa calesita. Y no es que la calesita sea una gran idea. Es simplemente un motor que gira de manera permanentemente a diferencia de cómo se usa ese mismo motor para cambiar la escenografía de una escena a otra en una propuesta más convencional. Acá el motor que producía ese rotar permanente era protagónico y la gente hablaba de él. Pero no como mero decorado tecnológico y superficial, sino que encarnaba una noción del tiempo. Y el tiempo era el centro del espectáculo en tanto los personajes recordaban un pasado más o menos reciente y todo hablaba de la memoria, de la memoria de los de mi generación.”

¿Qué está primero en tu teatro, el dispositivo o el texto?
Mariano Pensotti: Están en simultáneo. Por lo general tengo una idea y la converso con mi grupo creativo. A partir de ahí, Tirantte comienza a pensar en cómo poner en el espacio eso que estoy pensando. Por ejemplo en El pasado… yo sabía que quería contar muchísimas historias y que esas historias iban a demandar un sinnúmero de espacios ficcionales. La calesita dividía en cuatro el espacio y permitía modificarlo según la necesidad cada vez que el cuarto trasero quedaba fuera de la vista del espectador, dándonos unos cuantos segundo como para cambiar el mobiliario. Yo no podría haber escrito nada de lo que escribí si no hubiese contado con una resolución técnica al alcance de la mano. Porque el escritor puede fantasear con lo que tenga ganas. El problema es que eso luego debe cambiar de sustancia y convertirse en algo mecánicamente real, existente en un sentido concreto y material del término.

¿Podrían sobrevivir tus obras sin los festivales extranjeros?
Para nosotros cada obra es una gran inversión. Siempre la producimos nosotros, con nuestro propio dinero. Vamos armando un pozo común con cada obra que permite producir la obra siguiente en vez de repartirnos todo lo que genera. Sabemos que nuestra fábrica es el teatro y por lo tanto debemos invertir en él para poder seguir haciéndolo. Hace años que no pido subsidios, por un lado porque no resolverían el problema pero también porque por lo general dependo de una sala oficial para poder estrenar; la presencia de ese dispositivo tiene dos dificultades con relación al teatro porteño. Los teatros independientes son pequeños y no me permitirían instalar allí tanta maquinaria, pero además porque no puedo armar y desarmar el dispositivo, por lo que requeriría ir a una sala y que sea exclusivamente para mí. Y acá se estila a que cada semana en cada teatro haya al menos seis espectáculos distintos. Esto a mí no me sirve y probablemente tampoco le serviría a la sala.

¿Cómo es producir acá sabiendo que la obra tendrá más vida afuera, que incluso puede ser vista primero afuera antes que en Buenos Aires?
Esta es la primera vez que hice algo que se estrenó primero afuera y que luego vino acá. Y fue muy raro porque por lo general salgo después de haberlo probado en mi lugar. Pero no me altera en nada el saber que me voy a encontrar con un público que no necesariamente conoce mi país y que va a ver la obra en un idioma que no habla. Además, si no existiesen esos festivales que creen en nuestro trabajo y que apuestan por él no podríamos hacerlo.


El cine tiene que ver con tu formación artística y a su vez es un tema recurrente en tus espectáculos. Siempre hay cineastas entre tus personajes…
Sí, es un universo en el que me formé y que conozco mucho más allá de no pertenecer a él como un director de cine argentino. Pero no sé si me gustaría que solo se vea el cine como tema protagonista. Es lógico porque en esta obra los personajes son cineastas y el cine es la excusa, pero es solamente eso: una excusa para hablar de otra cosa. Vos podés decir que El pasado… es sobre artistas, algunos de los cuales hacen cine, pero en realidad yo estoy obsesionado con el sistema narrativo novelístico del siglo XIX y eso es lo que me interesaba trabajar. Lo mismo con relación a mi propia memoria generacional. Hablo de sujetos que tienen mi edad y que han vivido lo que yo he vivido, en términos sociales y políticos. Desde lo artístico quiero pensar la posibilidad de la ficción después del biodrama o del teatro postdramático.

¿Dirías entonces que esta no es una obra que trate particularmente sobre los cineastas o el cine? 
Intenté escaparme de ahí, correrme. Yo quería trabajar la idea del tiempo y de cómo el cine tiene la pretensión de apresar la experiencia, atrapar el tiempo, mientras que el teatro es el reino del experimento. Así, trabajé sobre lo efímero y lo duradero, qué cosas de lo que somos y hacemos perduran y qué cosas no. Y además reconocer que no solamente consumimos ficciones sino que también estamos hechos a partir de ellas. Hay como un juego doble en donde elijo poner cineastas pero podrían haber sido otro tipo de personajes, en donde la vida de ellos mismos va afectando y modificando las ficciones que hacen, pero en donde también las ficciones van a ir impactando y modificando sus propias vidas.

-

Cineastas
De Mariano Pensotti
Con Valeria Lois, Elisa Carricajo, Javier Lorenzo y Marcelo Subiotto, entre otros.
De jueves a sábados a las 21 y domingos a las 20 en el Teatro Sarmiento, Av. Sarmiento 2715 (CABA).